El vertido de hierro al Oceano por el Gobierno Alemán para fertilizar

El vertido de hierro permitido por el Gobierno alemán el 28 de enero del 2009, es un abierto desafío al Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas y a la moratoria internacional sobre la fertilización oceánica. La fertilización es una técnica en sí misma insostenible porque puede provocar modificaciones permanentes y, en gran medida, imprevisibles sobre los ecosistemas marinos.

• En 2008, tanto el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) como el convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional —tratado que regula el vertido de sustancias o desechos al mar— establecieron una moratoria global sobre las actividades de fertilización oceánica debido a los riesgos ecológicos para los océanos y el clima, invocado para justificar tal decisión, al “principio de precaución”, un difundido concepto que respalda la adopción de medidas protectoras cuando no existe certeza científica de las consecuencias para el medio ambiente de una acción determinada. (COP 9 Decisión IX/16. Bonn, 19 – 30 May 2008) (1).

• El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) http://www.ipcc.ch considera que la fertilización con hierro, como estrategia para mitigar el cambio climático, no es más que especulativa.

• Un grupo científico implicado en el programa SOLAS (Surface Ocean-Lower Atmosphere Study) http://www.uea.ac.uk/env/solas/welcome.html ha destacado en unas declaraciones pasadas que “la fertilización oceánica no dará resultados y será potencialmente nociva, y no debería ser utilizada como estrategia para compensar las emisiones de CO2”.

• Miras al aprovechamiento comercial de la técnica (“geoingeniería o ingeniería planetaria”) en el mercado de los créditos de carbono, la aplicación extendida de esta práctica de fertilización, permitiría secuestrar grandes cantidades de CO2 atmosférico, que serían “compradas” por países o empresas, en “compensación” por el exceso de CO2 que generan a través de sus propias actividades industriales.

• El mercado para los créditos del carbón requiere de la documentación científica de cuánto carbón es secuestrado en el agua y cuánto tiempo permanecería allí

• La forma en que se habría decidido concretar el experimento LOHAFEX tiene implicancias políticas internacionales serias

• El proyecto LOHAFEX, afecta la credibilidad de Alemania y su papel pionero en la protección de la diversidad biológica.

• La fertilización es una técnica en sí misma insostenible porque puede provocar modificaciones permanentes y, en gran medida, imprevisibles sobre los ecosistemas marinos.

El fitoplancton (0) no sólo representa la base de la alimentación de la vida marina, sino que también desempeña un papel clave en la fijación o absorción del dióxido de carbono (gas de efecto invernadero) presente en la atmósfera. Los océanos respiran mil millones de toneladas de dióxido de carbono en y hacia fuera cada año. Si el hierro induce la proliferación de las algas y éstas absorben más dióxido de carbono, la fertilización del agua sería una forma de lucha contra el calentamiento global. El problema es que un aumento antinatural afectaría todo el ecosistema de la región donde se arroje el polvo de hierro. Y eso podría crear un efecto dominó insostenible en la biodiversidad de las regiones aledañas.

Mapa del lugar donde se planea llevar a cabo el proyecto LOAHFEX (01.2009).

El experimento tendrá lugar cerca de las islas Georgias del Sur, en una posición a establecer con mayor precisión en función de estructura térmica presente en los océanos, materializada por vórtices denominados “eddies”, en cuyo núcleo se realizaría el experimento. El “eddy” seleccionado debe mantenerse relativamente estacionario y poseer adecuadas dimensiones.

Aproximadamente una quinta parte de los océanos del mundo se puede clasificar como regiones oceánicas con mucho nitrato y poca clorofila (HNLC). En estas áreas, la escasez de hierro parece limitar la producción primaria, pese a existir cantidades suficientes de nitratos, fosfatos y silicatos. En varios experimentos llevados a cabo en diferentes océanos del planeta entre 1993 y la actualidad se ha demostrado la capacidad del hierro añadido para estimular el crecimiento de algas. Estos descubrimientos experimentales han conducido al debate sobre la viabilidad de proyectos de geoingeniería a gran escala, en los que el incremento de la productividad primaria se utiliza para absorber dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y transportarlo a las profundidades oceánicas, mitigando así algunos de los efectos del cambio climático.

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