LA CURA EN LA COMIDA COMER SALUDABLE

Curarse alimentandose (ternera por pescado)

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CÓMO CURARSE CON LA ALIMENTACIÓN:

LA ARTROSIS
La artrosis es uno de los padecimientos más extendidos en la raza humana, especialmente en nuestras longevas sociedades. Aunque puede presentarse a cualquier edad, lo normal es que sea el padecimiento-estrella a partir de la madurez por el lógico desgaste de las superficies articulares. Y el mayor inconvenientemente es que se trata de un problema degenerativo que no tiene cura aunque, si se cuida bien, puede ser compatible con una buena calidad de vida.
Independientemente de los cuidados generales que requiere, como el ejercicio suave diario, la postura correcta -con la espalda erguida en las personas que hacen trabajos sedentarios-, el descanso -con las piernas en alto para facilitar el buen aporte de sangre a todas las articulaciones- y evitar cargar pesos, así como los movimientos bruscos, la artrosis puede mejorarse con una serie de normas alimentarias.
Es fundamental para ello beber no menos de dos litros diarios de líquido. Con eso se consigue una mejor hidratación general -cosa que en las personas mayores es fundamental-, disminuyen los tóxicos en el organismo y se lubrican mejor las articulaciones.
Conviene sustituir las carnes rojas por pescados azules, ricos en ácidos grasos poliinsaturados, especialmente el omega 3. La comida diaria debe llevar verduras en cantidad, especialmente las de conocidos efectos antiinflamatorios como el apio, la zanahoria, el brécol, el nabo -que en ensalada, crudo o rallado está muy rico), espinacas, piña y papaya.
Conviene reducir -o evitar, si es posible- el alcohol, los excitantes -como el té o el café-, la patata, el pimiento y la berenjena. Y, por supuesto, reducir el sobrepeso que es, posiblemente, el factor más importante de sobrecarga de las articulaciones.
Y, desde el punto de vista de alivio general, son útiles las infusiones analgésicas como la corteza de sauce, ulmaria y enebro y las clásicas friegas con alcohol de romero o árnica.


EL COCIDO CASTELLANO ANTIGUO: UNA EQUILIBRADA DELICIA
Plato de origen muy antiguo -anterior al aporte del pimiento y el tomate americanos-, ha sido siempre una de las comidas preferidas por los campesinos que necesitaban algo fuerte y sabroso al volver de la dura labor del campo.
En una olla grande -preferiblemente de hierro o barro- se pone medio pollo o gallina troceada, un buen trozo de cordero, un chorizo pequeño, una o dos sabrosas morcillas burgalesas de arroz o de cebolla, tres o cuatro manzanas partidas en cuartos, un par de nabos grandes, pelados, un mazo de verdura (berza, nabiza o repollo), un puñado de judías blancas y garbanzos, remojados desde el día anterior y sal.
El conjunto se deja hervir a fuego muy lento al menos 3 o 4 horas y, si se usa la olla a presión, no menos de tres cuartos de hora (veinte minutos en olla rápida); después se deja reposar para darle el último hervor antes de sacarlo a la mesa.
Lo ideal es hacerlo el día anterior para permitir que, tras el reposo de la noche, se mezclen adecuadamente los distintos sabores de los ingredientes.
Es un plato perfectamente equilibrado de grasas, hidratos de carbono y proteínas propio para el duro clima de la meseta -aunque, curiosamente, adecuado para los días templados de la primavera- en el que el fuerte sabor de los embutidos y la carne se ve suavizado por el aroma y el frescor de la manzana.
Como es lógico, este tipo de guisos tiene infinitas variantes en función de los ingredientes propios de cada estación y de cada lugar. Yo lo he probado con peras, ciruelas y hasta me he atrevido con una variante tropical con plátano y yuca que se parece mucho al sancocho dominicano o portorriqueño con el toque de las verduras castellanas y la reciedumbre de nuestros embutidos.
Realmente nuestros antepasados sabían comer, y, lo que es más importante, tenían un concepto utilitario de los recursos naturales a su alcance, cosa que, afortunadamente parece que se va recuperando.

Jorge Pérez Calvoas.

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