Vilcabamba, un valle sagrado y longevo en
ecuador
Por Silvana Larrea (dpa)
QUITO (dpa) – En Vilcabamba, población andina ecuatoriana de tres mil habitantes y de
1.700 metros de altura sobre el nivel del mar, sale el sol a las seis de la mañana y se
oculta a las siete de la noche. Su clima es templado, similar al de la primavera de otros
lugares del mundo.
Sin contaminación, con una vida apacible y pocos problemas, el día a día transcurre
ausente de estrés o de grandes conflictos en esta comunidad de agricultores.
Como en otras poblaciones de los Andes, las condiciones sanitarias no son las mejores y
la dieta diaria tiene deficiencias importantes de proteínas y minerales.
El nombre Vilcabamba proviene del quichua Huilcopamba, que significa “Planicie del
árbol sagrado”. Y al árbol sagrado en referencia es el huilco, conocido desde el tiempo
de los incas por sus propiedades medicinales.
El lugar conserva una arquitectura de la época republicana a base de adobe y maderas
y ha sufrido pocas modificaciones por las limitaciones económicas de los habitantes,
dedicados en su mayoría a la agricultura que produce maíz, fréjol y frutas, base
fundamental de su dieta.
Vilcabamba está a las faldas del cerro Mandango, que significa “Dios acostado”.
Hasta ahí lo agradable y pintoresco de un lugar como muchos. Pero en éste hay una
gran diferencia: la vida en Vilcabamba es larga, muy larga.
En esta población sus habitantes llegan sin problemas -entiéndase sin achaques
mayores como artritis, cáncer, presión arterial, pérdida de la dentadura, etcétera- a
superar los cien años de vida y a hacerlo fuertes y trabajando.
Estos casos masivos de longevidad ocurren en tres comunidades en el mundo, con una
característica común de aislamiento geográfico: Vilcabamba en Ecuador, Adjasia en el
Cáucaso y Hunzuland en Pakistán.
En ellas la esperanza de vida es superior a los cien años. La ciencia trata de explicar
esta situación desde diversas ópticas y para los lugareños hay una simple: la calma, el
agua pura, la ausencia de contaminación…
Al menos esa es la explicación en este pueblito ecuatoriano, ubicado en la frontera con
Perú, construido alrededor de un modesto parque en que hippies rezagados y
buscadores de explicaciones extraterrestres han montado pequeños locales de venta de
comida orgánica para los escasos visitantes que llegan al sitio.
En otro lado del parque hay locales de venta de souvenirs y galerías muy precarias con
fotos que dan cuenta de lo viejos que pueden llegar a ser sus habitantes: José Toledo,
de 140 años, Néstor Carpio, de 127 años, Agustín Reinoso, de 138…
Varias investigaciones se han desarrollado sobre el tema en Vilcabamba: científicos
europeos, americanos, asiáticos han acudido al lugar y aunque ninguna razón es
definitiva -y algunas han contribuido al misterio que se le quiere dar a este valle- se ha
llegado a las siguientes conclusiones: el agua de los ríos Chamba y Uchima contiene
propiedades únicas; el clima del valle favorece el buen funcionamiento del corazón y la
ausencia de cambios bruscos de temperatura impide infecciones, la alimentación se basa
en las propias cosechas del lugar y se constituye con gran cantidad de frutas.
¿Qué podría desdecir a todas estas razones saludables? Los pobladores del lugar no se
“cuidan” como lo hacen los ancianos en otras partes o quienes están a su cargo: en
Vilcabamba se toma muchísimo café.
La vejez, según parámetros de la Organización Mundial de la Salud, inicia a partir de los
65 años, la ancianidad se sitúa a los 75 y la esperanza de vida promedio es de unos 10
años adicionales. Envejecer es natural, un proceso dinámico de transformación
estructural del organismo. Forma parte de la vida y es un proceso natural y universal
ligado al ciclo vital.
Sin embargo, esa normalidad no ha sido aceptada por la Humanidad en general que
desde las leyendas de la fuente de la eterna juventud hasta las milagrosas cirugías,
cremas y medicinas, buscan no ser afectados por la vejez.
Vivir más ha sido una búsqueda permanente, y llegar a hacerlo bien un objetivo mayor.
En Vilcabamba ocurre sin que se lo propongan y al menos hay 120 personas entre 70 y
110 años que trabajan, están lúcidas y presentan achaques menores.
Se agrupan en la Asociación Pro Defensa del Anciano y el Centro Integral Experimental
de Vilcabamba, organizaciones relativamente nuevas que aspiran a que los ancianos
transmitan sus conocimientos a las nuevas generaciones, creando por ejemplo un jardín
de plantas medicinales.
Muchos de los ancianos se dedican a producir el llamado “cigarrillo Vilcabamba” que se
elabora de los sembríos de hoja de tabaco secada al sol y denominados en la zona
“chamicos”, sin que se refiera en realidad a la planta cuyo nombre científico es Datura
Feroz y posee alcaloides muy tóxicos. Simplemente se llama chamico y lo venden y lo
fuman.
Apoyados en otra posible razón de longevidad, los lugareños comercializan el agua
embotellada con o sin gas, en refrescos naturales y dietéticos, siempre con el lema de
encontrar el secreto de una vida larga.

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