Archivos para ‘literatura del mundo’

abril 15, 2010

Fiodor Dotoievski Biografia CITAS

Citas de Dostoievskihttp://nieveroja.files.wordpress.com/2009/07/dostoevsky_1872.jpg?w=364&h=455

1)2)No busques premio, porque tú tienes una gran recompensa en esta tierra, que sólo el justo puede gozar.3)El hombre debe basar su felicidad mediante el sufrimiento: es la ley de la tierra.

4)Uno puede conocer a un hombre por su sonrisa. Si te gusta su sonrisa antes que lo conozcas del todo, confía en que será un buen hombre.

5)No hay desgracias para los corazones débiles. La desgracia quiere un corazón fuerte.

6)La segunda mitad de la vida de un hombre está hecha únicamente de los hábitos adquiridos en la primera mitad.

7)Si quieres que los demás te respeten, lo mejor que puedes hacer es respetarte a ti mismo.

8)Amigos míos, pedid a Dios la alegría. Sed alegres como los niños, como los pájaros del cielo.

9)Hay cosas que incluso un hombre tiene miedo a decírselas a sí mismo, y todo hombre decente tiene un buen número de esas cosas almacenadas en su mente.

10)Cuando estás perplejo antes algunos hechos, especialmente los pecados humanos, y dudas entre combatirlos por la fuerza o con amor. Siempre decide: “Lo combatiré con amor”. Si piensas así podrás conquistar todo el mundo. El amor es una fuerza terrible, la más poderosa de todas las cosas, no existe nada como ella.

11)El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive.

12)Si alguien me demostrara que Jesús no poseyó la verdad… entonces preferiría seguir con Jesús que con la verdad.

13)No sé si Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios.

14)Es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal.

15)Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.

16)Yo creo en Dios pero Él no cree en mi.

17)Enamorarse no es amar. Puede uno enamorarse y odiar.

Fiódor Dostoievski

Fiódor Mijailovich Dostoievski

Moscú, 1821-San Petersburgo, 1881) Novelista ruso.

Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal, encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió que el joven Dostoievski se apasionara por la literatura y empezara a desarrollar sus cualidades de escritor.

A los dieciocho años, la noticia de la muerte de su padre, torturado y asesinado por un grupo de campesinos, estuvo cerca de hacerle perder la razón. Ese acontecimiento lo marcó como una revelación, ya que sintió ese crimen como suyo, por haber llegado a desearlo inconscientemente. Al terminar sus estudios, tenía veinte años; decidió entonces permanecer en San Petersburgo, donde ganó algún dinero realizando traducciones.

La publicación, en 1846, de su novela epistolar Pobres gentes, que estaba avalada por el poeta Nekrásov y por el crítico literario Belinski, le valió una fama ruidosa y efímera, ya que sus siguientes obras, escritas entre ese mismo año y 1849, no tuvieron ninguna repercusión, de modo que su autor cayó en un olvido total.

En 1849 fue condenado a muerte por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios. Indultado momentos antes de la hora fijada para su ejecución, estuvo cuatro años en un presidio de Siberia, experiencia que relataría más adelante en Recuerdos de la casa de los muertos. Ya en libertad, fue incorporado a un regimiento de tiradores siberianos y contrajo matrimonio con una viuda con pocos recursos, Maria Dmítrievna Isáieva.

marzo 18, 2010

NICOLÁS MAQUIAVELO (1469-1527)

Reseña Biográfica

NICOLÁS MAQUIAVELO (1469-1527)

Nicolás Maquiavelo nació y murió en Florencia. Hijo de una familia de abolengo pero escasos recursos económicos, siguió el oficio de su padre, estudió jurisprudencia y a los 25 años logró ocupar un puesto en el gobierno florentino como secretario de la República De Los Diez.

El joven funcionario tenía grandes ambiciones, sustentadas en su vasta cultura – era un lector insaciable – y en su talento extraordinario para comprender los más sutiles asuntos de estado. En poco tiempo se le encomendaron algunas misiones diplomáticas en las que tuvo ocasión de poner en práctica sus concepciones políticas, lo mismo ante la temible Catalina Sforza que en la corte del monarca francés Luis XII. Si con la primera las negociaciones llegaron a un punto muerto y no hubo ventajas para nadie, con el segundo Maquiavelo obtuvo su primer gran triunfo.

Debe recordarse que aún no se constituía Italia como una verdadera nación. Estaba dividida en diversas repúblicas y ducados autónomos donde el poder quedaba en manos de ciertas familias, rivales entre sí. La situación no podía ser más problemática y los asesinatos, conjuras, revueltas, invasiones y despojos sucedían en forma vertiginosa; los aliados de hoy eran los enemigos de mañana, y la desconfianza era la norma más elemental en los manejos políticos. En medio de tales circunstancias el joven Maquiavelo empezó su carrera política, y sus conclusiones teóricas partieron de esa realidad concreta.

El mérito fundamental de Maquiavelo consistió en su habilidad para estructurar una teoría política con base en las experiencias cotidianas, al margen de toda concepción idealista. El príncipe, su obra maestra, ha tenido una trascendencia universal por constituir un verdadero manual para el ejercicio del poder. Se dice que, a lo largo de la historia, ha sido el libro de cabecera de Napoleón, Richelieu y muchos otros grandes políticos y estadistas.

No es de extrañar la amoralidad del celebérrimo libro si se toma en cuenta que Maquiavelo fue secretario de César Borgia, a quien puede considerarse su principal inspirador. En efecto, el escritor florentino estuvo al lado de César cuando éste convocó, con pretextos amigables, a los capitanes que habían rehusado servirle, y en seguida los mandó degollar. Maquiavelo redactó un minucioso informe sobre aquel trágico episodio, donde ya se advierte su manera de separar tajantemente la política y la moral.

De Principatibus, título latino que dio Maquiavelo a su tratado, expone en 26 apartados “qué es un principado, cuáles son sus clases, cómo se adquieren, cómo se conservan y por qué se pierden”. Maquiavelo evitó componer un tratado voluminoso, como era lo usual en su época, confiriendo mayor importancia al fondo de las cosas que a las palabras. No sólo revolucionó la concepción del ejercicio del poder sino el estilo de toda la literatura renacentista: aunque de lenguaje escueto, casi lacónico, su libro no está exento de un tono vibrante y de una gran perfección formal. Se trata del primer libro que desarrolla técnicamente, y con un lenguaje apropiado, el arte de gobernar. Para llegar a una visión tan clara de la realidad política de su tiempo, Maquiavelo supo asimilar catorce años al servicio del Estado florentino, sin olvidar las experiencias que adquirió en sus frecuentes misiones diplomáticas y en la observación directa de príncipes y monarcas.

En 1502 el activo funcionario y diplomático florentino contrajo matrimonio con Marieta Corsini, quien le dio cinco hijos. La vida familiar de Maquiavelo no pudo ser muy feliz, tanto por su necesidad de viajar constantemente como por las dificultades económicas y los inevitables vaivenes de la política. La primera etapa de la vida de Maquiavelo estuvo caracterizada por una actividad incesante, motivada sin duda por su ambición pero, más aún, por un sincero patriotismo. Cuando las circunstancias cambiaron y Maquiavelo hubo de afrontar el destierro, la cárcel y la tortura, su existencia tomó un ritmo más pausado: la política activa fue sustituida por el trabajo intelectual. Curiosamente, el autor de El Príncipe no procedió “maquiavélicamente”, tratándose de su persona, salvo cuando ya era un hombre acabado; por el contrario, puso toda su ciencia al servicio de otros que supieron aprovecharla.

En 1512, cuando los franceses fueron expulsados de Florencia, los españoles, aliados con el Papa, decretaron la abolición de la república y el retorno de los Medici. Maquiavelo no tuvo más remedio que abandonar su querida ciudad y retirarse de toda actividad política, buscando refugio en el pueblo de San Andrea in Percussina, donde tenía una pequeña casa de campo. Más no quedó a salvo pues, al año siguiente, fue descubierta una conspiración contra el régimen mediceo, capitaneada por dos jóvenes republicanos: Boscoli y Capponi. Para desgracia de Maquiavelo, su nombre figuraba en la lista de “colaboradores” que había elaborado Boscoli, y mientras se efectuaban las averiguaciones fue encarcelado y sometido a torturas. Los conspiradores negaron toda participación de Maquiavelo, incluso momentos antes de ser decapitados, por lo cual se le dejó en libertad. A partir de entonces comenzó su actividad literaria convencido de que jamás volvería a Florencia.

Maquiavelo redactó El Príncipe en el otoño negro de 1513; Los diálogos sobre el arte de la guerra quedaron terminados en 1516; Los discursos sobre la primera década de Tito Livio datan del año 1519; su exitosa comedia La mandrágora se sitúa en 1520 y ese mismo año inició Las historias florentinas por encargo de Julio de Médici, elegido pontífice de la Iglesia con el nombre de León X. Este libro marcó el acercamiento a quienes fueran antes sus mortales enemigos y, por única vez en su vida, Maquiavelo aplicó las teorías que desarrollara magistralmente en sus ensayos


DEDICATORIA A LORENZO EL MAGNÍFICO, HIJO DE PEDRO DE MÉDICIS

Los que desean alcanzar la gracia y favor de un príncipe acostumbran a ofrendarle aquellas cosas que se reputan por más de su agrado, o en cuya posesión se sabe que él encuentra su mayor gusto. Así, unos regalan caballos; otros, armas; quiénes, telas de oro; cuáles, piedras preciosas u otros objetos dignos de su grandeza. Por mi parte, queriendo presentar a Vuestra Magnificencia alguna ofrenda o regalo que pudiera demostraros mi rendido acatamiento, no he hallado, entre las cosas que poseo, ninguna que me sea más cara, ni que tenga en más, que mi conocimiento de los mayores y mejores gobernantes que han existido. Tal conocimiento sólo lo he adquirido gracias a una dilatada experiencia de las horrendas vicisitudes políticas de nuestra edad, y merced a una continuada lectura de las antiguas historias. Y luego de haber examinado durante mucho tiempo las acciones de aquellos hombres, y meditándolas con seria atención, encerré el resultado de tan profunda y penosa tarea en un reducido volumen, que os remito.

Aunque estimo mi obra indigna de Vuestra Magnificencia, abrigo, no obstante, la confianza de que bondadosamente la honraréis con una favorable acogida, si consideráis que no me era posible haceros un presente más precioso que el de un libro con el que os será fácil comprender en pocas horas lo que a mi no me ha sido dable comprender sino al cabo de muchos años, con suma fatiga y con grandísimos peligros. No por ello he llenado mi exposición razonada de aquellas prolijas glosas con que se hace ostentación de ciencia, ni la he envuelto en hinchada prosa, ni he recurrido a los demás atractivos con que muchos autores gustan de engalanar lo que han de decir, porque he querido que no haya en ella otra pompa y otro adorno que la verdad de las cosas y la importancia de la materia. Desearía, sin embargo, que no se considerara como presunción reprensible en un hombre de condición inferior, y aun baja, si se quiere, la audacia de discurrir sobre la gobernación de los príncipes y aspirar a darles reglas. Los pintores que van a dibujar un paisaje deben estar en las montañas, para que los valles se descubran a sus miradas de un modo claro, distinto, completo y perfecto. Pero también ocurre que únicamente desde el fondo de los valles pueden ver las montañas bien y en toda su extensión. En la política sucede algo semejante. Si, para conocer la naturaleza de las naciones, se requiere ser príncipe, para conocer la de los principados conviene vivir entre el pueblo. Reciba, pues, Vuestra Magnificencia mi modesta dádiva con la misma intención con que yo os la ofrezco. Si os dignáis leer esta producción y meditarla con cuidado reconoceréis en ella el propósito de veros llegar a aquella elevación que vuestro destino y vuestras eminentes dotes os permiten. Y si después os dignáis, desde la altura majestuosa en que os halláis colocado, bajar vuestros ojos a la humillación en que me encuentro, comprenderéis toda la injusticia de los rigores extremados que la malignidad de la fortuna me hace experimentar sin interrupción.


CAPÍTULO I

DE LAS VARIAS CLASES DE PRINCIPADOS Y DEL MODO DE ADQUIRIRLOS

Cuantos Estados y cuantas dominaciones ejercieron y ejercen todavía una autoridad soberana sobre los hombres, fueron y son principados o repúblicas. Los principados se dividen en hereditarios y nuevos. Los hereditarios, en quien los disfruta, provienen de su familia, que por mucho tiempo los poseyó. Los nuevos se adquieren de dos modos: o surgen como tales en un todo, como el de Milán para Francisco Sforcia, que, generalísimo primero de los ejércitos de la república milanesa, fue proclamado más tarde príncipe y duque de los dominios milaneses; o aparecen como miembros añadidos al Estado ya hereditario del príncipe que los adquiere, y tal es el reino de Nápoles para el monarca de España, el cual lo conserva desde el año 1442, en que Alfonso V, rey de Aragón, se hizo proclamar rey de aquel país. Estos Estados nuevos ofrecen a su vez una subdivisión, porque: o están habituados a vivir bajo un príncipe, o están habituados a ser libres; o el príncipe que los adquirió lo hizo con armas ajenas, o lo hizo con las suyas propias; o se los proporcionó la suerte, o se los proporcionó su valor.

CAPÍTULO II

DE LOS PRINCIPADOS HEREDITARIOS

Pasaré aquí en silencio las repúblicas, a causa de que he discurrido ya largamente sobre ellas en mis discursos acerca de la primera década de Tito Livio, y no dirigiré mi atención más que sobre el principado. Y, refiriéndome a las distinciones que acabo de establecer, y examinando la manera con que es posible gobernar y conservar los principados, empezaré por decir que en los Estados hereditarios, que están acostumbrados a ver reinar la familia de su príncipe, hay menos dificultad en conservarlos que cuando son nuevos. El príncipe entonces no necesita más que no traspasar el orden seguido por sus mayores, y contemporizar con los acontecimientos, después de lo cual le basta usar de la más socorrida industria, para conservarse siempre a menos que surja una fuerza extraordinaria y llevada al exceso, que venga a privarle de su Estado. Pero, aun perdiéndolo, lo recuperará, si se lo propone, por muy poderoso y hábil que sea el usurpador que se haya apoderado de él. Ejemplo de ello nos ofreció, en Italia, el duque de Ferrara, a quien no pudieron arruinar los ataques de los venecianos, en 1484, ni los del papa Julio, en 1510, por motivo único de que su familia se hallaba establecida en aquella soberanía, de padres a hijos, hacía ya mucho tiempo. Y es que el príncipe, por no tener causas ni necesidades de ofender a sus gobernados, es amado natural y razonablemente por éstos, a menos de poseer vicios irritantes que le tornen aborrecible. La antigüedad y la continuidad del reinado de su dinastía hicieron olvidar los vestigios y las razones de las mudanzas que le instalaron, lo cual es tanto más útil cuanto que una mudanza deja siempre una piedra angular para provocar otras.

CAPÍTULO III

DE LOS PRINCIPADOS MIXTOS

Se hallan grandes dificultades en esta clase de régimen político, muy principalmente cuando el principado no es enteramente nuevo, sino miembro añadido a un principado antiguo que se posee de antemano. Por tal reunión se le llama principado mixto, cuyas incertidumbres dimanan de una dificultad, que es conforme con la naturaleza de todos los principados nuevos, y que consiste en que los hombres, aficionados a mudar de señor, con la loca y errada esperanza de mejorar su suerte, se arman contra el que les gobernaba y ponen en su puesto a otro, no tardando en convencerse, por la experiencia, de que su condición ha empeorado. Ello proviene de la necesidad natural en que el nuevo príncipe se encuentra de ofender a sus nuevos súbditos, ya con tropas, ya con una infinidad de otros procedimientos molestos, que el acto de su nueva adquisición llevaba consigo. De aquí que el nuevo príncipe tenga por enemigos a cuantos ha ofendido al ocupar el principado, y que no pueda conservar por amigos a los que le colocaron en él, a causa de no serle posible satisfacer su ambición en la medida en que ellos se habían lisonjeado, ni emplear medios rigurosos para reprimirlos, en atención a las obligaciones que le hicieron contraer con respecto a si mismo. Por muy fuertes que sean los ejércitos del príncipe, éste necesita siempre el favor de una parte, al menos, de los habitantes de la provincia, para entrar en ella. He aquí por qué Luis XII, después de haber ocupado a Milán con facilidad, lo perdió inmediatamente. Y, para quitárselo aquella primera vez, bastaron las tropas de Ludovico, porque los milaneses, que habían abierto sus puertas al rey, vieron defraudada la confianza que pusieran en los favores de su Gobierno, así como las esperanzas que habían concebido para lo futuro, y no podían soportar ya la contrariedad de poseer un nuevo príncipe. Cierto que, al recuperar por segunda vez Luis XII los países que se le habían rebelado, no se los dejo arrebatar tan fácilmente. Prevaliéndose de la sublevación anterior, se mostró menos reservado y menos tímido en los medios de consolidarse, pues castigó a los culpables, desenmascaró a los sospechosos y fortaleció las partes mas débiles de su anterior Gobierno. Si, para que la primera vez perdiese a Milán el rey de Francia, se requirió solamente la tremenda aparición del duque Ludovico en los confines del Milanesado, para que la perdiese por segunda vez se necesitó que se armasen todos contra él y que sus ejércitos fuesen destruidos o arrojados de Italia. Sin embargo, perdió a Milán ambas veces, y si conocemos las causas de la primera pérdida, réstanos conocer las de la segunda y considerar los medios de que disponía y de que podría disponer otro cualquiera en su mismo caso para mantenerse en su conquista mejor que lo hizo.

Comenzaré estableciendo una distinción. O dichos Estados nuevamente adquiridos se reúnen con un Estado ocupado hace mucho tiempo por el que los ha logrado, siendo unos y otro de la misma provincia, y hablando la misma lengua, o no sucede así. Cuando son de la primera especie, hay suma facilidad en conservarlos, especialmente si no están habituados a vivir libres en república. Para poseerlos con seguridad basta haber extinguido la descendencia del príncipe que reinaba en ellos, porque, en lo demás, respetando sus antiguos estatutos, y siendo allí las costumbres iguales a las del pueblo a que se juntan, permanecen sosegados, como lo estuvieron Normandía, Bretaña, Borgoña y Gascuña, que fueron anexadas a Francia hace mucho tiempo. Aunque existan algunas diferencias de lenguaje, las costumbres se asemejan, y esas diversas provincias viven en buena armonía. En cuanto al que hace tales adquisiciones, si ha de conservarlas, necesita dos cosas: la primera, que se extinga el linaje del príncipe que poseía dichos Estados; y la segunda, que el príncipe nuevo no altere sus leyes, ni aumente los impuestos. Con ello, en tiempo brevísimo, los nuevos Estados pasarán a formar un solo cuerpo con el antiguo suyo.

Pero cuando se adquieren algunos Estados que se diferencian del propio en lengua, costumbres y constitución, las dificultades se acumulan, y es menester mucha sagacidad y particular favor del cielo para conservarlos. Uno de los mejores y más eficaces medios a este propósito será que el príncipe vaya a residir en ellos, como lo hizo el sultán de Turquía con respecto a Grecia. A pesar de los otros medios de que se valió para conservarla, no habría logrado su fin, si no hubiera ido a establecer allí su residencia. Y es que, residiendo en su nuevo Estado, aunque se produzcan en él desórdenes, puede muy prontamente reprimirlos, mientras que, si reside en otra parte, aun no siendo los desórdenes de gravedad, tienen difícil remedio. Además, dada su permanencia, no es despojada la provincia por la codicia de sus empleados, y los súbditos se alegran más de recurrir a un príncipe que está al lado suyo que no a uno que está distante, porque encuentran más ocasiones de tomarle amor, si quieren ser buenos, y temor, si quieren ser malos. Por otra parte, el extranjero que apeteciese atacar a dicho Estado tropezaría con más dificultades para atreverse a ello. Por donde, residiendo en él el príncipe, no lo perderá sin que su rival experimente grandes obstáculos al pretender arrebatárselo.

Después del precedente, el mejor medio consiste en enviar algunas colonias a uno o dos parajes, que sean como la llave del nuevo Estado, a falta de lo cual habría que tener allí mucha caballería e infantería. Formando el príncipe semejantes colonias, no se empeña en dispendios exagerados, porque aun sin hacerlos o con dispendios exiguos, las mantiene en los contérminos del territorio. Con ello no ofende más que a aquellos de cuyos campos y de cuyas cosas se apodera, para dárselo a los nuevos moradores, que no componen en fin de cuentas más que una cortísima parte del nuevo Estado, y quedando dispersos y pobres aquellos a quienes ha ofendido, no pueden perjudicarle nunca. Todos los demás que no han recibido ninguna ofensa en sus personas y en sus bienes, se apaciguan con facilidad, y quedan temerosamente atentos a no incurrir en faltas, a fin de no verse despojados como los otros. De lo que se infiere que esas colonias, que no cuestan nada o casi nada, son más fieles y perjudican menos, a causa de la dispersión y de la pobreza de los ofendidos. Porque debe notarse que los hombres quieren ser agraciados o reprimidos, y que no se vengan de las ofensas, cuando son ligeras; pero que se ven incapacitados para hacerlo, cuando son graves. Así pues, la ofensa que se les infiera ha de ser tal que les inhabilite para vengarse.

Si, en vez de colonias, se tienen tropas en los nuevos Estados, se expende mucho, ya que es menester consumir, para mantenerlas, cuantas rentas se sacan de dichos Estados. La adquisición suya que se ha hecho se convierte entonces en pérdida, ya que se perjudica a todo el país con los ejércitos que hay que alojar en las casas particulares. Los habitantes experimentan la incomodidad consiguiente, y se convierten en perjudiciales enemigos, aun permaneciendo sojuzgados dentro de sus casas. De modo que ese medio de guardar un Estado es en todos respectos, tan inútil cuanto el de las colonias es útil.

El príncipe que adquiere una provincia, cuyo idioma y cuyas costumbres no son los de su Estado principal, debe hacerse allí también el jefe y el protector de los príncipes vecinos que sean menos poderosos, e ingeniarse para debilitar a los de mayor poderío. Debe, además, hacer de manera que no entre en su nueva provincia un extranjero tan poderoso como él, para evitar que no llamen a ese extranjero los que se hallen descontentos de su mucha ambición. Por tal motivo introdujeron los etolios a los romanos en Grecia y demás provincias en que éstos entraron, llamados por los propios habitantes. El orden común de las cosas es que, no bien un extranjero poderoso entra en un país, todos los príncipes que allí son menos poderosos se le unen, por efecto de la envidia que concibieran contra el que les sobrepujaba en poderío, y a los que éste ha despojado. En cuanto a esos príncipes menos poderosos, no cuesta mucho trabajo ganarlos, puesto que todos juntos gustosamente formarán cuerpo con el Estado que él conquistó. La única precaución que ha de tomar es la de impedir que adquieran fuerza y autoridad en demasía. El príncipe nuevo, con el favor de ellos y con la ayuda de sus armas, podrá abatir fácilmente a los que son, poderosos, a fin de continuar siendo en todo el árbitro. El que, por lo que a esto toca, no gobierne hábilmente, muy pronto perderá todo lo adquirido, y aun mientras conserve el poder tropezará con multitud de dificultades y de obstáculos.

Los romanos adoptaron siempre todas esas prevenciones en las provincias de que se hicieron dueños. Enviaron allá colonias; tuvieron a raya a los príncipes de las inmediaciones menos poderosos que ellos, sin aumentar su fuerza; debilitaron a los que poseían tanta como ellos mismos; no permitieron en fin, que las potencias extranjeras adquirieran allí consideración ninguna. Como ejemplo de ello me bastará citar a Grecia, donde conservaron a los etolios y a los acayos, humillaron el reino de Macedonia y expulsaron a Antíoco. El mérito que los etolios y los acayos contrajeron en el concepto de los romanos no fue suficiente para que éstos les consintiesen engrandecer ninguno de sus Estados. Nunca los redujeron los discursos de Filipo hasta el grado de tratarle como amigo, sin abatirle, ni nunca el poder de Antíoco los llevó a tolerar que tuviera, en aquel país, ningún Estado. Los romanos hicieron en aquellas circunstancias lo que todos los príncipes cuerdos deben hacer cuando toman en consideración, no sólo los perjuicios presentes, sino más bien los futuros, y cuando quieren remediarlos con destreza. Sólo precaviéndolos de antemano es posible conseguirlo. Si se espera a que sobrevengan, ya no es tiempo de remediarlo, porque la enfermedad se ha vuelto incurable. En este respecto, ocurre lo que los médicos dicen de la tisis, que en los comienzos es fácil de curar y difícil de conocer, pero que más tarde si no la discernieron en su principio, ni la aplicaron remedio alguno; es fácil de conocer y difícil de curar. Con las cosas del Estado sucede lo mismo. Si se conocen anticipadamente los males que pueden después manifestarse, lo que no concede el cielo más que a un hombre sabio y bien prevenido, quedan curados muy pronto. Pero cuando, por no haberlos conocido, se les deja tomar un incremento tal que llega a noticia de todo el mundo, no hay ya arbitrio que los remedie. Por eso, previendo los romanos de lejos los inconvenientes, les aplicaron siempre el remedio en su origen, y el temor de una guerra jamás les indujo a dejarles seguir su curso. Sabían que la guerra no se evita, y que el diferirla redunda en provecho ajeno. Al decidirse a hacerla contra Filipo y contra Antíoco en Grecia, fue para no tener que hacérsela en Italia. Fácil les hubiera sido evitar a uno y a otro, pero no lo quisieron ni les agradó el torpe consejo de gozar de los beneficios del tiempo, que no se les cae nunca de la boca a los sabios de nuestra edad. Les acomodó más el consejo que su prudencia y su valor les sugería, conviene a saber: que el tiempo, que echa abajo cuanto subsiste, puede acarrear tanto bien como mal, pero igualmente tanto mal como bien.

Volvamos a Francia y examinemos si hizo ninguna de esas cosas. Hablaré, no de Carlos VIII, sino de Luis XII como de aquel cuyas operaciones se conocieron mejor, puesto que conservó más tiempo sus posesiones de Italia, y veremos que hizo lo contrario de lo que debió hacer para retener un Estado de diferente idioma y de diferentes costumbres. Luis XII fue atraído a Italia por la ambición de los venecianos que querían, con su ayuda, ganar la mitad del Estado de Lombardía. No intento afear este paso del rey francés, ni su resolución sobre el particular, puesto que apenas puso el pie en Italia, donde carecía de amigos, y donde encontró cerradas todas las puertas a causa de los estragos que allí hiciera Carlos VIII, se vio forzado a respetar a los únicos aliados que en el país tenía, y su plan habría sido acertado si no hubiera cometido falta alguna en las demás operaciones. Tan pronto como conquistó a Lombardía volvió a ganar en Italia la consideración que Carlos VIII había hecho perder en ella a las armas francesas. Génova cedió, se hicieron amigos suyos los florentinos y el marqués de Mantua, el duque de Ferrara, el príncipe de Bolonia, el señor de Forli, los de Pésaro, Rimini, Camerino, Piombino, los luqueses, los pisanos, los sieneses, todos, en suma, salieron a recibirle, para solicitar su amistad. Los venecianos hubieran debido reconocer entonces la imprudencia de la decisión que habían tomado, únicamente para adquirir los territorios de Lombardía y para hacer al rey francés dueño de los dos tercios de Italia. Compréndase ahora la facilidad con que Luis XII, de haber seguido las reglas que acabo de formular, hubiese conservado su reputación en nuestra península, y asegurándose cuantos amigos había hecho en su territorio. Siendo éstos numerosos, aunque débiles, y temiendo unos al Papa y otros a los venecianos se hallaban en la precisión de permanecer adictos al rey francés a quien, por medio de ellos, le era posible contener sin dificultad a lo que quedaba de más poderoso en el resto de Italia. Pero no bien llegó Luis XII a Milán, obró de un modo contrario, supuesto que ayudó al papa Alejandro VI a apoderarse de la Romaña, sin echar de ver que con semejante determinación se hacía débil, por una parte, desviando de sí a sus amigos, y a los que habían ido a ponerse bajo su protección, y que, por otra parte, extendía el poder de Roma, agregando tan vasta dominación temporal a la dominación espiritual, que le daba ya tanta autoridad. Esta primera falta le obligó a cometer otras pues, para poner término a la ambición de Alejandro VI e impedirle adueñarse de la Toscana, hubo de volver al Norte. No le bastó haber dilatado los dominios del Papa, y desviado de sí a sus propios amigos, sino que el deseo de poseer el reino de Nápoles le indujo a repartírselo con el rey de España. Así, en los momentos en que era el primer árbitro de Italia, se buscó en ella un asociado, al que cuantos se hallaban descontentos con él debían, naturalmente, recurrir, y cuando podía haber dejado en aquel reino a un monarca que no era más que pensionado suyo, le echó a un lado para poner a otro, capaz de arrojarle a él mismo. En verdad, el deseo de adquirir es cosa ordinaria y lógica. Los hombres que adquieren cuando pueden hacerlo serán alabados y nadie los censurará. Pero cuando no pueden, ni quieren hacerlo como conviene, serán tachados de error y todos les vituperarán. Si Francia podía atacar con sus fuerzas a Nápoles, debió hacerlo. Si no podía, no debió dividir aquel reino. Si el reparto que hizo de Lombardía con los venecianos es digno de disculpa a causa de que el rey francés halló en ello un medio de poner el pie en Italia, la empresa sobre Nápoles merece condenarse, puesto que no había motivo alguno de necesidad, que pudiera excusarla. Luis XII, pues, cometió cinco faltas, dado que destruyó las reducidas potencias de Italia; aumentó la dominación de un príncipe ya poderoso, introdujo a un extranjero que lo era mucho, no residió allí él mismo, y no estableció colonias. Estas faltas, sin embargo, no le hubieran perjudicado en vida, si no hubiese cometido una sexta: la de ir a despojar a los venecianos. Era cosa muy razonable, y hasta necesaria, abatirlos, aunque él no hubiera dilatado los dominios de la Iglesia, ni introducido a España en Italia. Pero no debió consentir su ruina, ya que siendo por sí mismo poderoso, hubiera tenido distantes siempre a los otros de toda empresa sobre Lombardía, ya porque los venecianos no le hubieran tolerado, sin ser ellos mismos los dueños, ya porque los otros no hubieran querido quitársela a Francia para dársela a ellos, o porque hubiera carecido de audacia para atacar a ambas potencias a la vez. Si alguien arguyera que Luis XII cedió la Romaña al Papa y el reino de Nápoles al monarca español, para evitar una guerra, le contestaría con las razones ya apuntadas, conviene a saber: que no debemos dejar nacer un desorden para evitar una guerra, pues acabamos no evitándola, y sólo la diferimos, lo que redunda a la postre en perjuicio nuestro. Y si algún otro alegara la promesa que el rey francés había hecho al Papa de ejecutar en favor suyo la empresa, para obtener la disolución de su matrimonio con Juana, su esposa, y el capelo cardenalicio para el arzobispo de Ruán, replicaré a la objeción con las explicaciones que daré más tarde sobre la fe de los príncipes y el modo como deben guardarla. Si Luis XII perdió la Lombardía, fue por no hacer lo que hicieron cuantos tomaron provincias y quisieron conservarlas. No hay en ello milagro, sino una cosa natural y común. Hablé en Nantes con el cardenal de Ruán, cuando el duque de Valentinois, al que llamaban vulgarmente César Borgia, hijo de Alejandro VI, ocupaba la Romaña, y habiéndome dicho el cardenal que los italianos no entendían nada de cosas de guerra, le respondí que los franceses no entendían nada de cosas de Estado, puesto que de otro modo no hubieran dejado tomar al Papa tamaño incremento de dominación temporal. Se vio por experiencia que la que el Papa y España adquirieron en Italia les vino de Francia, y que la ruina de Francia en Italia dimanó del Papa y de España. De lo cual podemos deducir una regla general que no engaña nunca, o que, al menos, no extravía sino raras veces, y es que el que ayuda a otro a hacerse poderoso provoca su propia ruina. Él es quien le hace tal con su fuerza o con su industria y estos dos medios de que se ha manifestado provisto le resultan muy sospechosos al príncipe que, por ministerio de ellos, se tornó más poderoso.

CAPÍTULO IV

POR QUÉ, OCUPADO EL REINO DE DARÍO POR ALEJANDRO, NO SE REBELÓ CONTRA SUS SUCESORES DESPUÉS DE SU MUERTE

Considerando las dificultades que se ofrecen para conservar un Estado recientemente adquirido, podría preguntarse con asombro cómo sucedió que hecho Alejandro Magno dueño de Egipto y del Asia Menor en un corto número de años, y habiendo muerto a poco de haber conquistado esos territorios sus sucesores, en unas circunstancias en que parecía natural que todo aquel Estado se rebelase, lo conservaron, sin embargo, y no hallaron al respecto más obstáculo que el que su ambición individual ocasionó entre ellos. He aquí mi respuesta al propósito. De dos modos son gobernados los principados conocidos. El primero consiste en serlo por su príncipe asistido de otros individuos que, permaneciendo siempre como súbditos humildes al lado suyo, son admitidos, por gracia o por concesión, en clase de servidores, solamente para ayudarle a gobernar. El segundo modo como se gobierna se compone de un príncipe, asistido de barones, que encuentran su puesto en el Estado, no por la gracia o por la concesión del soberano, sino por la antigüedad de su familia. Estos mismos barones poseen Estados y súbditos que los reconocen por señores suyos, y les consagran espontáneamente su afecto. Y, en los primeros de estos Estados en que gobierna el mismo príncipe con algunos ministros esclavos, tiene más autoridad, porque en su provincia no hay nadie que reconozca a otro más que a él por superior y si se obedece a otro, no es por un particular afecto a su persona, sino solamente por ser ministro y empleado del monarca.

Los ejemplos de estas dos especies de Gobiernos son, en nuestros días, el del sultán de Turquía y el del rey de Francia. Toda la monarquía del sultán de Turquía está gobernada por un señor único, cuyos adjuntos no son más que criados suyos, y él, dividiendo en provincias su reino envía a él los diversos administradores, a los cuales coloca y muda en su nuevo puesto a su antojo. Pero el rey de Francia se halla en medio de un sinnúmero de personajes, ilustres por la antigüedad de su familia, señores ellos mismos de sus respectivos Estados, reconocidos como tales por sus particulares súbditos, quienes, por otra parte, les profesan afecto, y que están investidos de preeminencias personales que el monarca no puede quitarles sin peligrar él mismo. Así, cualquiera que considere atentamente ambas clases de Estados, comprenderá que existe dificultad suma en conquistar el del sultán de Turquía, pero que, si uno le hubiere conquistado, lo conservará con suma facilidad. Las razones de las dificultades para ocuparlo son que el conquistador no puede ser llamado allí de las provincias de aquel Imperio, ni esperar ser ayudado en la empresa por la rebelión de los que el soberano conserva a su lado, lo cual dimana de las observaciones expuestas más arriba. Siendo todos esclavos suyos y estándole reconocidos por sus favores, no es posible corromperlos tan fácilmente, y aunque esto se lograra, la utilidad no sería mucha mientras el soberano contase con el apoyo del pueblo. Conviene, pues, que el que ataque al sultán de Turquía reflexione que va a hallarle unido al pueblo, y que habrá de contar más con sus propias fuerzas que con los desórdenes que se manifestasen en el Imperio en su favor. Pero después de haberle vencido, derrotando en una campaña sus ejércitos de modo que a él no le sea dable rehacerlos, no habrá que temer ya más que a la familia del príncipe. Si el conquistador la destruye, el temor desaparecerá por completo, pues los otros no gozan del mismo valimiento entre las masas populares. Si antes del triunfo, el conquistador no contaba con ninguno de ellos en cambio, no debe tenerles miedo alguno, después de haber vencido.

Empero, sucederá lo contrario con reinados gobernados como el de Francia. En él se puede entrar con facilidad, ganando a algún barón, porque nunca faltan nobles de genio descontento y amigos de mudanzas, que abran al conquistador camino para la posesión de aquel Estado y que le faciliten la victoria. Mas, cuando se trate de conservarse en él, la victoria misma le dará a conocer infinitas dificultades, tanto de parte de los que le auxiliaron como de parte de los que oprimió. No le bastará haber extinguido la familia del príncipe, porque quedarán siempre allí varios señores que se harán cabezas de partido para nuevas mudanzas, y, como no podrá contentarlos a satisfacción de ellos, ni destruirlos enteramente, perderá el nuevo reino tan pronto se presente la ocasión oportuna.

Si consideramos ahora qué género de gobierno era el de Darío, le encontraremos semejante al del sultán de Turquía. Le fue necesario primeramente a Alejandro asaltarlo en su totalidad y ganar la campaña en toda la línea. Después de este triunfo murió Darío, quedando el Estado en poder del conquistador de una manera segura, por las causas que llevo apuntadas; y si los sucesores de Alejandro hubieran continuado unidos, habrían podido gozar de él sin la menor dificultad, puesto que no sobrevino otra disensión que la que ellos mismos suscitaron. En cuanto a los Estados constituidos como el de Francia, es imposible poseerlos tan sosegadamente. Por esto hubo, tanto en Francia como en España, frecuentes rebeliones semejantes a las que los romanos experimentaron en Grecia a causa de los numerosos principados que había allí. Mientras subsistió en el país su memoria, su posesión fue, para los romanos, muy incierta. Pero tan pronto dejó de pensarse en ello, se hicieron poseedores seguros, gracias a la estabilidad de su imperial dominio. Cuando los romanos pelearon en Grecia, unos contra otros, cada uno de ambos partidos pudo atraerse la posesión de aquellas provincias, según la autoridad que en ellas había tomado, porque, habiéndose extinguido la familia de sus antiguos dominadores, dichas provincias reconocían ya por únicos a los dominadores nuevos. Si, pues, se presta atención a todas estas particularidades, no causará extrañeza la facilidad que Alejandro tuvo para conservar el Estado de Asia y las dificultades con que sus sucesores (Pirro y otros muchos) tropezaron en la retención de lo que habían adquirido. No provinieron ellas del poco o mucho talento de los vencedores, sino de la diversidad de los Estados que conquistaran.

CAPÍTULO V

DE QUÉ MANERA DEBEN GOBERNARSE LOS ESTADOS QUE, ANTES DE OCUPADOS POR UN NUEVO PRÍNCIPE, SE REGÍAN POR LEYES PROPIAS

Cuando el príncipe quiere conservar aquellos Estados que estaban habituados a vivir con su legislación propia y en régimen de república, es preciso que abrace una de estas tres resoluciones: o arruinarlos, o ir a vivir en ellos, o dejar al pueblo con su código tradicional, obligándole a pagarle una contribución anual y creando en el país un tribunal de corto número de miembros, que cuide de consolidar allí su poder. Al establecer este consejo consultivo, el príncipe, sabiendo que no puede subsistir sin su amistad y sin su dominación, tiene el mayor interés de fomentar su autoridad. Una ciudad acostumbrada a vivir libremente y que el príncipe quiere conservar, se contiene mucho más fácilmente por medio del influjo directo de sus propios ciudadanos que de cualquier otro modo, como los espartanos y los romanos nos lo probaron con su ejemplo. Sin embargo, los espartanos, que poseyeron a Atenas y a Tebas mediante un consejo de un corto número de ciudadanos, acabaron perdiéndolas, y los romanos, que para poseer a Capua, a Cartago y a Numancia, las desorganizaron, no las perdieron. Cuando quisieron retener a Grecia, como la habían retenido los espartanos dejándola libre con sus leyes, no les salió acertada esta operación, y se vieron obligados a desorganizar muchas de sus ciudades para guardarla. Hablando con verdad, el arbitrio más seguro para conservar semejantes Estados es el de arruinarlos. El que se hace señor de una ciudad acostumbrada a vivir libremente, y no descompone su régimen político, debe contar con ser derrocado por ella, a la postre. Para justificar tal ciudad su rebelión invocará su libertad y sus antiguas leyes, cuyo hábito no podrán hacerle perder nunca el tiempo y los beneficios del conquistador. Por más que éste se esfuerce, y aunque practique un expediente de previsión, si no se desunen y se dispersan sus habitantes, no olvidará nunca el nombre de aquella antigua libertad, ni sus particulares estatutos, y hasta recurrirá a ellos en la primera ocasión, como lo hizo Pisa, a pesar de haber estado toda una centuria bajo la dominación de los florentinos. Pero cuando las ciudades o provincias se hallan avezadas a vivir en la obediencia a un príncipe, como, por una parte, conservan dicha obediencia y, por otra, carecen de su antiguo señor, no concuerdan los ciudadanos entre si para elegir otro nuevo, y, no sabiendo vivir libres, son más tardos en tomar las armas, por lo cual cabe conquistarlos con más facilidad y asegurar su posesión. En las repúblicas, por el contrario, hay más valor, mayor disposición de ánimo contra el conquistador que luego se hace príncipe, y más deseo de vengarse de él. Como no se pierde, en su ambiente, la memoria de la antigua libertad, antes le sobrevive más activamente cada día, el más cuerdo partido consiste en disolverlas, o en ir a habitar en ellas.

CAPITULO VI

DE LOS PRINCIPADOS QUE SE ADQUIEREN POR EL VALOR PERSONAL Y CON LAS ARMAS PROPIAS

No cause extrañeza que al hablar de los Estados que son nuevos en todos los aspectos, o de los que sólo lo son en el del príncipe, o en el de ellos mismos, presente yo grandes ejemplos de la antigüedad. Los hombres caminan casi siempre por caminos trillados ya por otros, y apenas hacen más que imitar a sus predecesores en las empresas que llevan a cabo. Pero como no pueden seguir en todo la ruta abierta por los antiguos, ni se elevan a la perfección de los que por modelos se proponen, deben con prudencia elegir tan sólo los senderos trazados por algunos varones, especialmente por aquellos que sobrepujaron a los demás, a fin de que si no consiguen igualarlos, al menos ofrezcan sus acciones cierta semejanza con las de ellos. En esta parte les conviene seguir el ejemplo de los ballesteros advertidos, que, viendo su blanco muy distante para la fuerza de su arco, apuntan mucho más arriba que el objeto que tienen en mira, no para que su vigor y sus flechas alcancen a un punto dado en tal altura, sino a fin de, asestando así, llegar en línea parabólica a su verdadera meta. Lo cual digo porque en los principados que son nuevos en todo y cuyo soberano es, por ende, completamente nuevo también, hay más o menos dificultad en conservarlos, según que el que lo adquiere es más o menos valeroso. Como el éxito por el que un hombre se ve elevado de la categoría de particular a la de príncipe supone algún valor o alguna fortuna, parece que una cosa u otra allanan en parte muchos obstáculos. Sin embargo, ocurre a veces que se mantenga más tiempo el que no había sido auxiliado por la fortuna. Y lo que suele procurar algunas facilidades es que, no poseyendo semejante príncipe otros Estados, va a residir en aquel de que se ha hecho dueño.

Pero, volviendo a los hombres que por su propio valor, y no por ministerio de la fortuna, llegaron a ser príncipes, como Moisés, Ciro, Teseo, Rómulo y otros digo que son los más dignos de imitación. Aunque sobre Moisés no debamos discurrir, puesto que no fue más que mero ejecutor de las cosas que Dios le había ordenado hacer, merece, no obstante, ser admirado, siquiera fuese por aquella gracia que le encumbró a hablar faz a faz con el Eterno. Pero, considerando a Ciro y a los demás que adquirieron o fundaron reinos, les hallamos también merecedores de admiración. Y si se consideran sus hechos e instituciones de un modo especial, no parecerán diferentes de los hechos e instituciones de Moisés, por más que éste tuviese a Dios por señor. Examinando sus actos y su conducta no se encuentra que debiesen a la fortuna sino una ocasión propicia, que les permitió introducir en sus nuevos Estados la forma que les convenía. Sin la ocasión se hubiera extinguido el valor de su ánimo; pero sin éste se hubiera presentado en balde aquélla. Le era necesario a Moisés hallar al pueblo de Israel oprimido en Egipto, para que se dispusiese a seguirle, movido por el afán de salir de su esclavitud. Era menester que Ciro, para erigirse en soberano de los persas, les hallase descontentos con el dominio de los medos, y a éstos afeminados por una larga paz. Teseo no hubiera podido desplegar su valor si no hubiese encontrado dispersados a los atenienses. Convenía que Rómulo, después de su nacimiento, se quedara en Alba, y que fuese expuesto, para que se hiciera rey de Roma y fundador de un Estado, de que formó la patria suya. No hay duda sino que tales ocasiones constituyeron la fortuna de semejantes héroes. Pero su excelente sabiduría les dio a conocer la importancia de dichas ocasiones, y de ello provinieron la prosperidad y la cultura de sus Estados ~

Los que llegan a ser príncipes por esos medios no adquieren su soberanía sin trabajo, pero la conservan fácilmente, y las dificultades con que tropiezan al conseguirla provienen en gran parte de las nuevas leyes y de las nuevas instituciones que se ven obligados a introducir, para fundamentar su Estado y para proveer a su seguridad. Nótese bien que no hay cosa más ardua de manejar, ni que se lleve a cabo con más peligro, ni cuyo acierto sea más dudoso que el obrar como jefe, para dictar estatutos nuevos, pues tiene por enemigos activísimos a cuantos sacaron provecho de los estatutos antiguos, y aun los que puedan sacarlo de los recién establecidos, suelen defenderlos con tibieza suma, tibieza que dimana en gran parte de la escasa confianza que los hombres ponen en las innovaciones, por buenas que parezcan, hasta que no hayan pasado por el tamiz de una experiencia sólida. De donde resulta que los que son adversarios de tales innovaciones lo son por haberse aprovechado de las antiguas leyes, y hallan ocasión de rebelarse contra aquellas innovaciones por espíritu de partido, mientras que los otros sólo las defienden con timidez cautelosa, lo que pone en peligro al príncipe. Y es que cuando quiere uno discurrir adecuadamente sobre este asunto se ve forzado a examinar si los tibios tienen suficiente consistencia por sí mismos, o si dependen de los otros; es decir, si para dirigir su operación, necesitan rogar o si pueden obligar. En el primer caso no aciertan nunca, ni conducen cosa alguna a buen fin, al paso que, si pueden obligar, rara vez dejan de conseguir su objeto. Por esto todos los profetas armados han sido vencedores, y los desarmados abatidos.

Conviene notar, además, que el natural de los pueblos es variable. Fácil es hacerles creer una cosa, pero difícil hacerles persistir en su creencia. Por cuyo motivo es menester componerse de modo que, cuando hayan cesado de creer, sea posible constreñirlos a creer todavía. Moisés, Ciro, Teseo, Rómulo, no hubieran conseguido que se observasen mucho tiempo sus respectivas constituciones, si hubiesen estado desarmados, como le sucedió al fraile Jerónimo Savonarola, que vio malogradas las nuevas instituciones que propusiera a la multitud. Apenas ésta comenzó a no creerle inspirado, se encontró sin medio alguno para mantener coercitivamente en su creencia a los que la perdían, ni para inducir voluntariamente a creer a los que no creían ya. Y cuenta que los príncipes de la especie a que vengo refiriéndome experimentan sumas dificultades en su manera de conducirle, porque todos sus pasos van acompañados de peligros y necesitan gran valor para superarlos. Pero cuando han triunfado de ellos y empiezan a ser respetados, como han subyugado a los hombres que les envidiaban su calidad de príncipes, quedan, al fin, asegurados, reverenciados, poderosos y dichosos.

A tan relevantes ejemplos quiero añadirle otro de clase inferior, y que, sin embargo, no guarda demasiada desproporción con ellos: el de Hieron el Siracusano. De simple particular que era, ascendió a príncipe de Siracusa, sin que la fortuna le procurase otro recurso que el de una favorable ocasión. Hallándose oprimidos los siracusanos, le proclamaron caudillo, en cuyo cargo hizo méritos suficientes para que después le nombrasen soberano suyo. Había sido tan virtuoso en su condición privada que, en sentir de los historiadores, no le faltaba entonces para reinar más que poseer un trono. Y luego que hubo empuñado el cetro, licenció las antiguas tropas, formó otras nuevas, dejó a un lado a sus pretéritos amigos, buscó a otros y, hallándose así con soldados y con camaradas realmente suyos, pudo establecer sobre tales fundamentos cuanto quiso, y conservó sin trabajo lo que había adquirido tras afanes largos y penosos.

CAPITULO VII

DE LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE ADQUIEREN POR LA FORTUNA Y CON LAS ARMAS AJENAS

Los que de particulares que eran se vieron elevados al principado por la sola fortuna, llegan a él sin mucho trabajo, pero lo encuentran máximo para conservarlo en su poder. Elevados a él como en alas y sin dificultad alguna, no bien lo han adquirido los obstáculos les cercan por todas partes. Esos príncipes no consiguieron su Estado más que de uno u otro de estos dos modos: o comprándolo o haciéndoselo dar por favor. Ejemplos de ambos casos ofrecieron entre los griegos, muchos príncipes nombrados para las ciudades de la Iona y del Helesponto, en que Darío creyó que su propia gloria tanto como su propia seguridad le inducía a crear ese género de príncipes, y entre los romanos aquellos generales que subían al Imperio por el arbitrio de corromper las tropas. Semejantes príncipes no se apoyan en más fundamento que en la voluntad o en la suerte de los hombres que los exaltaron, cosas ambas muy variables y desprovistas de estabilidad en absoluto. Fuera de esto, no saben ni pueden mantenerse en tales alturas. No saben, porque a menos de poseer un talento superior, no es verosímil que acierte a reinar bien quien ha vivido mucho tiempo en una condición privada, y no pueden, a causa de carecer de suficiente número de soldados, con cuyo apego y con cuya fidelidad cuenten de una manera segura. Por otra parte, los Estados que se forman de repente, como todas aquellas producciones de la naturaleza que nacen con prontitud, no tienen las raíces y las adherencias que les son necesarias para consolidarse. El primer golpe de la adversidad los arruina, si, como ya insinué, los príncipes creados por improvisación carecen de la energía suficiente para conservar lo que puso en sus manos la fortuna, y si no se han proporcionado las mismas bases que los demás príncipes se habían formado, antes de serlo.

Con relación a estos dos modos de llegar al principado, el valor o la fortuna, quiero traer dos ejemplos que la historia de nuestra época nos suministra; son a saber: el de Francisco Sforcia y el de César Borgia. Francisco, de simple particular que era, llegó a ser duque de Milán, tanto por su gran valor como por los recursos que su ingenio podía suministrarle, y, por lo mismo, conservó sin excesivo esfuerzo lo que había adquirido con sumos afanes. César, llamado vulgarmente el duque de Valentinois, no logró sus Estados más que por la fortuna de su padre, y los perdió apenas la fortuna le hubo faltado, no sin hacer uso entonces de todos los medios imaginables para retenerlos, y de practicar, para consolidarse en los principados que la fortuna y las armas ajenas le habían procurado, cuanto puede practicar un hombre prudente y valeroso. Ahora bien: he dicho que el que no preparó los fundamentos de su soberanía antes de ser príncipe podría hacerlo después, poseyendo un talento superior, aunque esos fundamentos no pueden formarse, en tal caso, más que con muchos disgustos para el arquitecto y con muchos peligros para el edificio. Si, pues, se consideran los progresos del duque de Valentinois, se verá que había preparado su dominación futura y no juzgo inútil darlos a conocer, toda vez que no me es posible presentar lecciones más útiles a un príncipe nuevo que las acciones del segundo Borgia. Si sus instituciones no le sirvieron de nada, no fue culpa suya, sino de una extremada y extraordinaria malignidad de la suerte ciega.

Alejandro VI quería elevar a su hijo el duque a un gran dominio, y veía, para ello, fuertes dificultades en lo presente y en lo futuro. Primeramente, no sabía cómo hacerle señor de un Estado que no perteneciera a la Iglesia, y cuando volvía sus miras hacia un Estado de la Iglesia preveía que el duque de Milán y los venecianos no consentirían en ello, pues Faenza y Rímini, que él quería cederle ante todo, estaban ya bajo la protección de los últimos. Veía, además, que los ejércitos de Italia, y especialmente aquellos de que le hubiera sido dable servirse, se hallaban en poder de los que debían temer el engrandecimiento del Papa, y mal podía fiarse de tales ejércitos, mandados todos por los Ursinos, por los Colonnas o por allegados suyos. Era menester, por tanto, que se turbase este orden de cosas y que se introdujera el desorden en los Estados de Italia, a fin de que le fuera posible apoderarse con seguridad de una parte de ellos. Y lo fue, a causa de encontrarse en una coyuntura en que, movidos de razones particulares, habían decidido los venecianos conseguir que los franceses volvieran otra vez a Italia. No sólo no se opuso a ello, sino que facilitó semejante maniobra y se mostró favorable a Luis XII, al sentenciar la disolución de su matrimonio con Juana de Francia, de suerte que aquel monarca llegó a Italia con la ayuda de los venecianos y con el consentimiento de Alejandro VI, y no bien hubo llegado a Milán, cuando el Papa obtuvo para él algunas tropas para la empresa que había meditado sobre la Romaña, la cual le fue cedida a causa de la reputación cobrada por el rey. Habiendo por fin adquirido el duque aquella provincia, y aun derrotado a los Colonnas, quería conservarla e ir adelante, pero se le presentaban dos obstáculos. El uno se hallaba en el ejército de los Ursinos, de que se había servido, pero de cuya fidelidad desconfiaba, y el otro consistía en la oposición que Francia podía hacer a ello. Por una parte, temía que le faltasen las armas de los Ursinos, y que no sólo le impidiesen seguir conquistando, sino que también le quitasen lo que ya había adquirido. Por otra parte, temía que el rey de Francia siguiera a su respecto el mismo proceder que los Ursinos. Su recelo hacia los últimos se fundaba en que cuando, después de haber tomado a Faenza asaltó a Bolonia, los vio obrar con tibieza. En cuanto al monarca francés, comprendió lo que podía esperar de él cuando, después de haberse apoderado del ducado de Urbino, atacó a Toscana, pues aquél le hizo desistir de la empresa. En situación semejante, resolvió el duque no depender más de la fortuna y de las armas ajenas, a cuyo efecto comenzó debilitando hasta en Roma las facciones de los Ursinos y de los Colonnas, y ganando a cuantos nobles le eran adictos. Los hizo gentilhombres suyos, los honró con elevados empleos y les confió, según sus prendas personales, varios mandos o gobiernos, con que extinguió en ellos, a los pocos meses, el espíritu de facción a que se hallaban adheridos y su afecto se volvió por entero hacia el duque. Después de esto, aceleró la ocasión de arruinar a los Ursinos, no sin haber dispersado antes a los partidarios de los Colonnas, que se le tornaron favorables, y a quienes trató mejor. Habiendo advertido muy tarde los Ursinos que el poder del duque, y el del Papa como soberano, acarreaba su ruina, convocaron una Dieta en Magione, país de Perusa. De ello resultó contra el duque la rebelión de Ursino, como también los tumultos de la Romaña en infinitos peligros para él, dificultades todas que superó con el auxilio de los franceses. Luego que hubo recuperado alguna consideración, no fiándose ya de ellos, ni de las demás fuerzas que le eran extrañas, y no queriendo verse en la necesidad de probarlos de nuevo, recurrió a la astucia y supo encubrir sus maniobras en grado tamaño que los Ursinos, por mediación de Paulo, solicitaron una reconciliación. No ahorró recursos serviciales para asegurárselos, regalándoles caballos, dinero, trajes vistosos, y ello con tal suerte que, aprovechándose de la simplicidad de su confianza, acabó por reducirlos a caer en su poder en Sinigaglia. Aprovechó la coyuntura para destruir a sus jefes, convirtió a los que les seguían en otros tantos amigos de su persona y proporcionó así una sólida base a su dominación sobre la Romaña y sobre el ducado de Urbino, con lo cual se ganó la voluntad de todos sus pueblos, que, bajo su gobierno, comenzaron a disfrutar de un bienestar por ellos hasta entonces desconocido. Y como esta parte de la vida del duque merece estudiarse, y aun imitarse por otros príncipes, no quiero dejar de exponerla con alguna especificación.

No bien ocupó la Romaña, la halló mandada por señores inhábiles, que más habían despojado que corregido a sus gobernados y que más habían dado motivo a desuniones que a convergencias, por lo que en la provincia abundan los latrocinios, las contiendas y todo linaje de desórdenes. Para remediar tamaños males estableció en ella la paz, la hizo obediente a su príncipe, le impuso un Gobierno vigoroso, y envió allí por presidente a Ramiro d’Orco, hombre severo y expeditivo, en quien delegó una autoridad casi ilimitada, y que en poco tiempo restableció el sosiego en la comarca, reconcilió a los ciudadanos divididos y proporcionó al duque una grande consideración. Más tarde, empero, juzgó el duque que la desmesurada potestad de Ramiro no convenía allí ya, y temiendo que se tornara muy odiosa, erigió en el centro de la provincia un tribunal civil, presidido por un sujeto excelente, y en el que cada ciudad tenía su defensor. Le constaba, además, que los rigores ejercidos por Orco habían engendrado contra su propia persona sentimientos hostiles. Para desterrarlos del corazón de sus pueblos y ganarse la plena confianza de éstos, trató de persuadirles de que no debían imputársele a él aquellos rigores, sino al genio duro de su ministro. Y para acabar de convencerles de ello determinó castigar al último, y una mañana mandó dividirle en dos pedazos y mostrarle así hendido en la plaza pública de Cesena, con un cuchillo ensangrentado y un tajo de madera al lado. La ferocidad de espectáculo tan horrendo hizo que sus pueblos quedaran por algún tiempo tan satisfechos como atónitos.

Pero volviendo al punto de que he partido, digo que al encontrarse el duque muy poderoso, asegurado de los peligros de entonces en gran parte, armado en la necesaria medida, libre de las armas, de los vecinos que podían inferirle daños, y ansioso de continuar sus conquistas, le restaba, con todo, el temor a Francia. Sabedor de que el rey de esta nación, que se había dado cuenta algo tardíamente de sus propias torpezas, no permitiría que el duque se engrandeciese más, se echó a buscar nuevos amigos. Desde luego, tergiversó con respecto a Francia cuando las tropas de esta nación marcharon hacia el reino de Nápoles contra el ejército español que sitiaba a Gaeta. Su intención era asegurarse de ellas, y el acierto habría sido rápido si Alejandro VI hubiera vivido aún.

Tales fueron sus precauciones en las circunstancias del momento. En cuanto a las futuras temía, ante todo, que el sucesor de Alejandro VI no le fuera favorable y que intentase arrebatarle lo que le había dado aquél. Para precaver este inconveniente ~ imaginó cuatro recursos, conviene a saber: 1) extinguir las familias de los señores a quienes había despojado, a fin de quitar al Papa los socorros que ellos hubiesen podido suministrarle; 2) ganarse a todos los hidalgos de Roma, para oponerlos como freno al Pontífice, en la misma capital de sus Estados; 3) atraerse, hasta el límite de lo posible, al sacro colegio de los cardenales; 4) adquirir, antes de la muerte de Alejandro VI, dominio tamaño, que se hallara en estado de resistir por sí mismo al primer asalto, cuando no existiera ya su padre. Practicados por el duque los tres primeros recursos, tenía conseguido su fin principal, al morir el Papa, y el cuarto estaba ejecutándolo. Había hecho perecer a cuantos pudo coger de aquellos señores a quienes despojara, y se le escaparon pocos. Había ganado a los hidalgos de Roma y adquirido grandísimo influjo en el sacro colegio. En cuanto a sus nuevas conquistas, después de haber proyectado erigirse en señor de la Toscana, veía a Pisa bajo su protección, y poseía a Perusa y a Biombino. Como tras ello no se creía obligado a guardar más miramientos con los franceses, y de hecho no les guardaba ninguno, por haberles despojado los españoles del reino de Nápoles, y porque unos y otros estaban forzados a solicitar su amistad, se echaba sobre Pisa, lo cual bastaba para que Luca y Siena le abriesen sus puertas, sea por celos contra los florentinos (que carecían de medios para evitarlo), sea por temor de la venganza suya. Si esta empresa le hubiera salido acertada, y si se hubiese puesto en ejecución el año en que murió Alejandro VI, habría adquirido tan grandes fuerzas y tanta consideración que por sí mismo se hubiera sostenido, sin depender de la fortuna y del poder ajeno, pues todo ello dependía ya de su dominación y de su talento. Pero Alejandro VI murió cinco años después de haber comenzado el duque a desenvainar su espada y cuando sólo el Estado de la Romaña estaba consolidado. Los demás permanecían vacilantes e indecisos, hallándose, además, el duque entre dos ejércitos enemigos muy poderosos y viéndose últimamente asaltado por una enfermedad mortal. Sin embargo, valía tanto, poseía tanta inteligencia, sabía tan bien cómo puede ganarse o perderse la voluntad de los hombres, y se había creado en tan poco tiempo fundamentos tan sólidos, que si no hubiera tenido por contrarios a aquellos ejércitos y le hubiesen ido mejor las cosas, habría triunfado de todos los demás obstáculos. La prueba de que tales fundamentos eran buenos es perentoria, puesto que la Romaña le aguardó sosegadamente más de un mes, y, moribundo ya, no tenía nada que temer de Roma. Aunque los Ursinos, los Vitelis y los Vagniolis habían ido allí, no emprendieron nada contra él. Si no pudo hacer Papa a quien quería, al menos impidió que lo fuese aquel a quien no quería. Pero si al morir Alejandro VI hubiese gozado de robusta salud, habría hallado facilidad para todo. El día en que Julio II fue nombrado Papa me dijo que había calculado cuanto podía acaecer una vez muerto su padre y hallándole anticipado remedio, pero que no había pensado en que pudiera morir él mismo entonces.

marzo 12, 2010

QUIJOTE PARTE 4 RESUMEN

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Volviendo a la casa de los Duques se nos cuenta que los “encantadores” que habían dado una paliza a Don Quijote y a la dueña Rodríguez eran en realidad la Duquesa y Altisidora que habían estado escuchando todo lo que la dueña decía de ellas y en señal de venganza decidieron apalear a Don Quijote y a la dueña.

Prosiguiendo con las bromas de los Duques estos decidieron mandarle a Teresa Panza una carta en donde le contaban las hazañas de Sancho y le mandaban unos cuantos regalos. Cuando Teresa Panza leyó la carta se maravillo de todo lo que su marido estaba consiguiendo y salió rápidamente a contárselo a todo el mundo. Cuando el Cura y Sansón se enteraron de que Sancho estaba de gobernador de una ínsula se quedaron asombrados y maravillados de lo que le estaba sucediendo a Sancho.

Teresa Panza decidió mandarle mediante el paje una carta para Sancho y otra para la Duquesa agradeciéndole todo lo que estaba haciendo por Sancho.

CAPITULO 51

Volviendo a la ínsula de Sancho este regresó a sus obligaciones como juez.

Se le presentó un caso en el cual se contaba lo siguiente. Esto era un terreno dividido por un río; el río era atravesado por un puente, al final del puente había una orca y una casa en la cual se juzgaba a todo aquel que pasara de forma que aquel que mintiera al preguntarle a donde iba seria ahorcado. Por lo general todos decían la verdad pero un día se les apareció un hombre que dijo que únicamente venia a morir en la orca. Pero los jueces con supieron que hacer ya que si le ahorcaban el hombre habría dicho la verdad y no habría merecido morir, pero si le dejaban ir el hombre había dicho mentira y merecería ser colgado en la orca.

Sancho después de pensar detenidamente recordó algo que le había dicho Don Quijote, lo cual decía que cuando la ley estuviese en duda debería decantarse del lado de la pobreza y humildad. Con lo cual Sancho les dijo que dejaran ir al hombre.

A los pocos días Sancho recibió una carta de Don Quijote en la cual Don Quijote le daba nuevos consejos para gobernar la ínsula. Sancho al poco tiempo le contesto comentándole el problema que tenia con el doctor y la comida.

CAPITULO 52

En la casa de los Duques Don Quijote le comunicó al Duque que iba a ir a buscar al labrador que había burlado a la hija de la dueña y que le iba a matar a menos que cumpliese su palabra. El Duque le dijo a Don Quijote que él le daría el recado al labrador y le ordenaría ir al castillo para que se celebrara allí el desafío.

A los pocos días llegaron de vuelta las cartas de Teresa Panza a la Duquesa y a su marido. En la de la duquesa le contaba la alegría que en ella había causado que Sancho fuese gobernador, también le decía las ganas que tenia de visitar la ínsula de Sancho y le pedía que la siguiera escribiendo contándole como transcurría el gobierno de Sancho.

En la carta a Sancho, que abrió Don Quijote, contaba lo mismo y alguna intimidad mas, también contaba lo bien que estaba pasando el tiempo Sanchica.

CAPITULO 53

En la ínsula de Sancho era de noche cuando le despertaron diciéndole que se armara porque estaban invadiendo la ínsula. Sancho alarmado se dejó armar con dos grandes escudos, uno por delante y otro por detrás, de entre los cuales sacaba la cabeza, las piernas y los brazos. También le dieron una lana para que se defendiese y saliera a la batalla.

Una vez en la batalla Sancho cayó al suelo al poco de salir y quedó tendido en el suelo sin poder moverse. Los que estaban fingiendo la batalla apagaron las antorchas para que Sancho no les reconocieran y comenzaron a pasar por encima de Sancho una y otra vez.

Después de esto los burladores levantaron a Sancho y comenzaron a felicitar por su gran batalla. Sancho al oír esto se desmayo del cansancio y del susto y se quedó dormido.

Al día siguiente Sancho preparó al rucio y decidió marcharse, todos los que allí estaban decidieron convencerle para que se quedara pero Sancho dijo que él no había nacido para ser gobernador y que se iba del gobierno tan pobre como había llegado a él.

CAPITULO 54

Los Duques eran conscientes que el labrador se había marchado de sus tierras para no tener que ser pariente de la dueña Rodríguez. Entonces para que se pudiera celebrar el desafío mandaron a un criado que suplantara al labrador y le dieron instrucciones concretas.

Mientras tanto Don Quijote se encontraba excesivamente contento ya que por fin podría demostrar a los Duques hasta donde llegaba su valor.

Entre tanto Sancho volvía a la casa de los Duques para incorporarse con Don Quijote a sus aventuras. En su camino encontró a unos peregrinos entre los cuales estaba un amigo suyo que vivía con anterioridad en el pueblo de donde era Sancho. El amigo de Sancho y él estuvieron un rato hablando de la expulsión que había hecho que el amigo de Sancho, el cual era morisco, se tuviera que ir de España. Este amigo de Sancho le contó que estaba de vuelta en España porque había regresado a buscar un tesoro que había dejado escondido. Le dijo a Sancho que si le quería ayudar pero este se negó y después de esto se separaron y cada uno prosiguió su camino.

CAPITULO 55

Mientras Sancho volvía a casa de los Duques se le hizo de noche e intentando buscar un lugar para descansar se cayó en un hoyo muy profundo del que no podía salir sin ayuda. Se pasó la noche lamentándose y a la mañana siguiente vio que en una pared del agujero había un camino por el cual se metió. Al fondo del camino pudo ver que había claridad y que había una salida, pero era también muy alta.

Cuando Sancho se puso a dar voces para ver si alguien le oía. Al poco tiempo se dio cuenta de que arriba del agujero se encontraba Don Quijote al que, para convencerle, le tubo que contar todo lo que le había sucedido en la ínsula y él por que de que estuviera ahora en el fondo de un agujero.

Al cabo de un rato volvió Don Quijote con muchas personas con cuerda para sacar a Sancho y al asno del agujero.

Después de salir dl agujero Sancho le contó todo lo sucedido a los Duques y estos prometieron darle en un futuro el gobierno de una ínsula menos conflictiva y más tranquila.

CAPITULO 56

Al cabo de unos cuantos días comenzó el combate entre Don Quijote y Tosilos, el que suplantaba al labrador. Tosilos debía derrotar a Don Quijote sin hacerle daño pero este al ver a la hija de la dueña se quedó enamorado de ella y decidió darse por vencido. Cuando este se quitó la mascara todos se dieron cuenta que no era el labrador pero la hija de la dueña dijo que se quería casar con él pues prefería a un lacayo que la amase y no a un labrador que la burlase. Don Quijote aclaró la situación diciendo que en realidad era el labrador que había sido encantado.

El Duque viendo que su plan no funcionaba decidió encerrar en un calabozo a Tosilos para ver si se desencantaba y si no todos viesen que era un impostor.

Después de tantas pequeñas aventuras en casa de los Duques Don Quijote y Sancho decidieron marcharse una mañana, después de haber obtenido el permiso de los Duques, como todo buen caballero.

CAPITULO 57

Finalmente como despedida a Don Quijote Altisidora le dedicó a Don Quijote un romance en el cual, burlándose de él, le decía lo enamorada que estaba de él y como se iba sin haberle dado a ella ni una sola pizca de cariño, amor o afecto.

Finalmente Don Quijote y Sancho se despidieron de los Duques y de todos los allí presentes y se fueron en busca de mas aventuras a Zaragoza.

CAPITULO 58

De camino a Zaragoza Don Quijote y Sancho volvieron a sus antiguas conversaciones y se contaron mutuamente lo que habían hecho los días que estuvieron separados.

Al poco tiempo Don Quijote y Sancho encontraron su primera aventura, después del parón.

Encontraron a unos labradores que estaban descansando en el campo. Junto a ellos había algo tapado con sabanas. Don Quijote al verlo se interesó por lo que era y los labradores gustosamente le contaron a Don Quijote que eran imágenes de santos que llevaban a una iglesia que estaban haciendo. Don Quijote al enterarse de que todas esas imágenes eran de santos caballeros comenzó a contar la historia de cada uno de ellos.

Después de esto Sancho y Don Quijote prosiguieron con su camino, Don Quijote había considerado esta pequeña aventura como una buena señal, mientras que Sancho la había considerado como la aventura más simple que hasta el momento habían tenido.

Después de estos pequeños comentarios Don Quijote y Sancho comenzaron a hablar del amor y de Altisidora, Sancho dijo que no entendía como Altisidora se podía haber enamorado de Don Quijote ya que él o veía en Don Quijote suficientes argumentos como para enamorar a una dama. Don Quijote al oír esto dijo que en ocasiones el único motivo para enamorar es no espantar y que él no espantaba a nadie, y que además tenia muy buenas virtudes morales.

Siguiendo el camino hacia Zaragoza Don Quijote y Sancho se encontraron con una vacada la cual les arrollo y les tiro de sus monturas. Don Quijote y Sancho habían sido avisados con anterioridad por las personas que conducían la vacada pero estos no habían hecho caso de sus advertencias.

CAPITULO 59

Prosiguiendo el camino Don Quijote y Sancho se pararon a comer un poco pero Don Quijote comenzó a decir que tenia pensado dejarse morir de hambre ya que estaba totalmente sumido en sus pensamientos. También le pidió a Sancho que se diese algunos azotes para poder así desencantar a Dulcinea, pero Sancho dijo que no se los pensaba dar ya que azotarse uno mismo era algo excesivamente doloroso.

Al llegar a una venta próxima descubrieron que unos caballeros estaban hablando de una segunda parte del Quijote que se había publicado.

Cuando Don Quijote leyó algo del libro se quedó asombrado de lo malo que era y de todas las mentiras que en él se decían. Además decidieron no ir a Zaragoza ya que según habían dicho esos caballeros el libro había estado en las justas de la ciudad. Don Quijote también dejó recado a los caballeros de que dijeran y publicaran la falsedad de ese libro, y dicho esto se marcharon. Al oír todo lo que Don Quijote había dicho estos caballeros se quedaron totalmente admirados y se dieron cuenta de que en verdad eran Don Quijote y Sancho.

CAPITULO 60

Al cabo de unos cuantos días cuando Don Quijote y Sancho descansaban en un bosque, Don Quijote cogió las correas de Rocinante y con intención de azotar a Sancho, para contribuir así con el desencantamiento de Dulcinea, se abalanzó sobre él. Sancho al ver la reacción de Don Quijote le inmovilizó hasta que este juro que Sancho se podría azotar cuando y como quisiera.

Sancho se alejo, por precaución, de Don Quijote y encontró a unos bandoleros ahorcados de unos arboles. Esto demostró que estaban cerca de Barcelona ya que allí castigaban con esa pena a los bandoleros capturados.

Por la mañana Don Quijote y Sancho fueron rodeados de improvistos por unos bandoleros, cuyo jefe sé hacia llamar Roque Guinart. Hechas las presentaciones el bandolero se alegro de conocer a Don Quijote ya que había oído hablar mucho de él y tenia ganas de conocerle.

Al cabo de un rato se les acerco una muchacha que era hija de un amigo de Roque la cual le pidió que la pasase a Francia y que en su ausencia defendiese a su padre. Tras ser preguntada por el motivo de esta huida la muchacha contó la siguiente historia de celos. Vicente, hijo del principal enemigo de su padre y de Roque, le había dado palabra de matrimonio a ella, pero esta tras oír que él ya se había casado le mató. Después de su muerte se entero de que en realidad no estaba casado con lo que su muerte había sido muy tonta y consecuencia de los celos de ella.

Después de esto los bandoleros trajeron ante Roque a varias personas a las cuales solo robo una parte de su dinero, pues no necesitaba más. Uno de sus hombres tras ver esto dijo que Roque debería ser más samaritano que bandolero. Roque al oír esto mato a su hombre y dejó libre a Don Quijote y a Sancho para que prosiguieran su camino a Barcelona.

CAPITULO 61

Al cabo de unos días llegaron Don Quijote y Sancho a un lugar desde el cual pudieron ver por primera vez el mar, el cual describieron como lo mejor que habían visto en su vida.

Al cabo de un rato se les acercaron unos caballeros que invitaron a Don Quijote a su casa. Este hombre se llamaba Antonio Moreno y se describió como amigo de Roque Guinart e invitaba a Don Quijote a pasar unos días en su casa de la ciudad.

CAPITULO 62

En casa de Don Antonio Don Quijote y Sancho pasaron unos días. El primer día después de comer Don Antonio les enseño un busto que según él respondía a todo lo que se le preguntase pero que aquel día no podía hablar ya que los viernes no solía hablar.

Después de esto Don Quijote, Sancho y Don Antonio salieron a dar una vuelta y sin que Don Quijote se diese cuenta le pusieron en su espalda un cartel que ponía: “este es Don Quijote de la Mancha”. Don Quijote al ver que todo el mundo le conocía se puso muy contento ya que se demostraba así que era un hombre famoso por sus aventuras.

Por la noche en una fiesta a la que asistieron dos muchachas sacaron a bailar a Don Quijote y este tras un rato bailando acabó diciendo que le dejaran en paz esas muchachas que para él la única mujer era Dulcinea del Toboso. Sancho al ver a Don Quijote le acostó para que descansara después de tan agitado baile.

Al día siguiente día Don Quijote y sus amigos fueron a la sala del busto a hacerle preguntas. Lo que ellos no sabían era que el busto hablaba porque conectado a él había un tubo por el que llegaba la voz del sobrino de Antonio que sabiendo quien había junto al busto respondía por conjeturas.

Las preguntas que le hacían eran fáciles de responder ya que cuando Sancho le preguntó si volvería a gobernar el busto dijo que gobernaría en su casa y que dejaría de ser escudero cuando abandonase a su amo. A los pocos días Don Antonio tubo que dejar la broma ya que sino la inquisición le castigaría.

A los pocos días Don Quijote visitó una imprenta y vio como en ella estaban corrigiendo el libro de Avellaneda al que volvió a criticar diciendo que era totalmente falso.

CAPITULO 63

Al día siguiente Don Quijote y Sancho fueron a visitar las galeras donde pudieron ver como eran tratados los galeotes que allí se encontraban. Don Quijote y Sancho pudieron asistir a una persecución en donde fue capturado un bergantín de corsarios de Argel. Cuando ya habían apresado este barco decidieron colgar al capitán pero al ver que era una mujer decidieron darle la oportunidad de que se explicara.

Doña Ana era la hija del morisco Ricote, que iba en busca del tesoro de su padre. Ana se había visto obligada a dar noticia de su tesoro al rey de Berberia el cual tenia apresado a su prometido Don Gaspar Gregorio, el cual para ocultarse se había disfrazado de mujer. Doña Ana se había visto obligada a ir en esa nave con los moriscos que había matado a los dos españoles, por lo que ella no tenia ninguna culpa. El virrey que estaba allí presente decidió perdonar la vida a Doña Ana y mando ir a buscar a su prometido a Berberia.

CAPITULO 64

Un día mientras Don Quijote paseaba, armado, por la playa se encontró a un hombre que sé hacia llamar el Caballero de la Blanca Luna. Este le dijo que había ido a buscar a Don Quijote para hacerle confesar que su dama era más bella que Don Quijote. Don Quijote al no admitir esto decidió batirse en duelo con Don Quijote. El trato era que si Don Quijote perdía debería de admitir que su dama no era la más hermosa y debería de permanecer un año de vida sosegada en su pueblo sin utilizar las armas. Si Don Quijote vencía seria él quien decidiera acerca de la vida del otro caballero y se quedaría con sus armas, fama y caballo.

Una vez en la batalla Don Quijote salió derrotado y humillado frente al Caballero de la Blanca Luna. Don Quijote se vio obligado a cumplir su palabra y dijo que se retiraría un año de la caballería pero reafirmo que su dama era la más bella del mundo. Después de la batalla el Caballero de la Blanca Luna se marchó y a Don Quijote le llevaron a la ciudad en una silla de mano.

CAPITULO 65

Don Antonio que había perseguido al Caballero de la Blanca Luna hasta un mesón descubrió que en realidad era el Bachiller Sansón Carrasco que quería que Don Quijote volviese a casa a curarse de su locura. Don Antonio al oír esto le dijo que era tonto ya que quería curar de la locura al loco más gracioso que hay en el mundo, pero que no le diría nada de eso a Don Quijote para que así cumpliera su palabra.

A los pocos días del vencimiento Don Quijote y Sancho volvían a su pueblo ya que debía de cumplir su palabra. Don Quijote iba a caballo y Sancho andando ya que el asno llevaba las armas de Don Quijote.

CAPITULO 66

Al pasar por el lugar donde Don Quijote fue vencido recuerda el momento de su vencimiento y se entristece. Sancho al oír a Don Quijote le intenta consolar diciéndole que él estaba contento a pesar de que ya no era gobernador de ningún sitio.

De camino Sancho se quejo durante unos cuantos días de tener que ir caminando porque las armas las tenia que llevar su asno, Sancho sugirió que deberían de colgar las armas en un árbol para poder así aligerar peso. Don Quijote le regaña efusivamente ya que según él las armas no le habían hecho ningún mal servicio.

Al cabo de unos días encontraron a dos vecinos que se habían retado en una carrera solo que uno era excesivamente más gordo que el otro. El gordo le exigía al delgado que se pusiera un sobre peso en el cuerpo para que así la carrera estuviese igualada. Sancho al oír esto dijo que entonces porque no se quitaba el gordo un equivalente en kilos para que la carrera estuviese igualada.

De camino a casa Don Quijote y Sancho se encontraron a Tosilos el cual les contó todo lo que había sucedido en la casa de los Duques en ausencia de Don Quijote y les ofreció comida. Solo Sancho se detuvo un rato a comer algo pero pronto se incorporo con su amo.

CAPITULO 67

Hablando de amores Sancho explica que no entiende en absoluto que es lo que tiene el que ver con el desencantamiento de Dulcinea pero que se dará los azotes cuando le apetezca.

Al pasar por un prado y ver a unos pastores a Don Quijote se le ocurre la idea de convertirse en pastores durante el año que tendrá que estar parado. Al decir esto Sancho y el propio Don Quijote comienzan a fantasear acerca de cómo iban a vivir siendo pastores y se comienzan a inventar nombres para todos sus amigos. Hablando de ser pastores Sancho y Don Quijote comienzan a ponerle a todos sus amigos y parientes unos nombres pastorescos muy extraños y burlescos.

CAPITULO 68

En mitad del sueño de Don Quijote y Sancho, Don Quijote se despierta y le dice a Sancho que seria conveniente que se diera unos azotes a cuenta del desencantamiento de Dulcinea. Sancho se niega una vez mas y le dice a su amo que duerma y le deje dormir.

Poco después de esto escucharon un gran estruendo Don Quijote y Sancho y al poco rato le pasaron por encima de ambos personajes un centenar de puercos. Sancho quiso matar a un par de ellos como venganza, pero Don Quijote dijo que se lo tenia bien merecido por haber fracasado como caballero.

Al día siguiente se les aparecieron unos caballeros armados que les obligaron a acompañarles hasta la casa de los Duques.

CAPITULO 69

Cuando llegaron a la casa de los Duques vieron a Altisidora tumbada en un túmulo. Al parecer Altisidora había sido encantada y para desencantarla Sancho debería de darse veinticuatro mamonas, doce pellizcos y seis alfilerazos.

En ese momento entraron unas señoras que comenzaron a pellizcar y a pegar a Sancho, pero los alfilerazos no se los dejó dar. En ese momento comentan Don Quijote y Sancho la virtud que este tiene para desencantar doncellas ya que siempre le toca a él pasar por esas cosas. Don Quijote aprovecha para pedirle a Sancho que se de un par de latigazos para desencantar a Dulcinea, solo que Sancho se niega a hacerlo.

CAPITULO 70

Don Quijote y Sancho se acostaron pero tardaron en dormirse porque estuvieron largo tiempo hablando sobre los encantadores.

Se nos cuenta que los Duques sabían que Don Quijote iba a pasar por allí porque se lo había dicho el Bachiller Sansón Carrasco a su vuelta de Barcelona, y habían decidido gastarle a Don Quijote la ultima broma.

Entró por la noche Altisidora en la habitación de Don Quijote y tras decirle este que su amor esa solo para Dulcinea, Altisidora comenzó a decir que todo lo que había sucedido esa noche había sido fingido y que ella nunca había estado enamorada de él.

Cuando se incorporaron a la discusión los Duques, Altisidora siguió insultado a Don Quijote llamándole feo y otro tipo de insultos relacionados con su triste figura. Don Quijote al poco tiempo decidió marcharse esa misma tarde.

CAPITULO 71

Cuando Don Quijote y Sancho se pararon en un bosque cercano Don Quijote le sugirió a Sancho que le iba a para un cuarto de real por cada azote y Sancho accedió. Al cabo de un rato azotándose Sancho le dijo a Don Quijote que subiera el precio a medio real y Don Quijote accedió. Al cabo de unos azotes Sancho comenzó a azotar a los arboles y de vez en cuando se quejaba para que Don Quijote no sospechara nada. Al poco tiempo Don Quijote le pidió a Sancho que parara que no quería que este muriera.

CAPITULO 72

Al cabo de unos días entraron en un mesón en donde encontraron a un personaje del Quijote de Avellaneda, Don Álvaro de Tarfe el cual acabó reconociendo que aquellos que tenia delante eran los verdaderos Don Quijote y Sancho y no los que describía el autor de su libro, Avellaneda. Don Quijote le pidió a Don Álvaro que hiciese una declaración en la cual decía y afirmaba que el Quijote de Avellaneda era totalmente falso y que todo lo que en él se decía era mentira.

A la noche siguiente Don Quijote y Sancho divisaron la aldea donde vivían y desde lo alto de la colina Sancho se arrodillo y dijo que allí llegaban los habitualmente habitantes de la aldea Don Quijote y Sancho los cuales no muy bien parados pero allí se encontraban sanos y salvos.

CAPITULO 73

De camino al pueblo Don Quijote y Sancho encontraron al Cura y a Sansón Carrasco los cuales se alegraron mucho de que Don Quijote y Sancho se encontraron de vuelta en el pueblo. Una vez en el pueblo Don Quijote se fue a su casa con el Ama y su sobrina y Sancho se fue a su casa con mucho dinero para dar a su mujer.

Don Quijote les contó a sus amigos que tenia intención de hacerse pastor durante ese año y les pidió a sus amigos que le acompañaran en su pastoreo. Los amigos de Don Quijote asintieron para que Don Quijote no se marchara de casa otra vez y volviera a las andadas.

CAPITULO 74

Cuando llegó el medico a la casa de Don Quijote y le vio dijo que seria mejor que se fuese confesando ya que no le quedaba demasiado tiempo de vida. Don Quijote al oír eso hizo llamar a sus amigos y les comenzó a decir que era consciente de todos los peligros en los que se había metido pero que ya había vuelto en sí y que ya era otra vez Alonso Quijano el Bueno. Sus amigos le intentaban animar diciéndole que pronto iban ser todos pastores y que Dulcinea ya estaba desencantada, pero Alonso Quijano les decía que no se burlaran de él que ya era cuerdo. Tras hacer testamento y dejar una clara muestra de que ya había vuelto a la cordura comenzó a criticar la actitud de Avellaneda que había escrito un libro falso acerca de estupideces como las que él había vivido.

Antes de morir le dijo a su sobrina que, por favor, no se casara con un hombre que conociera las novelas de Caballerías ya que estas le acabarían llevando a la locura. Y tras decir esto Alonso Quijano falleció.

http://www.monografias.com/trabajos12/lresquij/lresquij2.shtml

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marzo 12, 2010

QUIJOTE 3 PARTE RESUMEN

Sancho no se podía creer lo que contaba pero no pudo aguantar su risa cuando Don Quijote dijo que había visto a dulcinea y a las dos damas que la acompañaban y que estas le habían pedido seis reales a cambio de un pañuelo de algodón. Don Quijote le dijo a Sancho que no se podía creer lo que este decía debido a que no tenia experiencia en el mundo pero que algún día le demostraría que todo aquello era cierto.http://literaturabachillerato.files.wordpress.com/2008/10/ruta_quijote.gif?w=370

Capitulo 24

Cuando se marchaban de la cueva de Montesinos se encontraron a un hombre que iba cargado de lanzas, el cual les dijo que si le interesaba a Don Quijote su destino que se lo contaría en una venta que había mas adelante.

De camino a la venta Don Quijote comenzó a hablar acerca de los caballeros viejos los cuales al final son tratados de mala manera y como no sirviesen para nada.

Al anochecer llegaron a la venta, y esta vez aunque parezca mentira Don Quijote admitió estar en una venta y no en un castillo.

Capitulo 25

Una vez llegaron a la venta Don Quijote no paro hasta encontrar al hombre que habían visto antes, ya que estaba impaciente por que le contara la historia de por que llevaba esas armas. Una vez lo encontró le comenzó a contar la siguiente historia: Un día en el pueblo en el que él vivía se le perdió un asno y junto con un amigo salieron a buscarlo al monte, donde decían que le habían visto por ultima vez. En el monte para llamar la atención del asno ambos hombres comenzaron a rebuznar por separado, momentos mas tarde encontraron al asno devorado por los lobos pero se quedaron con la anécdota de que rebuznaban tan bien que en varias ocasiones confundieron sus propios rebuznos con los del asno. A partir de ese día esa anécdota se conoció en los pueblos de la zona de tal manera que cuando alguien veía a un habitante de ese pueblo le rebuznaba en señal de burla. Entonces por eso el hombre aquel llevaba armas tan urgentemente a su pueblo ya que las necesitaban para enfrentarse con todos los pueblos que burlaban a sus compañeros de aldea.

En ese momento entró en la venta un hombre que sé hacia llamar Maese Pedro que explicó que era un titiritero que representaba en su pequeño escenario diversas historias y que además en su repertorio tenia un mono que le adivinaba todo lo pasado y presente.

Maese Pedro adivino que era Don Quijote y explico a todos lo que estaba haciendo en ese momento la mujer de Sancho y explico también que lo que había visto Don Quijote en la cueva de Montesinos había sido cierto a medias. Tras estas explicaciones quiso hacer una función en honor a Don Quijote.

Capitulo 26

Maese Pedro representó una historia en la cual Don Gaiferos liberaba a su esposa, Melisendra. La cual estaba cautiva de los moros en Sansueña.

Durante la actuación de Maese Pedro Don Quijote estuvo interviniendo constantemente para explicar lo que en la obra estaba sucediendo como si de pura realidad se tratara. Don Quijote en otro arrebato de locura desenvainó la espada destruyendo todos los muñecos de Maese Pedro ya que eran unos moros que perseguían a los “buenos” de la obra y Don Quijote como buen caballero quería ayudarlos a escapar. Don Quijote viendo lo que había hecho achacó su error a los encantadores que le habían embaucado.

A la mañana siguiente Maese Pedro se marchó muy pronto ya que no quería encontrarse con Don Quijote por sí le hacia otra de las suyas.

Capitulo 27

En realidad Maese Pedro era Ginés de Pasamonte uno de los galeotes a los que Don Quijote había liberado en anteriores aventuras. Ginés se había hecho titiritero y se ganaba la vida yendo por los pueblos, pero antes de entrar en cada pueblo se enteraba de cosas recientes que habían pasado y así fingía que el mono era adivino. Antes de entrar en la venta había reconocido a Don Quijote y así se pudo ganar la confianza de los que se encontraban en la venta.

Cuando Don Quijote se marchó de la venta se encontró al escuadrón del rebuzno que iba armado en busca de sus burladores. Don Quijote para evitar una tonta batalla les dijo a los del rebuzno que en este mundo solo había cuatro razones por las cuales había que coger las armas para pelear y se las nombró como estas: en defensa de la fe católica; en defensa de su propia vida; en defensa de la honra, la familia y la hacienda; o en servicio de su rey.

Ya estaban totalmente convencidos de dejar las armas cuando Sancho dijo que tampoco se debían enfadar tato por un rebuzno ya que él cuando era pequeño rebuznaba tan bien que todos los asnos de su pueblo le respondían. Y entonces Sancho emitió un fuerte rebuzno y uno de los del pueblo pesando que se estaba burlando del le tiro del asno y comenzaron a apedrear a Sancho y a Don Quijote, que había salido en su ayuda. Después de ser apedreados Sancho y Don Quijote salieron corriendo de cerca de los del pueblo del rebuzno.

Capitulo 28

Cuando Don Quijote y Sancho se dieron cuenta de que no les seguían se pararon y Don Quijote le reprochó a Sancho el que se hubiera puesto a rebuznar ya que estaba claro que con eso iba a conseguir que se enfadaran. Sancho le reprocho a su vez a Don Quijote el que se hubiera ido ya que nunca había visto a un caballero que dejara a su escudero atrás viendo como le apaleaban. Don Quijote respondió que en la historia otros muchos caballeros habían esperado otro momento para atacar mientras su escudero luchaba contra una multitud.

Continuaron su camino para mas tarde parar en una alameda a pasar la noche. Por el camino Sancho le dijo a Don Quijote que haría mejor yéndose a su casa ya que además de no ganar nada las deudas de Don Quijote hacia él mismo comenzaban a no pagarse nunca. Don Quijote al oír esto comenzó a insultar a Sancho diciéndole que era un asno y que nunca podría hacer nada para remediarlo, según Don Quijote lo único que tendría que hacer Sancho seria admitir lo bestia que era. Sancho al oír esto se echo a llorar admitiendo que era un asno sin remedio.

Entraron en la alameda y pasaron allí la noche. Al día siguiente prosiguieron su camino hacia Zaragoza.

Capitulo 29

A los dos día llegaron Don Quijote a la orilla del río Ebro donde Don Quijote vio un barco sin remos ni velas amarrados a la orilla. Don Quijote sé penso que era una nueva aventura en donde debía montarse en el barco e ir a rescatar a un caballero. A pesar de que Sancho le avisó que el barco era de unos pescadores Don Quijote no le hizo caso y se montaron ambos en la barca.

Una corriente les llevó hacia unas grandes aceñas que había en la mitad del río. Los molineros que vieron como Don Quijote y Sancho se iban sobre las ruedas de las aceñas les tiraron de la barca con unos palos yendo luego los molineros detrás de Don Quijote y Sancho para evitar que se ahogaran.

Después de esto los molineros le pidieron a Don Quijote que les pagara los daños, Don Quijote les dijo que lo aria con la condición de que liberaran al caballero que tenían prisionero. Los molineros al no entenderle le pidieron el dinero a Sancho el cual se lo dio sin ningún problema.

Don Quijote y Sancho viendo que esa aventura estaba reservada para otros caballeros se marcharon del lugar volviendo a su camino hacia Zaragoza.

Capitulo 30

Después de lo hecho se marcharon del río pensando cada cual en sus cosas, Don Quijote claro esta pensando en Dulcinea.

Al día siguiente de esta aventura, cuando Don Quijote y Sancho proseguían su camino encontraron a una Duquesa y a un Duque a los cuales Don Quijote presento su deseo e intención de servir en cuanto hiciese falta. La Duquesa y el Duque habían reconocido a Don Quijote ya que habían leído con anterioridad la primera parte del Quijote.

Don Quijote y Sancho acompañaron a los Duques hacia su castillo ya que ambos Duques eran lectores de libros de caballería y querían pasar unos días con Don Quijote.

CAPITULO 31

Antes de que Don Quijote llegara a la venta los Duques se habían adelantado para explicar a los criados como debían tratar a Don Quijote. En cuanto llegó Don Quijote a la casa de los Duques se dio cuenta de que realmente era un caballero famoso ya que todos en la venta le trataban de una manera totalmente caballeresca, aunque Don Quijote no se dio cuenta de que en realidad le estaban tomando el pelo.

Después de que las doncellas le hubiesen quitado a Don Quijote las armaduras se dispusieron todos a cenar. En ese momento se produjo una discusión cortes, entre el Duque y Don Quijote, acerca de quien debía presidir la mesa. Finalmente fue Don Quijote quien presidió la mesa. En ese momento Sancho contó una historia mediante la cual avergonzó a Don Quijote por ser él quien se encontraba presidiendo la mesa. Para evitar el apuro de Don Quijote la Duquesa se vio obligada a preguntarle a Don Quijote acerca de Dulcinea.

En ese momento el Cura que acompañaba a los Duques, Don Quijote y Sancho se dio cuenta de quien era el que estaba sentado en la mesa junto a ellos comenzó a insultar a Don Quijote diciendo que era un loco y que tenia la cabeza llena de tonterías y de chorradas y le dijo que seria mejor se fuese a su casa y que dejase de hacer el ridículo.

CAPITULO 32

Don Quijote al ver que quien le insultaba era un clérigo únicamente le contradijo dando un discurso en defensa de la caballería andante tan bueno que consiguió que Sancho se emocionara y diera muestras de disfrutar escuchando a Don Quijote.

Después de ese discurso el Cura le preguntó a Sancho si realmente él era Sancho Panza y Sancho para probarlo contesto con una retahíla de refranes propia de su personalidad. En ese momento el Duque le dijo a Sancho que él le concedería el gobierno de la ínsula que le había prometido Don Quijote, Sancho al oír esto se volvió loco de la alegría. El cura a su vez criticó el que los Duques, que se suponen que estaban cuerdos permitían que Sancho y Don Quijote siguiesen locos y no hacían nada por impedirlo, el Cura añadió además que él se quedaría allí hasta que Don Quijote y Sancho se fueran.

Después de cenar aparecieron unas doncellas que comenzaron a lavarle la cara a Don Quijote el cual pensó que era la costumbre del lugar. Al poco tiempo las doncellas que le lavaban la cara fingieron que se quedaban sin agua culminando así la primera broma que le gastaron a Don Quijote. Los Duques al ver esto se rieron de gran manera pero para que el caballero no se diese cuenta de la broma se lavaron también ellos la cara.

Después de esto se retiraron Don Quijote y la Duquesa la cual le preguntó a Don Quijote acerca de sí Dulcinea existía realmente o si era causa de su imaginación. Don Quijote le dijo que si Dulcinea existía o no era algo que no merecía hablarse pero que dentro de él mismo estaba y con eso valía, explico también que si Sancho había visto a Dulcinea mal vestida era por causa de los encantadores que al no poder perjudicar a Don Quijote lo intentaban con Dulcinea.

CAPITULO 33

Mientras Don Quijote se acostaba la Duquesa y sus doncellas se quedaron hablando con Sancho el cual les contó que nunca había visto a Dulcinea y que le mintió a su amo diciéndole que aquellas tres campesinas estaban encantadas y que una de ellas era Dulcinea.

La Duquesa en ese momento decidió engañar también a Sancho y le dijo que no era mentira lo que le dijo a Don Quijote sino que había sido toda verdad y que no se lo había inventado él. Sancho se creyó todo lo que la Duquesa le decía ya que no se podía ni imaginar que alguien como la Duquesa podía querer burlarse de él.

Después de hablar con Sancho la Duquesa acordó junto con el Duque que le iban a gastar a Sancho y a Don Quijote la broma más grande que jamas se haya gastado.

CAPITULO 34

Después de uno días se llevaron los Duques a Don Quijote de montería, después de unas horas, cuando era de noche, montaron las tiendas entorno a un fuego para pasar la noche. Al cabo de un rato se dieron cuenta de que una procesión de carros se acercaba, según un personaje que iba en una de las primeras carretas era el diablo que venia en nombre de Motesinos y que le iba a revelar la manera de desencantar a Dulcinea.

CAPITULO 35

En el ultimo carro apareció una extraña ninfa, con la cara desgarrada, que decía ser Merlin el encantador, el cual se conmovió al ver a Dulcinea convertida en rústica aldeana y decidió que la única y exclusiva manera de que Dulcinea volviese a tener la misma belleza que antes, Sancho se debía dar tres mil trescientos azotes en las posaderas.

Sancho al oír esto le dijo a Don Quijote que no pensaba dárselos ya que él no tenia ni la mas mínima intención de que Dulcinea volviese a su estado natural, además dijo que si era Don Quijote el que tenia tanta intención en volver a ver a Dulcinea bien que se diera el los trescientos azotes y que no se lo pidiera a Sancho ya que él no tenia culpa ninguna.

En ese momento intervino el Duque el cual dijo que sino accedía a darse los azotes no le daría el gobierno de la ínsula ya que demostraría ser un gobernador muy dura. Sancho al oír esto accedió con la condición de que el debía decidir cuando se daría los azotes y que no deberían hacerle sangre y además dijo que no debería haber nadie que se los contara y que se tendrían que fiar de lo que él dijera.

CAPITULO 36

Al día siguiente Sancho le comenzó a explicar a la Duquesa que ya se había dado unas cuantas palmadas en la espalda ya que no creía que mereciese la pena el azotarse para que otros obtuvieran la recompensa. La Duquesa al oír esto le dijo a Sancho que debía de buscar otro método para azotarse ya que el darse palmadas en la espalda no servia absolutamente de nada.

Sancho le enseño a la Duquesa una carta que tenia pensado mandar a su mujer en la cual le contaba que estaba a punto de irse a gobernar la ínsula que el Duque le había prometido y que la Duquesa no hacia mas que besarle la mano con lo que ella también debería hacerlo. También le dijo a su mujer que estaba deseando ir a gobernar la ínsula para ver si así conseguía algo de dinero. Al oír esto la Duquesa contestó que se mostraba un poco codicioso y que un buen gobernador no se tenia que mostrar codicioso.

Después de esto se fueron al jardín a comer y mientras comían vieron como se acercaba un obre que sé hacia llamar Trifaldin, escudero de la condesa Trifaldi, el cual en realidad era el mayordomo del Duque que se había hecho pasar por Merlín un par de capítulos mas atrás. Este personaje decía que la Condesa Trifaldi estaba esperando fuera y quería hablar con Don Quijote porque le necesitaba por temas caballerescos. Don Quijote y el Duque accedieron a que entrara y esperaron a que llegara.

CAPITULO 37

Mientras todos estaban esperando a que la condesa Trifaldi hiciese aparición se produjo una conversación entre Sancho, la dueña doña Rodríguez y la Duquesa en la cual cada uno dio su opinión acerca de si este tipo de mujeres tienen alguna función en este mundo o si simplemente sirven para adornar y para tener ocupado un puesto en la sociedad que luego no sirve de nada y lo único que hace es gastar dinero publico con su mantenimiento.

CAPITULO 38

Cuando la Trifaldi apareció, precedida de doce doncellas, pregunto si se encontraban allí Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza. Cuando Don Quijote y Sancho se presentaron ate ella comenzó a contarles su historia, con una voz ronca y poco femenina.

Ella había ayudado a una princesa, Antonomasia hija y heredera del rey Archipiela y de la reina Maguncia de Candaya, a conseguir el amor de un caballero llamado Don Clavijo. Debido a su intención Antonomasia se había entregado a Don Clavijo y tenían intención de casarse.

CAPITULO 39

Cuando la madre de Antonomasia se entero de que su hija se había casado con un hombre de linaje mas bajo que ella, se enojo tanto que a los tres día murió. Un día después de su muerte apareció el gigante Malambruno, primo hermano de la madre de Antonomasia, en un caballo de madera y para vengarse de la muerte de su prima convirtió a Antonomasia y a Don Clavijo en estatuas de diversos metales. Y para culminar la venganza hizo crecer barbas a todas las doncellas del palacio para vengarse así de la intercesión de la Trifaldi.

Una vez dijo eso y para que los allí presentes se lo creyeran se descubrieron la cara y mostraron como tenían todas unas barbas bastante considerables.

CAPITULO 40

Después de haberle contado la historia a Don Quijote le acabo pidiendo que por favor fuese a luchar con Malambruno ya que este había dicho que solo desharía el encantamiento en caso de que Don Quijote de la Mancha fuese a luchar contra él. Cuando Don Quijote acepto la Trifaldi le dijo que Malambruno había dicho que mandaría un caballo de madera, llamado Clavileño, el cual llevaría a Sancho y a Don Quijote a donde se encontraba él, que estaba a 3220 leguas por el aire y en línea recta sobre Clavileño.

CAPITULO 41

Por la noche llevaron a Don Quijote y a Sancho hacia el caballo y le dijeron que deberían taparse los ojos porque la altitud que iban a alcanzar era muy grande y le podían marear. Don Quijote y Sancho accedieron, y al momento les dijeron que para activar el caballo había que mover una clavija que se encontraba en el cuello del caballo. Y para bajarse del caballo cuando llegasen tendrían que esperar a que este relinchara.

Cuando Don Quijote apretó la clavija todos los allí presentes se despedían como si realmente se estuvieran moviendo, incluso imitaban el calor de la altitud y el movimiento del viento. Al cabo de un rato los allí presentes encendieron la cola de Clavileño el cual al estar lleno de cohetes salió disparado por el aire tirando a Don Quijote y a Sancho al suelo. Cuando se levantaron vieron que no se habían movido de lugar y que a su alrededor estaban los mismos personajes que antes y observaron también que junto a ellos había una lanza con un mensaje el cual decía que Don Quijote había vencido con solo intentarlo y que Malambruno se contentaba con eso y había desencantado a la Trifaldi y a sus doncellas. También decía que igualmente se desencantaría Dulcinea en cuanto Sancho cumpliera lo prometido. Cuando el Duque leyó la carta felicito efusivamente a Don Quijote por su hazaña.

Sancho le dijo a la Duquesa que durante su viaje en Clavileño se había quitado el pañuelo y había visto como el mudo y las personas eran muy pequeñas desde esas alturas, la Duquesa al decirle que eso era imposible Sancho le respondió que mediante el encantamiento nada era imposible. Sancho prosiguió contando que había estado tan cerca del sol que había podido comprobar que realmente era muy grande, también dijo que se habían detenido en la constelación de las siete cabrillas ya que como Sancho había sido cabrero se entretuvo un poco con ellas.

CAPITULO 42

Cuando los Duques se dieron cuenta de que las bromas funcionaban y Don Quijote y Sancho no se daban cuenta de nada decidieron proseguir con ellas para reírse más. Mas tarde el Duque le dijo a Sancho que se preparara por que al día siguiente irían a la ínsula en la que Sancho gobernaría. Al oír esto Don Quijote se apartó con Sancho un momento para aconsejarle acerca de cómo tenia que comportarse como gobernador de una ínsula.

Primero la aconsejó acerca del alma. Don Quijote le dice que se haga amigo de Dios, que no se avergüence de su linaje ya que si no se avergüenza él nadie se avergonzara nunca de él. También le dijo que en caso de que fuesen sus parientes a visitarlos que no los desprecie y en caso de que enviudase que supiera elegir bien a la mujer ya que en ocasiones son estas las que ayudar a gobernar. También le dijo que juzgase igual a un rico que a un pobre pero que atendiese mas a las lagrimas de un pobre ya que son los que no tienen nada en este mundo.

CAPITULO 43

En este capitulo Don Quijote le comienza a dar consejos a Sancho acerca del cuerpo.

Don Quijote le dice a Sancho que se debe de mantener limpio y aseado, que no debe4 de comer nada que le haga oler mal, que no debe comer demasiado ni muy deprisa por que sin no puede dar una mala impresión y también le dice que no diga tantos refranes como solía decir siempre ya que le harían quedar muy mal.

Don Quijote al final le dice que debe de gobernar bien ya que las responsabilidades que acarrearan su mal gobierno caerían también sobre él y no quiere sentirse culpable de ningún mal mandato. Sancho al oír esto le dice a Don Quijote que si él lo desea dejara el cargo de gobernador ya que no quiere que su amo sufra consecuencia alguna de lo que él pueda hacer mal. Don Quijote al oír que Sancho está dispuesto a dejar de ser gobernador de una ínsula para que él no que de mal en ningún momento le dice Sancho que merecería mil ínsulas ya que sus razonamientos son sabios y correctos.

CAPITULO 44

Al partir Sancho hacia su ínsula se despidió de todos y se montó en el Rucio y comenzó su camino. Con él estaba el mayordomo, que había fingido ser la Trifaldi, al verlo Sancho se lo comentó a Don Quijote el cual al comprobar que lo que Sancho decía era cierto se quedó frustrado y acabo diciendo que eso no podía ser así ya que seria una gran contradicción.

A la marcha de Sancho se quedó Don Quijote solo y al notarlo la Duquesa le ofreció un par de doncellas para que le sirvieran. Don Quijote las rechazó diciendo que él era un caballero andante y no necesitaba doncellas de ningún tipo. Cuando Don Quijote estaba apunto de marcharse a la cama abrió la ventana y vio como una doncella, Altisidora, cantaba un romance burlesco en el cual declaraba su amor a Don Quijote.

Don Quijote al oír esto le dijo a Altisidora que él ya tenia una dama y que por nada le seria infiel. Y mediante varias comparaciones reafirmó su amor hacia Dulcinea del Toboso, su dama.

CAPITULO 45

Cuando Sancho llegó a su ínsula, Barataria, le recibieron con mucho afecto y cariño. Al verle le llevaron a la iglesia y allí le dieron las llaves de la ciudad y le admitieron como gobernador perpetuo.

Al momento le llevaron al juzgado donde comenzó a ejercer como gobernador en unos juicios que le presentaron los habitantes de la ínsula.

En el primer juicio le sucedió lo siguiente: era un señor que le fue a pedir a un sastre que le hiciera una caperuza con un tipo de tela que él le llevaba, pero como era tan desconfiado y temía que el sastre se quedara con un trozo de tela le dijo que le hiciera las máximas posibles, al final el sastre le dijo que le podía hacer cinco caperuzas. El problema estaba en que el sastre había hecho unas caperuzas diminutas haciendo caso a que el hombre quería cinco. Entonces el sastre le exigía al hombre el dinero que se había ganado haciendo esas caperuzas, mientras que el hombre le exigía al sastre el trozo de tela que le había dado. Sancho al ver esto decidió que ninguno de los dos tuviera lo que pedía ya que ambos habían sido muy desconfiados con el otro.

La segunda historia contaba lo siguiente: un hombre había recibido prestados diez ducados y no se los quería devolver a su dueño original porque decía que ya se los había devuelto. El primer hombre le dio al segundo una caña que tenia en la mano y juro ante todos que ya se los había devuelto y entonces se fue recuperando su caña antes. Sancho al darse cuenta de esto le mando que le diese la caña al hombre que le había dejado los diez escudos y le dijo que con la caña ya estaba pagado. La sorpresa vino cuando el hombre rompió la caña y vio que dentro de ella estaban los diez escudos.

En el tercer caso se contaba lo siguiente: una mujer llegó ante Sancho diciendo que un hombre la había forzado en mitad de un camino y no la quería indemnizar. El hombre decía que la mujer se le había ofrecido y que ya le había pagado lo justo por esos trabajos. Sancho le dijo al hombre que le diese una bolsa que tenia llena de dinero, y cuando se fue la mujer le mando salir detrás de ella para recuperar la bolsa. Al cabo de un rato regresaron el hombre y la mujer solo que ambos unidos a la bolsa ya que la mujer no la quería soltar por nada del mundo. Sancho al ver esto le dijo a la mujer que se hubiera puesto tanto empeño en defenderse como lo esta poniendo ahora en agarrar la bolsa nadie la habría forzado en el campo. Les mando ir y le devolvió la bolsa de dinero al hombre.

CAPITULO 46

Un día al salir Don Quijote se encontró a Altisidora y a una amiga, al ver a Don Quijote Altisidora fingió que se desmayaba para que Don Quijote se fijase en ella. Don Quijote al verla le dijo a su amiga que esa noche se quedaría él mismo haciendo la compañía para que se desengañara. Por la noche comenzó a cantarle un romance a Altisidora en el cual le decía que el solo estaba enamorado de una mujer y que sus sentimientos no se cambiarían por nada ni por nadie. En el jardín estaban las Duques y otras gentes del castillo.

Desde un corredor cercano a la reja de Don Quijote descolgaron un saco lleno de gatos los cuales al meterse en la habitación de Don Quijote comenzaron a montar un escándalo tan grande que parecía que en la habitación se estaba librando la mayor batalla jamas vista. Don Quijote sé penso que la habitación estaba llena de encantadores y, puesto que estaba a oscuras, comenzó a dar espadazos contra los gatos. Entonces uno de los gatos se le subió a la cabeza y le araño y mordió la cara.

CAPITULO 47

En la ínsula de Sancho era la ora de comer y sus sirvientes le llevaron a un gran palacio donde le iban sirviendo grandes platos de comida. Con el pequeño inconveniente de que cada vez que tenia un plato de comida delante un medico que estaba junto a él mandaba que se lo quitaran con lo cual es fácilmente imaginable el hambre que estaba pasando el pobre Sancho.

Cuando Sancho estaba apunto de comer algo decente llegó una carta del Duque diciendo que existía una conspiración contra él y seria recomendable que no comiera nada de lo que le ofrecían. Entonces Sancho sé tubo que contentar con un racimo de uvas y un poco de pan.

Mientras Sancho comía la poca comida que le permitían comer apareció un labrador que le comenzó a contar su vida. Sancho después de escucharle le pregunto que era lo que quería. Entonces el labrador le pidió a Sancho que le diese 300 o 600 ducados para poder celebrar la boda de su hijo y una carta para que su futuro consuegro accediese a la boda con su hijo.

Sancho se enfado tanto al oír esto que el medico que estaba allí le prometio darle de comer para evitar enfados similares.

CAPITULO 48

En una de las noches en que Don Quijote dormía apaciblemente escucho como alguien entraba silenciosamente en su habitación. Pensando que era Altisidora que quería perturbar su honestidad se puso de pie encima de la cama. Al entrar la dueña Rodríguez vio a Don Quijote de esa manera y ambos se asustaron enormemente.

Después de ese susto la dueña comenzó a decirle a Don Quijote que le necesitaba por temas caballerescos.

La señora comenzó a contarle a Don Quijote su historia, en la cual decía que ella tenia una hija que había sido seducida por el hijo de un siervo del Duque, el cual le había pedido matrimonio a la pobre niña. También le dijo a Don Quijote que ya le había pedido con anterioridad al Duque que la ayudara pero este no le hacia caso a la dueña por que este labrador solía prestarse dinero y arreglarle algunos chanchullos.

En un momento de su conversación la dueña comenzó a meterse con Altisidora y con la Duquesa. Después de haber dicho esto la dueña se apagaron las luces de extraña manera y Don Quijote y la dueña comenzaron a recibir pellizcos a azotainas. Después de esta peculiar batalla ambos acosadores se marcharon de la habitación, la dueña salió de la habitación de Don Quijote llorando y Don Quijote se quedó sin saber que extraños encantadores le habían hecho eso.

CAPITULO 49

De vuelta en la ínsula de Sancho este se empeño en hacer una ronda de noche para ver la clase de gente que se paseaba por su ínsula de noche y limpiarla a ser posible de mala gente.

En esta ronda vio, primero, a un muchacho que le dijo que nadie conseguiría hacer que él durmiera una sola noche en la cárcel, al preguntarle Sancho si era por que dudaba de su autoridad él muchacho le dijo que no era cuestión de autoridad sino que él se pasaría toda la noche sin dormir.

Después de esto vio Sancho a una muchacha vestida de niño a la cual le pregunto porque iba vestida de esa manera. La muchacha le contó a Sancho que se había disfrazado de niño por que su padre no la dejaba salir desde que había muerto su madre. Entonces entre su hermano y ella habían decidido cambiarse las ropas para que así pudiera salir sin que su padre se diera cuenta. Después de haber oído esto Sancho decidió llevar a la muchacha a casa.

Después de esta noche Sancho seguía demostrando a todos los habitantes de la ínsula su gran sensatez y juicio.

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marzo 12, 2010

dON QUIJOTE 2 PARTE RESUMEN

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CAPITULO 11

Estaba Sancho acomodando el caballo y el burro cuando olió cabra asada, cuando pretendía acercarse vio a unos cabreros que se estaban sentado alrededor de la cabra.

Estos pastores ofrecieron comida y un sitio entre ellos a Don Quijote y a Sancho, el cual rechaza la comida, pero Don Quijote le ordena sentarse y comer. Mientras Don Quijote estaba comiendo bellotas recuerda como la época en que todo era mejor y cuando los hombres se entendían mas y todo en general era mejor.

Estaban todos comiendo cuando apareció un amigo de los cabreros recitando un romance. Al terminar uno de los cabreros le curo la oreja a Don Quijote con unas hojas curativas. Al terminar se fueron todos a dormir.

CAPITULO 12

En este capitulo se nos narra como un cabrero estaba anunciando la muerte de un pastor que falleció debido a los amores de una moza muy hermosa, Marcela.

Don Quijote que era desconocedor de esta historia se intereso por ella y el pastor de buen grado accedió a contársela. El pastor le contaba a Don Quijote que esta buena moza rechazaba a todos los hombres e incluso su tío la intentaba casar pero ella se negaba. También le contaba que al día siguiente era el entierro pero que no debería ir ya que no era de buen ver que estuviese en el entierro gente desconocida.

Al final todos se fueron a dormir normalmente, pero Don Quijote durmió en la choza.

CAPITULO 13

En este capitulo se nos cuenta la conversación que mantiene Don Quijote con los pastores en el camino del entierro.

Los pastores loe preguntaron a Don Quijote que como es que iba tan armado por esas tierras tan tranquilas. Don Quijote les explicó que él era un caballero que en lugar de ofrecer las victorias a Dios se las ofrecía a su amada, ya que todos los caballeros andantes tenían que tener una amada, explicaba Don Quijote a los pastores. Al final todos los pastores penaron que Don Quijote estaba loco.

Cuando llegar al lugar del entierro vieron que estaba lleno de pastores, y entre todos se veía a Crisónomo, el pastor muerto, en un baúl lleno de papeles. Uno de los pastores cogió uno de los papeles en donde había escrito sus últimos versos Crisónomo.

CAPITULO 14

En la canción de Crisónomo se expresan los sentimientos de Crisónomo en su etapa final de la vida en la que contaba como su amor hacia Marcela no le era correspondido ya que él le ofrecía todo su amor y sin embargo ella le rechazaba continuamente.

Así durante todo el cantar se repiten constantemente palabras como confusión, celos, ausente, desdeñado, mil heridas dentro del corazón de Crisónomo y un sentimiento desconcertador de la vida, sin olvidar la belleza física y espiritual de Marcela.

Cuando terminó todos se dieron cuenta de la crueldad de Marcela y Ambrosio, amigo de Crisónomo, añadió que este cantar lo había escrito mientras Marcela se encontraba ausente.

Al acabar este cantar apareció Marcela diciendo que ella no-tenia culpa de la muerte de Crisónomo ya que si tuviera que corresponder todos los amores que le han declarado no acabaría nunca. También añadió que él era libre y que el amor también debía serlo siendo de esta manera un amor voluntario y en ningún caso forzado. Además comento que ella vivía en las montañas para no molestar a nadie y para vivir sola, que culpa tenia ella de que Crisónomo se hiciera ilusiones sin darle ella ninguna esperanza.

En cuanto concluyo Marcela Don Quijote la respaldó inmediatamente diciendo que ella no había tenido la culpa de la muerte de Crisónomo.

Una vez que enterraron a Crisónomo, Don Quijote se despidió de todos y a su vez unos pastores le dijeron que podía ir a Sevilla, tierras de grandes aventuras, pero Don Quijote no aceptó hasta que no acabase todo el mar de por la zona.

CAPITULO 15

Don Quijote se despidió de todas las personas que se encontraban en el entierro y se marcho. Durante un par de horas intento seguir a Marcela pero al cabo de ese tiempo se paro en un claro par dormir un rato.

Rocinante que vio una yeguas salió detrás de ellas, tanto las yeguas como los dueños de ellas comenzaron a golpear al pobre Rocinante, Don Quijote al verlo fue a luchar contra las personas que estaban golpeando a su caballo, pero al ser mas de 20 tanto Don Quijote como Sancho resultaron apaleados. Así Don Quijote creyó que su derrota en la batalla se debía a que esas personas no eran caballeros y que el solo debía luchar contra caballeros, así que le dijo a Sancho que él que debía pelear era él puesto que no era un caballero y Don Quijote sí. Pero Sancho se negó alegando que él era un hombre pacifico.

Al poco tiempo ambos se levantan ya que debían encontrar un lugar para pasar la noche. Así encontraron una venta la cual confundió Don Quijote con un castillo, Sancho le corrigió y le dijo que era un simple venta, pero Don Quijote comienza a discutir con Sancho ya que él pensaba que la venta era un castillo.

CAPITULO 16

Una vez que ya hubieron entrado en la venta fueron atendidos por la mujer del ventero y la hija que le pusieron a Don Quijote una cama muy mal hecha. A Sancho le atendió la sirvienta, que le puso una cama peor todavía que la de Don Quijote.

Cuando hubieron acabado de curarles les dejaron ir a sus respectivas comas para descansar, pero en su misma habitación había otra persona, un Harriero, el cual había quedado por la noche con la sirvienta. De esta manera a la hora de la cita entraba la sirvienta a la habitación y Don Quijote creyéndose que era una hermosa dama la cogió de las manos y la comenzó a alabar (según palabras de Cervantes la mujer era enormemente fea). Al poco rato escuchó esto el Harriero y sigilosamente se acerco a Don Quijote y comenzó a darle golpes en la espalda. La cama al no ser de muy buena calidad se cayó y produjo un ruido que despertó al ventero, que penso que era la criada que había hecho una de las suyas. La criada se escondió en la cama de Sancho con la mala fortuna de que este comenzó a pegarla, al ver esto el Harriero y el ventero comenzaron a pegar a Sancho. Un cuadrillero que estaba durmiendo en una habitación cercana se despertó con todos estos ruidos y se acerco para ver que sucedía, al ver a Don Quijote tumbado en el suelo y con sangre en la espalda se lo dijo rápidamente a todos los que en esa habitación se encontraban.

Todos dejaron de golpearse mutuamente y se fueron de la habitación que dando allí Don Quijote, Sancho y el cuadrillero que fue a buscar un candil para ver mejor dentro de la habitación.

CAPITULO 17

Don Quijote y Sancho en cuando notaron la tranquilidad comenzaron a preguntarse mutuamente que tal se encontraban. Don Quijote comenzó a hablar sobre lo que había ocurrido creyéndose que era la hermosa hija del ventero la que se había acercado a él. Posteriormente se acercó el cuadrillero y le pregunto a Don Quijote que tal se encontraba, al responderle Don Quijote toscamente el cuadrillero le arrojo el candil sobre la cabeza, creyendo Don Quijote que el cuadrillero estaba encantado.

Al momento Don Quijote le pidió a Sancho unos ingredientes para fabricar una poción mágica que le curaría totalmente de sus males físicos. Cuando dicha poción se encontraba realizada Don Quijote se la bebió produciéndole grandes arcadas y vómitos a su vez Don Quijote pedía que le dejaran dormir en paz. Al despertarse Don Quijote este se creía que se encontraba curado del todo y así se lo hizo saber a Sancho. Sancho al observar el resultado también quiso beber de esa extraña poción, y también a él le produjo grandes arcadas y vómitos, solo que a Sancho no le produjo ningún efecto beneficioso. Don Quijote dijo que a Sancho no le podía hacer ningún efecto bueno ya que la poción solo era para caballeros y Sancho no era caballero.

A las 2 horas Don Quijote obligo a Sancho a irse de la venta. Pero mientras esto sucedía el ventero le recriminaba a Don Quijote que tenia que pagar su estancia en la venta, pero Don quijote se negó a pagar ya que aquello era un castillo y los caballeros en los castillos no deben pagar. El ventero al ver que Don Quijote no reaccionaba se lo dijo a Sancho pero este dijo que el escudero tampoco debía pagar. Al ver esto unos hombres que estaban en la venta comenzaron a manterar al pobre Sancho y le echaron una jarra de agua fría sobre la cabeza, al poco tiempo los hombres dejaron marchar al pobre Sancho de la venta y así proseguir su camino, pero eso sí se quedaron con sus alforjas.

CAPITULO 18

Don Quijote se piensa que aquella venta estaba encantada, pero Sancho le corrige diciendo que no, ya que había oído voces humanas mientras le manteaban.

Mientras continuaban su camino Don Quijote diviso dos humaredas que se podían ver desde donde se encontraban. Así que Don Quijote llegó a la conclusión de que esas humaredas procedían de dos ejércitos que se estaban enfrentando. Don Quijote y Sancho se subieron a una colina para ver mejor la supuesta batalla, y una vez allí Don Quijote comenzó a decir personajes famosos, describiendo la batalla y las armas que llevaba cada ejercito.

Cuando ya estaban mas cerca Sancho se percató de que las humaredas procedían de unos rebaños de ovejas, y se lo hizo saber a Don Quijote, pero este se empeño en que eran ejércitos y se avalando sobre la ovejas. Los pastores le empezaron a tirar piedras causándole heridas y rompiéndole alguna muela.

Don Quijote le preguntó a Sancho que si tenia alguna muela rota y Sancho al ver eso vomito. Mas tarde cuando ya se encontraban preparados tuvieron ganas de comer pero al no tener las alforjas con la comida no pudieron satisfacer su apetito.

Posteriormente Don Quijote le pide a Sancho que elija un camino para continuar con sus aventuras.

CAPITULO 19

Sancho le comenta a Don Quijote que todas estas desventuras que están padeciendo son debidas a que Don Quijote había roto su juramento de no comer pan (aquí Cervantes se descuida ya que en ningún momento anterior había nombrado este juramento). Don Quijote le dice que tiene razón pero que él también tiene parte de culpa ya que no se lo había recordado.

De esta forma se hizo de noche y vieron a través del camino unas luces que se acercaban. Cuando ya se encontraban muy próximas Don Quijote les pregunto que de donde venían, entonces la mula de uno de ellos se asusto y tiro al suelo al hombre que la montaba y todos los demás huyeron. Don Quijote enojado apuntó con su lanza al hombre que se encontraba en el suelo y le volvió a preguntar que de donde venían. El hombre le dijo que era un religioso y lo que llevaban era un muerto. Así Don Quijote llamó a Sancho, el cual aprovechando la oscuridad había estado robando algunos alimentos, para que ayudase a levantar al pobre religioso.

Sancho a su vez presentó a Don Quijote como “El Caballero de la triste figura” y Sancho ante la curiosidad del monje del porque de ese nombre dijo que era porque no tenía muelas y porque la cara la tenia muy delgada de no haber comido en todo el día.

Así se despidieron del monje y se fueron a un prado a comer los alimentos que habían robado.

CAPITULO 20

Después de haber puesto los restos de comida sobre los caballos comenzaron a caminar por el prado arriba guiados por el instinto, y que era muy de noche y la visibilidad era prácticamente nula.

Se oían grandes ruidos los cuales asuntaban a Sancho, y viendo esto Don Quijote le dijo a Sancho: yo soy quien ha de resucitar los de la tabla redonda, los 12 de Francia y los 9 de la fama; y mientras tanto los ruidos no cesaban.

Una vez dijo esto Don Quijote le dijo a Sancho que esperase ahí durante 3 días y que si en ese plazo no volvía que regresara a la aldea y le dijese a su amada Dulcinea que su amado caballero había muerto luchando en la oscuridad. Sancho al oír esto se puso a llorar y le dijo que no se marchara todavía y que esperase a mañana, pero al ver que Don Quijote no le hacia caso le ato las patas a Rocinante para que no pudiese cabalgar y Don Quijote al ver que su caballo no cabalgaba decidió esperar al día siguiente.

Durante esa noche Sancho comenzó a contar un cuento de un cabrero pero no lo pudo acabar debido al constante ruido que se oía.

Así paso la noche y ya al amanecer se ponen en camino de aquel enorme ruido, llegaron a unas peñas en donde encontraron unas casa mal hechas, Don Quijote se acercó y cuando se dio cuenta de lo que era ese ruido agacho la cabeza. Cuando Sancho lo vio se comenzó a reír.

Finalmente él capítulo termina con otra de las habituales discusiones entre Sancho y Don Quijote.

Capitulo 21

En este capitulo se nos narra la aventura que tiene Don Quijote para recuperar el yelmo de Mambrino y las esperanzas o ilusiones que se hacen Don Quijote y Sancho de ser reyes y nobles gracias a su gran fama y valentía.

Al principio del capitulo se nos cuenta como Don Quijote cree estar viendo a lo lejos el famoso yelmo de Mambrino, el cual, según Don Quijote, lo lleva un caballero que va montada en un gran caballo. Al momento de manifestar Don Quijote su interés por este yelmo Sancho se apresura en decirle que no saque conclusiones precipitadas que puede armar una buena. Don Quijote sin hacerle caso se abalanza sobre este pobre hombre arrebatándole así el supuesto yelmo de Mambrino. Lo más interesante de esta pequeña aventura es que el “yelmo de Mambrino” no era mas que una simple bacía de azófar que solían utilizar los barberos.

Una vez hubo acabado este pequeño percance Don Quijote y Sancho comenzaron a fantasear sobre su futuro como caballeros. Don Quijote le contó a Sancho que si se hacían famosos Don Quijote acabaría casándose con la hija de un gran rey y a la muerte del rey este heredaría su reino y haría casar a Sancho con la mejor doncella que la hija del rey tuviese. Al acabar esta extraña conversación acordaron trabajar duramente para conseguir la fama suficiente como para poder ocupar los lugares deseados como rey y noble principal de ese imaginario reino.

Capitulo 22

En este capitulo se nos cuenta otra aventura de Don Quijote y Sancho en la cual nuestros dos personajes se encuentran con muchos malhechores que van a cumplir condena en las galeras del rey.

Don Quijote y Sancho iban caminando tranquilamente por un descampado cuando encontraron en su camino a unos galeotes, presos, que iban escoltados por unos comisarios armados. Don Quijote al ver que estos presos iban encadenados se interesó del porque de esta inhumana situación. Sancho se lo intento explicar, pero al no quedar satisfecho este comenzó a preguntarle a los galeotes el porque de su condena. Los galeotes comenzaron uno por uno a explicarle a Don Quijote el porque se encontraban encadenados y condenados a trabajar en las galeras del rey.

Don Quijote al considerar injusto, que esos hombres estuvieran condenados por algo que él no consideraba una pena mayor, decidió liberarlos y dejarlos marchar en paz. Al acabar esta pequeña batalla entre los galeotes y Don Quijote contra los comisarios, Don Quijote les dijo a los galeotes que fueran a visitar a su amada Dulcinea del Toboso a contarle que el caballero de la triste figura, Don Quijote, les había liberado de sus cadenas y penas. Los galeotes además de negarse a cumplir este pequeño mandato comenzaron a apedrear y saquear a Don Quijote y a Sancho, dejándoles a la intemperie casi desnudos.

Capitulo 23

En este capitulo se nos narra como Don Quijote y Sancho se refugian en Sierra Morena para así huir de la santa hermandad que les perseguían.

Mientras estaban Don Quijote y Sancho durmiendo se acercó allí uno de los galeotes que habían escapado en el capitulo anterior y le robó a Sancho su asno para mas tarde venderlo y sacar así algún dinero, ya que por el caballo de Don Quijote, Rocinante, no ganaría ni una sola moneda.

Después de que Don Quijote hubiera consolado al pobre Sancho prometiéndole que le conseguiría cinco asnos mas, ambos personajes comenzaron a andar por esa angosta sierra en busca de nuevas aventuras. Poco después de este desafortunado incidente se toparon Don Quijote y Sancho con un cojín y una maleta, la cual tenia varias comisas, un librillo y una bolsa con un montoncito de escudos de oro.

Don Quijote al leer el librillo se intereso por saber quien podría ser el dueño a sí que él y Sancho se dispusieron a buscarle a trabes de esa angosta sierra. Al cabo de un considerable tiempo encontraron a un cabrero que les contó todo lo que sabia sobre ese misterioso personaje.

Este cabrero les contó que este era un hombre loco por momentos, ya que en ocasiones se comportaba de forma muy caballerosa y cortes y en otras ocasiones se comportaba de una forma muy brutal y loca. El cabrero había acordado junto con unos amigos el llevar a este peculiar personaje a la villa de Almodovar para que le pudieran curar y también para que tanto el cabrero como Don Quijote se pudiesen informar de quien era ese misterioso hombre.

Capitulo 24

Cardenio, que así se llamaba el hombre loco que vivía en Sierra Morena, estaba muy agradecido por la ayuda que en un principio le querían dar los tres personajes anteriormente nombrados y a cambio de estas, supuestas, ayudas les comenzó a contar una historia.

Cardenio pertenecía a una familia rica y estaba enamorada de Luscinda hija también de otra familia rica. Cuando Cardenio había conseguido el consentimiento del padre de Luscinda para casarse con ella, el padre le comunico que tenia que irse a la casa del Duque Don Ricardo. Cardenio mantenía una gran amistad con el hijo del Duque Don Ricardo con el cual tenia una confianza absoluta. En una de las cartas que la amada le manda a Cardenio le pide que le envíe el Amadis de Gaula, al oír Don Quijote el nombre de este peculiar libro comenzó a relatar historias de este libro y de otros que él consideraba interesantes. Tras este peculiar paron Cardenio continuo contando su historia y llegó un momento en el que se puso a hablar de la reina Madasima, Don Quijote tras oír esto Don Quijote le comenzó a tratar como un loco y como un mentiroso. Cardenio al ver la actitud de Don Quijote le tiro un guijarro que había junto a él, Sancho y Cardenio sufrieron el mismo ataque que Don Quijote.

Capitulo 25

Cuando Don Quijote y Sancho se estaban adentrando en la sierra Sancho le dijo a Don Quijote que se quería volver a casa y que estaba harto de las aventuras y andanzas de Don Quijote. También le dijo que no entendía por que quería encontrar a Cardenio ya que este no iba a continuar contando la historia que había comenzado. Don Quijote le dijo que debía impedir que alguien tan loco como Cardenio fuese diciendo mentiras de una reina tan y honrada como Madasima.

Mientras tanto llegaron a un lugar donde Don Quijote se detuvo para hacer penitencia, imitando así a Amadis de Gaula, de esta forma comenzó a gritar en lo alto de una montaña diciendo que estaba haciendo penitencia por su amada Dulcinea del Toboso.

Tras haber acabado la penitencia Don Quijote le dice a Sancho que tiene que ir a pasar 3 días con Dulcinea y en esos días le tiene que contar todo lo que había hecho Don Quijote en honor de Dulcinea, y que además le tenia que llevar una carta a Dulcinea departe de Don Quijote. Sancho le pregunta que quien era Dulcinea del Toboso y Don Quijote le dice que su verdadero nombre es Aldanza Lorenzo.

Sancho al oír este nombre comienza a hablar mal de ella y se enzarza en una pequeña pelea con Don Quijote. Acabado esto Don Quijote comienza a escribir la carta que le mandaría a su amada y tras leerla se la entrega a Sancho para que monte encima de Rocinante y se la lleve.

Capitulo 26

Cuando se marchó Sancho Don Quijote se encontró solo y sin saber que hacer y entonces decidió imitar al Amadis de Gaula en sus todos y actitudes melancólicas, tras esto comienza a alabar al Amadis de Gaula y que sea imitado por todos en cuanto pudiesen.

Tras rezar un millón de avemarías nos comienza a relatar una poesía en la cual nos describe el paisaje en el que se encuentra. Al no tener nada de que sustentarse comienza a buscar algunas de hierbas para poder mantenerse. Entonces Cervantes pasa a contarnos lo que le sucedía a Sancho.

Al llegar Sancho a la venta ve salir de allí al cura y al barbero que al reconocerle le preguntan por su amo, Sancho le comienza a relatar todo lo que les había sucedido incluyendo la carta que llevaba encima. Cuando el cura y el barbero le piden la carta para leerla Sancho se da cuenta que no la encuentra y comienza a recordar que trataba. Los dos hombres al darse cuenta de que la carta no-tenia sentido alguno se comenzaron a reír de la poca memoria que tenia el pobre de Sancho que no se acordaba de lo que iba la carta. Mas tarde le ofrecieron algo de comida y decidieron ir a buscar a Don Quijote par llevarle con su amada Dulcinea del Toboso.

Capitulo 27

Se vistieron el cura, el barbero y Sancho con ropa apropiada para ir a buscar a Don Quijote y contarle que dulcinea le enviaba un mensaje hablado en el cual requería su presencia ante ella. Sancho fue a buscar a Don Quijote mientras el cura y el barbero les esperaban.

Mientras estaban esperando noticias de Sancho y Don Quijote escucharon como Cardenio se acercaba a ellos y al ver que el cura y el barbero conocían el principio de su historia decidió contársela de nuevo hasta el final, que dice así:

Repitió la historia hasta que comenzó a decir que Don Fernando había separado de Luscinda al pobre de Cardenio, al poco tiempo recibió una carta de Luscinda en la cual decía que su padre había acordado con Don Fernando el próximo casamiento de Luscinda con este. Al oír esto Cardenio se apresuro en irse junto a su amada para hablar con ella antes de la boda. Luscinda acordó que si no conseguía anular la boda antes de “sí quiero” se mataría con una daga que llegaba escondida. Cuando Cardenio aprecio como su amada pronunciaba el “sí quiero” sin hacer nada para evitarlo decidió refugiarse en esos montes para allí pasar el resto de su vida.

Cuando Cardenio acabo de contar esto se oyó una voz que lloraba también penas de amores.

Capitulo 28

Cuando se pusieron a buscar a la persona que de la cual procedían esos llantos encontraron a una mujer que también tenia una historia que contar. Esta mujer afirmo llamarse Dorotea y decía que estaba allí ya que un hombre llamado Don Fernando le había prometido matrimonio pero este la dejo tras conseguir sus propósitos, días después se había enterado de que este Don Fernando iba a casarse con Luscinda pero esta en el momento de la boda se había desmayado encontrando en su vestido una nota que decía que ella en realidad quería a Cardenio pero que había dicho que si por no desobedecer a sus padres y que tenia la intención de matarse si no la dejaban estar con Cardenio, lo que se confirmo tras encontrar también una daga en su vestido. Después de este acontecimiento Fernando entro en cólera e intento matar allí mismo a Luscinda pero los invitados se lo impidieron. A los pocos días Fernando salió de la ciudad sin dejar rastro alguno y al poco tiempo Luscinda hizo lo mismo.

Capitulo29

Al final de todo Cardenio le confiesa a Dorotea su identidad y le dice que no descansara hasta verla con el que debiera de ser su esposo Don Fernando.

Al poco tiempo escucharon que Sancho llegaba y les decía que había encontrado a Don Quijote desnudo y casi muerto de hambre y que había dicho que no aparecería ante su amada, Dulcinea, hasta que se hubiera convertido en un gran caballero digno de su amada.

Acordaron que Dorotea se hiciese pasar por la princesa Micomicona que iba en busca de Don Quijote para que este matase a un gigante. Se subió Dorotea a la mula del cura y así salir en busca de Don Quijote. Cuando Dorotea encontró a Don Quijote le dijo que no podía comenzar otra nueva aventura a menos que vengara primero al que entro en el reino de esta princesa, Don Quijote caballerosamente accedió y le dijo a Sancho que armase a Rocinante que seguirían a la princesa hasta donde ella mandase.

Cuando se encontraron Don Quijote, la princesa y Sancho con el cura, el barbero y Cardenio fingieron un encuentro casual para así acompañarles. Por el camino el cura le contó a Don Quijote que el había ido con el barbero a cobrar unos impuesto pero que se los habían robado unos galeotes que, probablemente, habría liberado un loco. A todo esto Don Quijote no sabia que decir pues había sido él quien liberó a los galeotes.

Capitulo 30

Al poco tiempo Sancho les contó a todos que había sido Don Quijote el que había liberado a los galeotes. Don Quijote rápidamente dijo que su misión como caballero era ayudar a los desgraciados y no descubrir si sus penas eran verdaderas o falsas.

Para calmar la rabia de Don Quijote Dorotea se comenzó a inventar la historia de la princesa Micomicona, su supuesta historia. Ella era hija del rey Tinacrio el Sabidor y de la reina Jaramilla. El rey predijo que el gigante Pandafilando le pediría matrimonio a la princesa Micomicona, pero como esta no se quería casarse con el gigante partió a buscar a un caballero que la salvase del gigante y que posteriormente se casase con ella.

Al oír esto Don Quijote se lo dijo a Sancho el cual se alegró al saber que ya tenían un reino al que mandar. Pero Don Quijote le dijo al momento que él le cortaría la cabeza al gigante pero que no se casaría con ella ya que estaba enamorado de Dulcinea.

Tras oír esto Sancho se enfadó profundamente y llego a decir que Dulcinea no merecía a Don Quijote lo que produjo el gran enfado de Don Quijote que llego a arrearle varias veces.

A lo lejos vieron venir a un hombre montado en el asno de Sancho por lo que Sancho comenzó a gritar al hombre que lo montaba escapando y dejando al asno libre. Sancho al volverse a encontrar con su asno comenzó a besarle como si de una persona se tratase. Don Quijote dijo que todavía mantenía la promesa de regalarle tres asnos más. Al poco rato Don Quijote le dijo a Sancho que le contara todo lo que había sucedido en el viaje que tubo hacia la casa de Dulcinea.

Capitulo 31

Sancho al no saber que decir no hacia mas que decirle mentiras a su amo acerca de la supuesta conversación que mantuvo con Dulcinea.

Sancho le decía a Don Quijote que nada mas llegar Dulcinea rompió la carta ya que al no saber leer no quería que nadie la leyera por ella, entonces Dulcinea insistió en que Don Quijote fuese a verla al Toboso. Don Quijote preguntaba constantemente que era exactamente lo que Dulcinea había dicho pues le interesaba la pura verdad.

Llego un momento en el que Don Quijote dudó si ir con Dulcinea primero o ir primero a cortarle la cabeza al gigante. Ante esta duda Sancho le dijo que fuese primero a donde se encontraba el gigante, ya que Sancho veía peligrar el señorío que le había prometido.

Capitulo 32

En este capitulo se nos cuenta como Don Quijote y Sancho vuelven otra vez a la venta donde ya habían tenido alguna aventura con anterioridad.

En esta venta se encuentran también el cura, el ventero, y los habituales ocupantes de la venta. Estos personajes estuvieron discutiendo durante un largo periodo de tiempo acerca de la autenticidad o no de las historias de los libros de caballería. El cura y el barbero argumentaban que los libros de caballería eran mentiras e invenciones de unos escritores que lo único que deseaban era entretener a la gente. El ventero y los ocupantes de la venta argumentaban que estos libros eran historias verdaderas que le habían sucedido a unos personajes en el tiempo y contexto que en el libro se citaban.

El cura y el barbero decían que todos los libros que había en la venta se debían quemar, además no mucho tiempo atrás habían encontrado en la venta una maleta con tres libros: Don Cirongilio de Tracia, Félixmarte de Hircania y la Historia del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba. Además de estos libros encontraron también unas hojas, de muy buena letra, en las cuales estaba escrita una novela llamada: La novela del curioso impertinente la cual leyó el cura en voz alta para que todos la escucharan.

Capitulo 33

En este capitulo se nos cuenta la convela del Curioso Impertinente tal y como se supone que se relataba en las hojas que encontraron en la venta.

En esta novela se nos habla de dos amigos, Lotario y Anselmo el cual se casó con Camila, cuya amistad era tan grande que llegaron a llamarlos los dos amigos. Entre estos dos personajes se produjo un dilema ya que Anselmo, que se encontraba casado con Camila gracias a las mediaciones de su amigo Lotario para unirlos en casamiento, quería poner a prueba a su mujer, Camila, haciendo que su amigo Lotario ofreciera a Camila regalos y joyas para que se probase así la fidelidad que tenia Camila hacia su esposo Anselmo.

Lotario en un primer momento se niega a hacer tal cosa ya que consideraba que Camila era una mujer muy pura y muy honrada como para acceder a estas ofrendas de Lotario y que lo único que se conseguiría con este plan es demostrar la honestidad de Camila y la poca confianza que tiene Anselmo hacia su mujer.

Lotario tras ver que su amigo estaba dispuesto a utilizar a otra persona para poner en practica su plan accede a ponerlo en practica él mismo. Pero lo que hace es contarle a Anselmo conversaciones ficticias en las cuales Camila no accede a las ofrendas de Lotario. Anselmo al darse cuenta de este amenaza de nuevo a Lotario con buscar a otro, pero Lotario le jura que volverá a poner en practica el plan que había ideado Anselmo con anterioridad para lo cual Anselmo deja solos a Camila y a Lotario durante 8 días para que Lotario pusiera en marcha el extraño plan.

Durante 3 días no ocurrió nada pero al cuarto día Anselmo se decidió y le dijo a Camila lo que acontece en el siguiente capitulo.

Capitulo 34

En este capitulo sé continuo la novela del Curioso Impertinente.

Tras esos días de incertidumbre Camila se da cuenta de los sentimientos de Lotario y le escribe una carta a su marido contándole lo que esta sucediendo, Anselmo viendo que el plan funciona responde a su esposa diciéndole que no se preocupara de nada que él llegaría pronto.

Cuando este llega le pregunta a su amigo Lotario que es lo que sucede y este le confirma la pureza de su mujer la cual no cesa de rechazar sus proposiciones. Camila le cuenta todo a su criada Leonela la cual utiliza esta información para llevar a la casa de Camila todas las noches a su amante, sabiendo que si Camila decía algo a Anselmo esta se lo contaría todo acerca del verdadero amor de Lotario hacia Camila.

Lotario le cuenta a Anselmo que ha visto salir a un hombre de la casa pensando que este había estado con Camila, habiendo estado en realidad con la criada, Leonela.

Entre Lotario, Camila y Leonela consiguen que Anselmo se esconda como quien no quiere la cosa en una habitación de la casa para así poner en funcionamiento un plan para que tanto Camila como Lotario pudieran quedar bien y resolver todo el entuerto que se había formado. Al acabar con este plan Anselmo sale a hablar con Lotario para manifestarle su alegría tras ver que su esposa es tan pura y sincera como creían en un primer momento y para felicitar a Lotario por lo buen amigo que era y lo bien que se había portado con él.

Capitulo 35

Antes de que hubiera acabado el cura de leer la novela apareció Sancho por la puerta diciendo que Don Quijote estaba librando una gran batalla contra el gigante enemigo de la señora princesa Micomicona. Al oír esto el cura se levanto con rapidez cuando oía un gran ruido acompañado de las voces amenazantes de Don Quijote.

Cuando entraron en la habitación de Don Quijote vieron que este se encontraba a cuchillada limpia con los cueros de vino. Lo más extraño de la situación eran las pintas que tenía Don Quijote y que además de tener los ojos cerrados, ya que se encontraba soñando y no despierto, estaba con una camisa que apenas le cubría los muslos, las piernas no excesivamente limpias y llenas de vello, y ademes en el brazo izquierdo tenia envuelta la manta de la cama.

Al ver todo revuelto y lleno de vino, el ventero se abalanzó sobre el pobre Don Quijote porpinandole gran numero de golpes a puño cerrado, tan fuerte le daba el ventero que si no llega a ser por Cardenio y por el cura Don Quijote se hubiera quedado hay de por vida. Tras un corto espacio de tiempo el barbero consiguió despertarle hechadole un cubo de agua fría en la cabeza. Después de que Don Quijote se hubo quedado dormido de nuevo continuaron leyendo la novela del Curioso impertinente.

Continuando por donde nos habíamos quedado en la lectura de esta curiosa novela Leonela se había escapado con Camila y Lotario dejando a Anselmo solo en la casa. Cuando Anselmo descubrió que le habían dejado solo decidió irse a una de las casas que tenia un amigo suyo en el campo, donde murió una vez hubo escrito un epílogo de su vida, en la cual explicaba como moría por Camila.

Una vez acabaron de leer el libro el cura la califico de poco creíble ya que no se explicaba como alguien que lo tenia todo como Anselmo pudo liar tanto las cosas para comprobar la sinceridad de su mujer, la cual al final le acabo abandonando.

Capitulo 36

Se encontraban en la puerta de la venta el ventero que divisó como se acercaban a la venta una tropa de huéspedes. Le pregunto Cardenio al ventero cuantos eran los posibles visitantes, a lo que respondió el ventero diciéndole que eran cuatro a caballo, dos a pie y una mujer vestida de blanco. Al oír esto Cardenio entro en la habitación de Don Quijote.

Cuando llegaron los caballeros a la venta se apearon de los caballos y trasladaron del sillón a una silla, que estaba próxima a la habitación de Don Quijote, a la misteriosa mujer.

Todos se preguntaban quien seria esta extraña mujer pero nadie daba respuesta a las preguntas que Dorotea hacia a los mozos. Cuando Cardenio se entero de quien era esa misteriosa mujer se dio cuenta que la conocía y comenzó una larga conversación con ella, pareciendo que se la estaba disputando con Fernando, el caballero que la había trasladado del sillón a la silla. Al poco tiempo se descubrió que la mujer se llamaba Luscinda y no Micomicona como había dicho Sancho con anterioridad.

Capitulo 37

Mientras tanto el propio Sancho se creía que la Dorotea era una princesa, que el famoso gigante era Fernando. A todo esto Don Quijote seguía durmiendo en sus aposentos. En la venta se encontraban todos muy contentos ya que al estar prácticamente llena la venta las ganancias para el ventero eran bastante considerables. Entre tanta felicidad solo Sancho era el triste pero al poco rato se despertó Don Quijote y comenzó a hablar con él.

Don Quijote le contó a Sancho la aventura, imaginaria claro esta, que había tenido este con el famoso gigante al cual había liquidado de tal forma que llego a comparar la sangre del gigante con enormes ríos de agua. Sancho al oír esto le corrigió diciéndole que más que ríos de agua eran ríos de vino tinto, haciendo alusión a los cueros de vino que había destrozado Don Quijote. Al oír esto Don Quijote le pidió una explicación a Sancho de porque decía ríos de vino tinto, a todo esto Sancho le explico lo que había sucedido y también le explicó lo que estaba sucediendo actualmente en la venta.

Don Quijote bajo al salón y comenzó a hablar con Dorotea la cual en alguna ocasión quiso cortarle, mas Fernando no se lo permitía ya que le interesaba todo lo que allí se hablaba. Una vez hubo acabado la conversación Fernando se comprometió en llevar a Don Quijote a su, casa quedando de este modo, los venteros, enormemente aliviados y alegres.

Capitulo 38

En este capitulo se ve como Don Quijote habla del soldado, de cómo es la persona más pobre que hay en el mundo ya que tiene que sobrevivir con los mínimos recursos existentes y aun así consigue sacarle el mayor partido a cualquier situación dificultosa. También les dijo que los menos premiados en la guerra y los más importantes en ella son los pobres soldados, que además suelen morir en ellas.

También comparó el trabajo de los letrados con el trabajo de los soldados ya que trabajan muchisimo mas los soldados que los letrados y en realidad es muchisimo menor la recompensa que recibe un soldado. También afirmo que es necesaria la presencia de los letrados ya que sin ellos no habría leyes y sin leyes no se podrían defender los reinos y sin las leyes no se podrían defender los caminos y sin esto no habría seguridad ni la gente podría ir tranquilas por las calles.

Una vez hubo concluido la conversación de Don Quijote el cautivo dijo que ahora iban a oír el verdadero discurso y cuando todos estaban dispuesto a oír tal conversación dijo lo que se viene a decir en el siguiente capitulo.

CAPITULOS 39,40 Y 41

HISTORIA DEL CAUTIVO

El cautivo nos cuenta como su padre dividió su hacienda en tres partes, una par él y las otras para sus tres hijos. Los cuales deberían dedicarse uno a las armas, otro a las letras y el otro al comercio.

El cautivo nos cuenta que él fue quien se dedicó alas armas y que tras unos cuantos viajes fue apresado y hecho cautivo por el rey de Argel.

El cautivo tras ser apresado en una prisión de Argel recibió por una ventana de la cárcel dinero y una carta de una mujer que le decía que quería fugarse con él y casarse con él.

Con el dinero de la muchacha el cautivo consiguió escaparse de la cárcel y junto a unos amigos fue a buscar a la chica y allí consiguieron el tesoro que contenía escudos de oro.

Tras múltiples aventuras, entre ellas el haber perdido gran parte del tesoro de camino a Mallorca, consiguieron llegara montañas leonesas para junto a su amada buscar si todavía sobrevivía alguno de sus parientes.

Capitulo 42

En este capitulo se nos narra como al acabar el capitán Viedma su relato llegó a la venta un coche en el cual estaban un Oidor y una doncella muy hermosa de dieciséis años.

El cautivo descubrió que ese Oidor era su hermano y la hermosa doncella que le acompañaba era su hija, este hermano suyo, Juan Pérez de Viedma, iba a embarcar hacia Sevilla donde había sido nombrado Oidor de Audiencia.

Mediante el cura se presentaron los dos hermanos y la hermosa hija del Oidor con Zoraida. Al acabar esto decidieron que el capitán y Zoraida se fuesen con el Oidor y su hija Sevilla y una vez allí avisarían al padre de la mora, Zoraida, para que asistiera al bautismo y a las bodas de su hija.

Todos decidieron irse a la cama menos Don Quijote que decidió quedarse haciendo guardia al castillo para que nadie se acercase ha hacer mal alguno a la gente del castillo.

Cuando faltaba poco para el alba escucharon todos a un mozo que cantaba de tal manera que su voz encantaba a todo aquel que le escuchaba, según palabras de Cardenio.

Capitulo 43

Dorotea despertó al oír el canto de este extraño muchacho, esta a su vez despertó a Clara para que escuchase también a este muchacho. Al oír Clara a este joven le reconoció como Don Luis, hijo de un caballero de Aragón, del cual se había enamorado desde el momento que lo vio. Este muchacho al enterarse de la partida de Clara, decidió seguirla y cantarle todas las noches los poemas que él mismo componía para Clara. Dorotea, al ver el temor que Clara tenía de que su padre se enterase de los deseos que tenían ambos, decidió tranquilizar a Clara prometiendo que al día siguiente se le ocurriría algo para solucionar el problema.

La hija de la ventera y Maritormes decidieron gastarle a Don Quijote una broma y desde un agujero del pajar llamaron a Don Quijote, que se encontraba velando por la seguridad de sus amigos. Don Quijote miro por el agujero que era, según él, una ventana con rejas de oro y pensando que era la hija del señor del castillo la persona que estaba al otro lado declarándole su amor a Don Quijote, este le dijo que haría todo lo que ella quisiese menos corresponderle su amor.

Maritormes le pidió a Don Quijote que le diese la mano para que así pudiese desahogar todo el deseo que sentía hacia Don Quijote. Don Quijote aceptó a darle la mano diciendo que esa mano había sido usada para combatir en grandes batallas. Mientras Don Quijote se subía a la silla de Sancho Maritormes le ataba la mano con el cerrojo de la puerta del pajar.

Capitulo 44

Al amanecer debido a un extraño movimiento de Rocinante Don Quijote quedó colgado de la mano, Maritormes al oír los grandes gritos que este daba le desato la mano. Al desatarle la mano Don Quijote se cayo delante del ventero y de los cuatro jinetes que llegaban a la venta.

Estos caballeros eran enviados del padre del muchacho, Don Luis, que había estado cantado la noche anterior en honor de Clara. Estos hombres venían en busca de este muchacho ya que su padre deseaba verle.

Poco después el Oidor, padre de Clara, le pregunto al muchacho, que se encontraba en la venta, quien era y este le dijo que era un vecino suyo que iba siguiendoles porque amaba profundamente a su hija Clara y deseaba casarse con ella. El padre al oír esto acepto siempre y cuando el padre del muchacho estuviese conforme. Acabado esto decidieron irse a Andalucía Don Luis, Don Fernando, el Oidor, Clara y uno de los criados. Mientras que el resto de los criados fuesen a ver si el padre de Don Fernando estaba conforme con esta boda.

En ese momento tuvieron Don Quijote y Sancho la mala suerte de que apareció por allí el barbero al que Don Quijote le había arrebatado el yelmo de Mambrino, el barbero al ver a Sancho arremetió contra él llamándole ladrón por haberle saqueado. Al ver Don Quijote como su escudero peleaba por defender su honor le prometio que le nombraría caballero en la primera ocasión que tuviera.

Durante el resto del capitulo estuvieron discutiendo sobre si el famoso yelmo de Mambrino era yelmo o una simple bacía como afirmaba el barbero.

Capitulo 45

Después de una gran discusión sobre de quien era la famosa vacía, el cura pagó al barbero ocho reales por la famosa vacía. Obviamente el cura pagó al barbero los ocho reales sin que Don Quijote se enterase ya que si esto sucediese se enfadaría tremendamente. En esta pelea participaron también unos caballeros de la Santa Hermandad que querían prender a Don Quijote por haber liberado a los Galeotes.

Uno de los caballeros de la Santa Hermandad, después de confirmar que era Don Quijote la persona a la que buscaban, le apreso acusándole de salteador de caminos. Al ver esto sus amigos corrieron en su ayuda y Don Quijote al verse liberado comenzó a insultar al caballero ya que le estaba apresando por cumplir los códigos de la caballería.

Capitulo 46

Después de que el cura les hubiera explicado que Don Quijote estaba totalmente loco aceptaron a no meterle en prisión. Después de que este enredo se hubo solucionado Don Quijote le dijo a la princesa Micomicona que prosiguieran con la aventura que esta le había encomendado y ella le dijo que partirían en cuanto Don Quijote quisiese.

Una vez Don Quijote se dio cuenta que podían partir en busca de sus aventuras le dijo a Sancho que ensillara a Rocinante para partir cuanto antes. Sancho le dijo a Don Quijote que recientemente había visto a la supuesta reina Micomicona con Don Fernando haciendo cosas no excesivamente dignas de una reina. Al oír esto Dorotea se enrojeció ya que era cierto que había estado con Fernando y era mas cierto todavía que ella no era la reina Micomicona.

Don Quijote al oír esto comenzó a insultar a Sancho llamándole embustero y mal criado. En ese momento Dorotea atribuyó todo lo que vio Sancho a un encantamiento lo que calmó a Don Quijote e hizo que Sancho se disculpara por su mala interpretación.

Mas tarde el cura y el barbero decidieron llevar a Don Quijote engañado hacia su casa, así que fabricaron una jaula encima de una carreta y se dispusieron a inventar una historia para que Don Quijote entrara en ella. El cura y el barbero, con ayuda de Don Fernando, Don Luis, los cuadrilleros y los camaradas de Don Fernando, se taparon la cara con mascaras y entraron en la habitación de Don Quijote y de Sancho diciéndoles, con voz fantasmal, que para cumplir la misión de la princesa Micomicona debía introducirse en la jaula para así cumplir esta misión. Don Quijote acepto y le agradeció la profecía que le acababa de hacer el supuesto fantasma. Pero a pesar de esto había quedado muy confuso por que no recordaba que a ningún caballero le hubieran trasladado en una jaula a su lugar de destino.

Además de esto el supuesto fantasma le dijo a Sancho que si seguía con su señor y seguía sus pasos la recompensa prometida se le daría al acabar la aventura.

Capitulo 47

Una vez emprendido el viaje se encontraron con seis o siete jinetes de los cuales uno, que era canónigo de Toledo, se acercó y preguntó porque llevaban a ese hombre enjaulado. Don Quijote le respondió que él era un caballero andante que debido a un encantamiento tenia que ir enjaulado. Pero Sancho dijo que su amo no estaba encantado ya que su comportamiento era totalmente normal. El cura al oír esto apartó al canónigo y le explico la locura de Don Quijote.

Después de haber oído esto el Canónigo comenzó a criticar los libros de caballería, aunque entre todas las criticas resalto algunos puntos interesantes que tenían los libros de caballería.

Capitulo 48

El Canónigo y el cura prosiguieron hablando de las novelas de caballería. En un momento dado el Canónigo llegó a decir que una vez estuvo a punto de escribir una novela de caballería pero cuando había escrito ya bastantes hojas se dio cuenta de que debía dejar de escribir esta novela ya que si proseguía con la novela quedaría encerrado en un mundo del que no podría salir.

Durante el resto del capitulo el Canónigo y el cura siguieron criticando este tipo de novelas que lo único que dicen son disparates sin sentido.

Mientras tanto Sancho le intentaba explicar a Don Quijote que no estaba encantado sino que estaba embaucado por el cura y el barbero que querían que volviese a casa. Cuando Sancho se lo estaba explicando Don Quijote le dijo que investigara que era cierto que todo aquello no le olía demasiado bien.

Capitulo 49

Este capitulo comienza con Sancho y Don Quijote discutiendo sobre si era cierto o no el encantamiento de Don Quijote. Al final de la conversación Don Quijote le dice a Sancho que si que tenia que estar encantado ya que si no lo estuviese no se dejaría llevar hasta dentro de esa jaula.

Cuando pararon para descansar Sancho le dijo al cura que dejara salir a Don Quijote para que así pudiese dar una vuelta y hacer sus necesidades. Mientras Don Quijote se encontraba fuera de la jaula el Canónigo intento convencer a Don Quijote de que los libros de caballería no son mas que cuentos sin sentido pero este le respondió con tantisimos argumentos que el Canónigo se dio cuenta que era imposible sacarle de su locura.

Capitulo 50

Don Quijote y el Canónigo proseguían su conversación sobre los libros de caballería donde Don Quijote comenzó a contar el largo discurso del caballero del Lago en la cual se describe el paisaje en donde se producen. Después de contar esto acaba diciendo que desde que es caballero andante es una grandisima persona y un gran hombre.

Cuando acabó esto Don Quijote y Sancho volvieron a hablar de la recompensa que le tenia que dar Don Quijote a Sancho cuando acabara la aventura. Ante esto Sancho manifestó un gran temor ya que no sabría lo que hacer si llegara a gobernar mal y en caso de hacerlo no sabría como debería gobernar bien sobre su territorio.

Mientras iban caminando el grupo encontró un pastor que salía de la maleza detrás de una cabra a la cual le estaba reprochado que al ser hembra no se podía estar tranquila. Entonces entablaron una conversación entre el cura y el pastor en la cual el cura llegó a decir que los montes crían letrados y las cabañas filósofos. Entonces el pastor para corroborar esto comenzó a contarles una historia.

Capitulo 51

El pastor comenzó a contar la historia de Eugenio y Leandra.

El pastor contaba que cuando era mas joven se había enamorado de una mujer llamada Leandra pero como él y otro chico mas le habían pedido su mano el padre dejó la elección en manos de la propia Leandra, la cual se lo estaba pensando mucho debido a su juventud. Por aquellos días apareció en el pueblo un soldado que iba contando muchas historias de guerras y batallas. Leandra al escuchar estas historias cogió joyas de su casa y se fugó con el soldado. A los pocos días encontraron a Leandra sin dinero y abandonada ya que el soldado le había robado las joyas que esta poseía, el padre para darle un escarmiento a su hija decidió meterla en un convento.

Una vez acabo la historia explicó que por eso le decía a la cabra que debía ser mujer ya que su comportamiento era alocado igual que lo fue el de Leandra.

Capitulo 52

Don Quijote le dijo al cabrero que si no fuera por que no podían comenzar una nueva aventura iría a buscar a Leandra y se la traería junto a él, intentando no incumplir ninguna norma de caballería. El cabrero pregunto que quien era aquel hombre que hablaba de esa manera. Cuando se enteró de quien era Don Quijote opino que debía estar loco ya que su forma de hablar no era norma. Cuando Don Quijote escuchó esto comenzó a insultar al cabrero diciéndole que era él quien estaba loco, y de este modo se enzarzaron en una pequeña pelea de la cual salió Don Quijote perdiendo.

Al poco tiempo vio Don Quijote a un grupo de personas en procesión que llevaban a una imagen, cubierta con un paño, a una ermita cercana para pedir por la sequía. Don Quijote al ver esto arremetió contra ellos. Don Quijote partió con su espada uno de los palos que llevaba un hombre pero este hombre golpeó a Don Quijote tirándolo al suelo.

Cuando Sancho vio a Don Quijote tirado en el suelo pensó que estaba muerto y comenzó a lamentarse por la muerte de su amo. Cuando Don Quijote volvió en sí le dijo a Sancho que debían volver a casa y esperar un tiempo para salir de nuevo. Después de esto continuaron el viaje Don Quijote, Sancho, el cura y el Barbero.

Cuando Don Quijote volvió a casa le estaban esperando el Ama y la Sobrina las cuales se ocuparon de que Don Quijote descansara en paz y tranquilidad. Sancho manifestó su gran alegría por las aventuras que tuvieron y manifestó su intención de volver con Don Quijote.

TOMO 2

Capitulo 1

El Cura y el Barbero estuvieron bastante tiempo sin ir a visitar a Don Quijote aunque se enteraban sus progresos por medio de su Ama y de la Sobrina las cuales afirmaban que estaba recobrando el juicio.

Unos días después el Cura y el Barbero fueron a visitar a Don Quijote el cual les recibió efusivamente, Estos estuvieron hablando de muy diversas cosas pensando que Don Quijote estaba cuerdo. El Cura como prueba de oro decidió contarle a Don Quijote que el rey estaba recibiendo una invasión. De este modo Don Quijote contesto diciendo que tendría que recurrir a los caballeros andantes que gustosamente le ayudarían. De este modo comprendieron que Don Quijote seguía loco.

El barbero contó una historia de un loco que residía en Sevilla. Don Quijote en respuesta a esta historia comenzó a hablar de la edad de los caballeros dando a entender al Cura y al Barbero que tenia en mente una nueva salida. El Cura comienza a provocar a Don Quijote diciéndole que los caballeros andantes no existen y Don Quijote en respuesta comienza a dar opiniones muy documentadas entre las cuales decía que los caballeros son tan reales que se podría llegar a afirmar que él ha vista a Amadís, a Reinaldos y a Roldán.

Capitulo 2

El Cura y el Barbero decidieron irse a la vez que escuchaban como el Ama y la Sobrina de Don Quijote están acusando a Sancho, que quería ir a visitar a su amo, de haber engañando a Don Quijote.

Al oír esto Don Quijote manda a Sancho entrar para poder hablar con él. Don Quijote le pregunta a Sancho cual es la opinión del pueblo sobre sus hazañas. Sancho le responde diciendo que en el pueblo todo el mundo dice que Don Quijote estaba loco y que Sancho era un mentecato y que también se decía que Don Quijote se había puesto el “Don” y que se había hecho caballero sin derecho a ello. Don Quijote dijo que esos rumores eran todos causa de la envidia.

Sancho le contó también que Bartolomé Carrasco, que acababa de hacerse Bachiller en Salamanca, le contó que había visto impresa la historia de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Don Quijote al oír esto mandó a Sancho en busca del Bachiller.

Capitulo 3

Cuando se fue Sancho quedo Don Quijote pensando como era posible que alguien hubiese escrito sus aventuras si no había transcurrido mucho tiempo desde que comenzó sus aventuras. También le preocupaba el que el escritor del libro se hubiese inventado algo acerca de su amada Dulcinea.

Cuando Sansón Carrasco llegó a donde estaba Don Quijote se arrodillo ante él como si de un gran caballero se tratara, y comenzó a alabar las aventuras que había leído en ese libro.

El capitulo termina contando como el Bachiller y Don Quijote ponen en común detalles de la primera parte, como por ejemplo lo que hizo Sancho con los cien escudos de oro que encontraron en Sierra Morena y los errores del autor, como la inclusión de la novela del Curioso Impertinente y el extraño hurto del jumento de Sancho. Finalmente el Bachiller le manifiesta lo famosas que son sus aventuras ya que las leen todas las personas por todo el mundo.

Capitulo 4

Sancho comenzó a explicar que fue lo que sucedió con los cien escudos y también explicó el famoso robo del jumento.

En ese momento escucharon relinchar a Rocinante lo que consideraron como un indicio de buena suerte. Mas tarde decidieron realizar una nueva salida en unos tres o cuatro días.

Mas tarde después que Don Quijote le hubo pedido al Bachiller que compusiese unos versos para despedirse de Dulcinea acordaron el marcharse en unos ocho días, con la condición de que el Bachiller n le dijese nada al Cura, al Barbero, a su Sobrina, ni al Ama.

Capitulo 5

En este capitulo Sancho mantiene una intensa conversación con su mujer, Teresa, acerca de que Don Quijote y él van a volver a las aventuras y que Don Quijote le había renovado las promesas de darle una ínsula al terminar sus aventuras.

Durante el resto del capitulo Sancho y su mujer discuten acerca de sí cuando Sancho sea monarca de la ínsula su hija deberá casarse con un igual o con un gran monarca vecino. Como conclusión Sancho obedece a su mujer, la cual se había puesto a llorar, y le dice que nombraría a su hija condesa lo mas tarde posible.

Acabada la conversación Sancho se fue con Don Quijote para ultimar los detalles de su partida.

Capitulo 6

La Sobrina y el Ama de Don Quijote al temerse que Don Quijote volviera a las andadas comenzaron a decirle que seria mejor que fuese a servir al rey y que dejara de ser un caballero andante. Don Quijote al oír esto comenzó a comparar a los caballeros andantes con los caballeros cortesanos. Mientras tanto su sobrina le intentaba convencer de que los caballeros andantes no son mas que tonterías, también le decía la sobrina a Don Quijote que otro motivo por el cual Don Quijote no podía ser caballero era por que era pobre y solo los hidalgos y los ricos podían ser caballeros.

Don Quijote le comenzó a explicar que él había nacido bajo la influencia de Marte por lo que debía dedicarse a las armas y añadió que no se molestasen mas en intentar impedírselo ya que era el cielo quien ordenaba que él fuese caballero.

Al poco tiempo apareció Sancho y Don Quijote le recibió con grandes abrazos y se encerró con él en sus aposentes.

Capitulo 7

En cuanto el Ama de Don Quijote vio entrar a Sancho se fue a buscar al Bachiller para que impidiese la salida de Don Quijote y Sancho. Cuando el Bachiller escucho lo que le dijo el Ama le dijo que se tranquilizara y que se fuese a casa que más tarde iría él.

Cuando Sancho estuvo solo con Don Quijote le pidió, por consejo de su mujer, que le exigiera un salario ya que no se podía mantener de las mercedes. Don Quijote le dijo que era tradición que los escuderos se mantuviesen de las mercedes de su señor y que él no estaba dispuesto a romper ninguna tradición caballeresca. Don Quijote le dijo a Sancho que si no quería continuar siendo su escudero que ya encontraría otro escudero.

Al poco tiempo apareció el Bachiller junto con el Ama y la Sobrina de Don Quijote. El bachiller se acercó a Don Quijote y le animo a proseguir con su aventura ofreciéndose incluso para ser su escudero. Sancho al oír esto comenzó a llorar y le dijo que él seguiría siendo su escudero y que solo le había pedido el sueldo para complacer a su mujer. Después de esto Sancho y Don Quijote se abrazaron y acordaron que la salida fuese a los tres días. Después de esto el Ama y la Sobrina se quedaron asombradas y desesperadas al ver que el Bachiller estaba del lado de Don Quijote y no des suyo.

Sancho consiguió calmar a su mujer y Don Quijote a su Sobrina y al Ama. A los tres días partieron hacia el Toboso, pero esta vez Sancho llevaba una bolsa de dinero que le había dado Don Quijote para cubrir los gastos que se le presentaran.

Capitulo 8

Don Quijote antes de comenzar sus aventuras decide ir a ver a Dulcinea al Toboso para recibir su permiso y su bendición para emprender sus aventuras. Sancho le advierte que la ultima vez que vio a Dulcinea estaba recogiendo trigo pero Don Quijote atribuyó este comportamiento a los encantamientos.

Sancho comienza a hacer conjeturas acerca de sí el escritor del libro le habrá tratado bien a pesar de sus defectos. Mientras tanto Don Quijote comienza a manifestar su deseo de alcanzar la fama y acaba explicando como los caballeros andantes son capaces de dominar los pecados capitales.

Sancho le dice a Don Quijote que si lo que quiere es alcanzar la fama seria mejor dedicarse a la vida santa ya que ese hace más famoso un buen fraile que un gran caballero andante.

Al anochecer llegaron al Toboso y Don Quijote decidió entrar una vez fuese de noche por lo que estuvieron descasando un rato junto a unas encinas. Sancho estaba preocupado ya que nunca había visto a Dulcinea y tenia miendo de que su amo le mandase a buscarla.

Capitulo 9

Don Quijote y Sancho entraron a media noche al Toboso para buscar el palacio de Dulcinea, que no daban encontrado ya que no existía. Tras un tiempo buscando llegaron a la conclusión de que ninguno de los dos conocía a Dulcinea ya que Don Quijote se había enamorado de ella por la buena fama que tenia y Sancho la había visto también por los comentarios que de ella le habían hecho.

Después de un buen rato buscando Sancho decide convencer a Don Quijote para que este se quede esperando en un encinar hasta que Sancho encuentre a dulcinea y le diga que su amado caballero le esta esperando en un encinar cercano.

Capitulo 10

Antes de marchar Sancho en la busca de Dulcinea le había ordenado Don Quijote que se fijara en las reacciones físicas que mostrara Dulcinea al enterarse de que estaba allí su caballero.

Antes de que Sancho comenzara su búsqueda se sentó, donde su amo no pudiese verle, para reflexionar acerca de la locura de su amo que aunque Sancho le llevase a otra persona que no fuese Dulcinea, Don quijote juraría que su amada esta encantada. Al atardecer Sancho vio pasar cerca de él a tres labradoras y fue corriendo junto a su amo para decirle que Dulcinea se acercaba con dos de sus sirvientas y de este modo se invento sus ropas para que su amo se pensase que su amada se acercaba.

Cuando se estaban acercando las tres labradoras se puso en marcha el plan de Sancho ya que él pensaba que cuando su amo viese a las tres labradoras, e hiciese caso a Sancho que decía que era Dulcinea con sus sirvientas, pensaría que estaban encantadas.

Las labradoras al oír las alabanzas, que Don Quijote hacia de ellas, salieron corriendo escapando de Don Quijote y de Sancho. Después de ver como las tres labradoras Sancho y Don Quijote comenzaron a increpar contra los encantadores que privaron a Don Quijote de ver la belleza de su amada, Dulcinea. Finalmente Don Quijote y Sancho prosiguieron su camino hacia Zaragoza donde se celebraban todos los años unas fiestas muy importantes.

Capitulo 11

Cuando Don Quijote y Sancho iban de camino a Zaragoza, conversando tranquilamente, se les apareció una carreta con personajes aterradores como la muerte acompañada de maléficos personajes aterradores. Ante el aparente miedo de Don Quijote y Sancho estos personajes confesaron pertenecer a una compañía de teatro que acababa de representar “Las Cortes de la Muerte” en un pueblo cercano y todavía no les había dado tiempo a cambiarse de ropa.

Cuando Don Quijote se encontraba ya más tranquilo y dispuesto a marcharse apareció otro extraño personaje con un palo en la mano con el cual golpeo el suelo haciendo que Rocinante saliese corriendo tirando a Don Quijote al suelo, cuando Sancho estaba dispuesto a ayudarle este extraño personaje se monto encima de Rucio golpeándolo y haciéndole salir corriendo. Cuando Rucio consiguió tirar a su agresor al suelo volvió con Sancho.

Cuando Don Quijote se levanto estaba dispuesto a pelearse con los actores pero sacho le quito la idea de la cabeza diciendo que ellos no eran caballeros con lo que Don Quijote no se podía pelear con ellos. Sancho le dijo esto a Don Quijote porque había visto como los actores se estaban armando con piedras. Pero Don Quijote en su afán de venganza le dice a Sancho que es su deber vengarse, pero Sancho rehusa el ofrecimiento ya que dice que no es un ser vengativo.

Finalmente Don Quijote le dice a Sancho que partirán en busca de nuevas aventuras.

Capitulo 12

Después de la pequeña aventura del capitulo anterior Sancho y Don Quijote se dispusieron a pasar la noche bajo unos arboles no muy alejados del lugar.

Durante la noche Don Quijote comenzó a comparar la comedia con la vida. Sancho le dijo que era una sabia comparación pero que ya estaba demasiado vista. Después de decir esto Sancho comenzó a confesarle a Don Quijote lo mucho que estaba prosperando cerca de él ya que antes no tenía ningún tipo de conocimiento y ahora ya conoce bastante más acerca de la caballería, sus leyes y otros temas de cultura de aquella época.

Al llegar a un prado Don Quijote aprovechó para descansar tumbado en bajo una encina, mientras Sancho dormía también al pie de un alcornoque.

Algo mas tarde Don Quijote se despertó al oír como un hombre, que sé hacia llamar “El Caballero del Bosque” que al igual que Don Quijote era caballero andante, bajaba de su caballo y comenzaba a explicar como su amada, Casildea de Vandalia, no le correspondía para nada todo el amor que él le ofrecía. Al darse cuenta el caballero de que Don Quijote estaba cerca de él se presentó y comenzaron a hablar de sus amores. Los dos escuderos dejaron a sus respectivos caballeros hablando solos mientras ellos se iban a hablar de cosas de escuderos algo mas lejos de allí.

Capitulo 13

En este capitulo se nos narran las conversaciones que mantienen Sancho y el escudero del Caballero del Bosque.

Ambos comienzan hablando de las recompensas que sus respectivos caballeros les habían ofrecido. El del Caballero del Bosque dice que su amo le había ofrecido un canonicato, de lo que Sancho deduce que El Caballero del Bosque era un caballero a lo eclesiástico.

Después comienzan a hablar de las respectivas familias de cada escudero, Sancho dice que tiene dos hijos y alaba especialmente a su hija a la cual convertirá en Condesa en cuanto Don Quijote le dé su recompensa. En ese momento tras un comentario no apropiado del colega de Sancho, Sancho le dice que sus formas de hablar no son apropiadas de gente que acompaña a caballeros andantes.

Mas tarde comienzan a hablar de las enamoradas de sus amos y de las cualidades de sus amos. El del Caballero del Bosque dice que su amo es muy valiente pero algo bellaco. Sancho dice que Don Quijote no tiene absolutamente nada de bellaco ya que, en realidad, es incapaz de hacerle daño a nadie.

Finalmente ambos escuderos comienzan a comer y a beber unos exquisitos manjares que llevaba el escudero del Caballero del Bosque. Después de haber comido y bebido ambos escuderos se quedaron dormidos.

Capitulo 14

Mientras tanto El Caballero del Bosque y Don Quijote dialogaban acerca de sus aventuras y de sus amadas.

El Caballero del Bosque afirmó que entre sus aventuras había vencido a muchisimos caballeros incluyendo entre ellos al gran Don Quijote de la Mancha. Don Quijote al oír esto se hizo el tonto para que más tarde confesara su propia mentira. Al ver que este no lo confesaba y se emperraba en su mentira Don Quijote le reto a un duelo en el cual el caballero que saliese vencido obedecería al vencedor.

Ambos caballeros fueron a avisar a sus escuderos para que prepararan todo para la batalla. Momentos antes de la batalla Sancho se subió a un árbol ya que tenia miedo del Caballero del Bosque debido a todo lo que le había contado el escudero de este caballero.

Finalmente, debido a que el caballo del Caballero del Bosque se quedó parado justo delante de rocinante durante la pelea, Don Quijote derribó al Caballero del Bosque y salió victorioso del Duelo.

Después de caer al suelo el Caballero del Bosque Sancho y Don Quijote se dieron cuenta de que era el Bachiller Sansón Carrasco. A su vez Sancho se dio cuenta de que el escudero del Caballero del Bosque era su vecino Tomé Celial y entonces le pidió a Don Quijote que no matara a Sansón Carrasco. Al reanimarse Sansón Carrasco Don Quijote le obligo a ir al Toboso a encomendarse a la dama de Don Quijote y a admitir que no había vencido a Don Quijote sino a alguien que se parecía mucho a él. Después de esto Don Quijote y Sancho prosiguieron su camino hacia Zaragoza.

Capitulo 15

Obviamente el bachiller había acordado con el Cura y el Barbero el animar a Don Quijote a realizar su tercera salida y que de este modo cuando Sansón se hiciese pasar por el Caballero del Bosque y venciera a Don Quijote le obligaría a volver a la ciudad para cumplir el acuerdo como vencido que había salido del duelo.

Sansón Carrasco manifiesta notablemente u deseo de salir y apalear a Don Quijote como venganza mientras que Tomé Celial, su supuesto escudero, decide irse a su casa y dejar de actuar como un simple loco.

Capitulo 16

Iba Don Quijote muy contento después de su reciente victoria cuando encontró a un hombre, que iba sobre una yegua tordilla. Don Quijote al verle le propuso que hiciesen el camino juntos. El hombre al oír las aventuras que Don Quijote contaba se dio cuenta que no debía de estar muy bien de la sesera.

El hombre dijo que se llamaba Don Diego de Miranda y que era un hombre rico que pasaba el tiempo entreteniéndose con buenas obras. Cuando Don Quijote le preguntó por la familia este dijo que no estaba muy contento ya que su hijo que acababa de regresar de estudiar leyes en la universidad de Salamanca no quería seguir estudiando leyes porque se encontraba absorto en la poesía. Don Quijote al oír esto le dijo que un padre nunca debía frustrar los deseos de un hijo y que la poesía no tenia nada de malo. Entonces Don Quijote comenzó a alabar la poesía de tal manera que el hombre se dio cuenta del buen juicio de Don Quijote.

Al poco rato vieron como por el camino se acercaba un carro con muchas banderas reales, Don Quijote cuando lo vio se dio cuenta que estaba ante una nueva aventura.

Capitulo 17

Al ver Don Quijote ese extraño carruaje llamó a Sancho el cual había puesto unos quesos, que acababa de comprar a unos pastores, en la celada de Don Quijote, cuando este se la puso y el queso se comenzó a derretir a Don Quijote se le comenzó a llenar la cara de queso derretido y pensó que se le estaban derritiendo los sesos o que estaba sudando de una manera impresionante, cuando se quito la celada y se dio cuenta le echó la culpa a los encantadores.

Don Quijote le preguntó al hombre que conducía el carro que cual era la mercancía que llevaba, este le dijo que eran dos leones que llevaba al rey como regalo del general Orán. Además de esto les pidió que se apartaran que los leones estaban muy hambrientos. Don Quijote le ordeno al hombre del carro que abriese la jaula que se iba a enfrentar a los leones porque no le tenia ningún miedo. El hombre del carro accedió pero le pidió tiempo para que él y sus compañeros se apartaran. Cuando el leonero le abrió las puertas de la jaula al león este se dio la vuelta y al no ver nada interesante se volvió a acostar en la jaula pasando completamente de Don Quijote.

Don Quijote le pidió al leonero que sacase a los leones pero tras la negativa le dijo al hombre del carro que contase en todas partes la hazaña de Don Quijote que a partir de esa hazaña pensaba llamarse el Caballero de los Leones.

En ese momento Don Diego estaba pensando como era posible que Don Quijote estuviese loco en actos y comportamiento mientras que cuando habla parece la persona mas cuerda del mundo. En ese momento Don Quijote comenzó a hablar de las diferencias entre caballeros y el ejercito de la andante caballería.

Capitulo 18

Al medio día Don Quijote, Sancho y Don Diego llegaron a la casa de este ultimo donde se hospedaron durante unos días. Don Diego le dijo a su hijo, Lorenzo, que juzgara el mismo la locura de Don Quijote. Don Quijote comenzó a hablara con Don Lorenzo, habló de los caballeros de tal manera que dejó con la boca abierta a todo aquel que le escuchó. Don Lorenzo llegó a la conclusión de que Don Quijote estaba loco pero tenia muchos momentos de total cordura en sus comentarios.

Al poco tiempo comenzó Don Quijote a hablar con Don Lorenzo de la poesía y le pidió a Don Lorenzo que le leyese algunas de sus poesías, tras leérselas Don Quijote opino que era un gran poeta.

Al cabo de unos días Don Quijote decidió marcharse ya que dijo que un caballero no podía pasar mucho tiempo sin aventuras.

Al irse Sancho se sentía muy triste ya que en casa de Don Diego vivía en la abundancia todos los días.

Capitulo 19

Cuando proseguían su camino encontraron a dos estudiantes los cuales tras un tiempo hablando invitaron a Don Quijote a que asistiera a las bodas de Camacho con una labradora a la que llamaban Quiteria la Hermosa. Los estudiantes le dijeron que iban a ser unas bodas muy abundantes y que todos esperaban la reacción de Basilio un joven que estaba enamorado de Quiteria y que además ella le correspondía el amor solo que el padre de ella no les permitía casarse debido a los pocos bienes materiales de Basilio.

Por el camino ambos estudiantes comenzaron una pelea acerca del arte o la fuerza en los combates con espada, esgrima. Tras un largo enfrentamiento se dio a demostrar que predominaba el arte sobre la fuerza.

Cuando llegaron al lugar donde se iban a celebrar las bodas, oyeron numerosos instrumentos con lo que Don Quijote se negó a entrar y pasaron la noche al aire libre como era costumbre en los caballeros, decisión que no se tomo excesivamente bien Sancho.

Capitulo 20

Al amanecer viendo Don Quijote como su escudero dormía comenzó a hablar acerca del sueño de su criado.

Mas tarde Sancho se despertó al oler los manjares que se estaban preparando para la boda de Camacho. Sancho al ver estos platos se acercó a un cocinero y le pidió cortésmente si le podía dar un poco, el cocinero le dijo que comiera todo lo que quisiera que tenia su total permiso para comer.

Mientras Sancho comía Don Quijote se entretenía con las danzas y bailes que como la noche anterior animaban el lugar.

Hasta que comenzaron las bodas Don Quijote y Sancho siguieron dialogando sobre la muerte.

Capitulo 21

Una vez llegaron los novios Don Quijote afirmo que nunca había visto una mujer tan guapa como Quiteria, sin contar claro esta a Dulcinea.

Al poco rato apareció Basilio diciendo que si Quiteria no se podía casar con él debido a que le había dado su palabra a Camacho que se mataría y sacando de un bastón una espada se la clavó. Cuando el Cura se acercó a él para darle las bendiciones este dijo que no quería bendiciones sino que quería que Quiteria se casase con el in articulo mortis. El Cura, Quiteria y Camacho aceptaron pero en cuanto estaban casados Basilio se levanto diciendo que o estaba herido sino que era un truco. Cuando los personajes presentes se dieron cuenta quisieron anular la boda pero Quiteria dijo que no, que la boda era valida.

Después de esto Quiteria, Basilio, sus amigos, Sancho y Don Quijote se retiraron hacia la aldea como si nada hubiera pasado.

Capitulo 22

Don Quijote fue fuertemente elogiado debido a que defendió contundentemente a los nuevos esposos en los momentos críticos de la boda de estos. Don Quijote se quedó durante tres días en la casa de Basilio.

En el tiempo que estuvo en la casa de Basilio le recomendó que se enriqueciera mediante negocios limpios. Además de esto estuvo hablando con él acerca de la pobreza, la honradez y la belleza de las mujeres.

Cuando Don Quijote estaba dispuesto a irse le pidió a uno de los estudiantes que le acompañaron hacia las bodas que le consiguiera un guía para ir a la cueva de Montesinos. Finalmente le acompaño un primo del estudiante que además leía libros de caballería.

El estudiante dio a entender que era un humanista que se preocupaba por saber cosa inútiles y que estaba preparando tres libros los cuales produjeron algunas bromas por parte de Sancho. Pasaron la noche en una aldea donde Don Quijote compró cien brazas de cuerda para por descolgarse a la cueva de Montesinos.

A las dos de la tarde llegaron a la cueva de Montesinos, el estudiante y Sancho ataron fuertemente a Don Quijote para que no se soltara y comenzaron a bajarle. Cuando Don Quijote descendió a la entrada de la cueva entró, tras haber cortado las malezas que se encontraban en la entrada. Cuando el estudiante y Sancho se quedaron sin cuerda esperaron un rato y comenzaron a subir a Don Quijote. Hasta las ochenta brazas de cuerda no comenzaron a notar peso en la cuerda y cuando a las diez brazas vieron a Don Quijote se tranquilizaron solo que Don Quijote se encontraba dormido. Tras despertarse comenzó a contar unas historias, que según él le habían sucedido, que Sancho nunca llegó a creérselas.

Capitulo 23

En este capitulo Don Quijote relata su encuentro con Montesinos.

Don Quijote contó que en la cueva había visto al primo y amigo de Montesinos, Durandarte, el cual yacía en carne y hueso en un sepulcro de mármol debido a un encantamiento del mago Merlín. Dijo que también estaban allí encantados Belerma, dama de Durandarte; su escudero, Guadiana convertido en río y otros muchos amigos y parientes de Durandarte convertidos en lagunas.

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marzo 12, 2010

DON QUIJOTE DE LA MANCHA RESUMEN

Si usted no leyó don quijote este resumen es lo que lo sacara de su

Desconocimiento , muy buen resumen en cuatro publicaciones en este sitio.

Resumen :

Don Quijote de la Mancha

http://www.bbc.co.uk/spanish/specials/images/1053_historialengua/316027_quijote1.jpg

CAPITULO 1

En este capitulo se nos presenta a Alonso Quijana como un hombre no excesivamente rico, incluso se podría decir que era mas bien pobre.

También no describe la edad de este peculiar personaje “50 años” y de su peculiar ama de llaves que pasaba de los 40.

Este buen hombre tenía era de complexión recia, madrugador y gran aficionado a la caza.

Este peculiar personaje era gran amante de las novelas de caballería y tenía como escritor favorito a Feliciano de Silva. Tal fue la obsesión por estos libros de caballería que decidió convertirse en caballero. Para llevar a cabo esta extraña aventura tubo que coger y limpiar las armas de sus bisabuelos, las cuales tubo que preparar para su uso.

Para poder convertirse en un buen caballero necesitaba las siguientes cosas:

  • Un nombre para él mismo: pues todo caballero que se precie tenia un nombre apropiado para tal faena. Decidió ponerse como nombre Don Quijote de la Mancha, idea que sacó de Amadís de Gaula.
  • Un nombre para su caballo: Al cual puso como nombre Rocinante, ya que el pobre caballo no se encontraba en su mejor momento.
  • Una mujer a la cual dedicarle todos sus triunfos y glorias, ya que en aquellos tiempos un caballero no podía comportarse como tal si no tenía una mujer a la que dedicarle sus triunfos.

CAPITULO 2

En este capitulo se nos narra como Don Quijote a medida emprende su primera salida antes del amanecer.

Por el camino se iba haciendo preguntas sobre él mismo y sobre su futuro como caballero y llego a la conclusión de que en realidad no era un caballero pues no llevaba armas blancas como cualquier los caballeros de sus novelas, pero después de mucho pensar pudo mas su locura que su cordura pues siguió pensando que era un perfecto caballero. A medida que cabalgaba iba imaginándose que sería un caballero famoso y que aparecería en los libros de caballería por sus grandes hazañas.

Comenzó a anochecer y Don Quijote se introdujo en una venta para pasar la noche. Allí encontró a dos mujeres a las cuales comenzó a elogiar y alabar, las dos mujeres comenzaron a reírse de su forma de hablar y de que no se daban por aludidas de tales piropos. Don Quijote comenzaba a enojarse, pero en ese momento apareció el ventero que le ofreció comida, un lugar para dejar el caballo y un buen lugar para dormir.

CAPITULO 3

En este capitulo Don Quijote se arma caballero. Para que este nombramiento fuese valido Don Quijote le pidió al ventero que le nombrara caballero, dándole sus razones de porque este nombramiento.

El ventero acepto a este extraño nombramiento pensando que Don Quijote estaba loco y que él a su vez ganaría un buen dinero. Para que este nombramiento fuese valido las armas del caballero deberían poner las armas a velar en la capilla, pero como allí no había capilla, ya que supuestamente se estaba construyendo, pusieron a velar las armas en el patio y de esta manera Don Quijote permanecería vigilándolas durante todo el día para que no se las robaran. Don Quijote se tubo que enfrentar con dos hombres que pretendían robárselas hasta que apareció el ventero y puso paz. Al final Don Quijote fue nombrado caballero a la vieja usanza, dando dos toques con la espada en los hombros del caballero. Una vez acabado el nombramiento las dos mujeres se quedaron sorprendidas y le dijeron a Don Quijote que le servirían de por vida, entonces Don Quijote pregunto sus nombres y dijo que desde entonces se llamarían por Doñas. Al final todo quedo en nada y Don Quijote se marcho al amanecer.

CAPITULO 4

En este capitulo Don Quijote se va de la venta y vuelve al pueblo a recoger dinero y a buscarse un escudero.

Por el camino oye unas voces y se dirige hacia ellas. Una vez allí ve como un señor está azotando a un niño, en ese momento Don Quijote ordena al señor que pare a menos que se quiera enfrentar con él, entonces el señor se detiene. Entonces Don Quijote le pregunta al señor que porque estaba pegando al pobre niño, el señor responde que el niño le había perdido una ovejas y el niño alega que él lleva 9 meses sin pagarle. Don Quijote hace jurar al señor que pagaría al niño y que le dejaría libre. Posteriormente Don Quijote se va y prosigue su camino. Al irse Don Quijote el señor vuelve a azotar al niño y este le dice que va a buscar a Don Quijote.

Don Quijote prosigue su camino y se encuentra a dos mercaderes a los cuales les cuenta la belleza de su amada dulcinea. Estos mercaderes, para satisfacerse, le asienten diciendo que si pero que será manca y tuerta. Don Quijote enojado les ataca pero con la mala suerte de que su caballo tropieza y no se consigue levantar con el enorme peso de las armas. Los mercaderes le atacan y le rompen la lanza. Mas tarde ambos mercaderes se van y abandonan a Don Quijote.

CAPITULO 5

Don Quijote desgraciado empezó a recordar uno de los libros que había leído y empezó a recitarlo en alto. Por suerte para Don Quijote paso por allí que le reconoció como Quijana y le ayudo a levantarse cargando las armas de Don Quijote sobre su caballo Rocinante. El hombre le preguntaba a Don Quijote constantemente como estaba pero Don Quijote le respondía constantemente con versos de los tantisimos libros que había leído. Por el camino Don Quijote iba desvariando constantemente y citando libros que había leído.

A una hora en la que nadie pudiera ver al hombre entrar en la casa de Don Quijote con el propio Don Quijote mal herido entraron ambos en el pueblo. Allí se encontraban su mujer, la sobrina, el cura, y el barbero.

Cuando habían curado a Don Quijote este explico que le habían herido 10 gigante. Cuando Don Quijote se fue a la cama el hombre explico todo lo que Don Quijote había estado diciendo durante el viaje.

CAPITULO 6

El cura y el barbero le pidieron al ama de Don Quijote las llaves de la biblioteca de Don Quijote para quemar todos los libros de Don Quijote.

Así el cura y el barbero decidieron quemar todos los libros de Don Quijote y en especial los de caballería, y entonces cogieron todos los libros de Don Quijote y en especial los libros de caballería, para llevar a cabo su plan decidieron quemarlos en el corral para que nadie se pudiese ofender o molestar. El cura y el barbero decidieron quemar casi todos los libros a excepción de alguno como pudo ser el Amadís de Gaula.

Cuando ya habían quemado todos los libros grandes se dispusieron a quemar todos los libros de pequeño tamaño que trataban de pastores y de amoríos. Quemaron todos los libros a excepción de uno o dos que conservaron para leerlos ellos posteriormente.

CAPITULO 7

Don Quijote se despertó dando voces, ya que estaba desvariando y se creía que estaba luchando con muchos enemigos. Acto seguido comenzó a hablar de libros de caballería, el cura y el ama de llaves de Don Quijote le dieron de comer y le volvieron a acostar para que se relajara y descansara.

El cura, el barbero y la ama de Don Quijote decidieron poner un muro en la biblioteca de Don Quijote para que este no pudiera acceder a la biblioteca y así no se diese cuenta de que todos sus libros habían desaparecido. En el caso de que Don Quijote se acordase de su biblioteca y preguntara por sus libros, sus amigos le dirían que había sido un mago que la hizo desaparecer mientras Don Quijote dormía. Y así fue, cuando Don Quijote se despertó y preguntó por su habitación llena de libros de caballería sus amigos le dijeron que había sido un mago que la había hecho desaparecer.

Don Quijote pasó 15 días tranquilos ya que se había propuesto buscar un escudero y conseguir dinero. Para obtener este dinero fue necesario que empeñara ciertas pertenencias suyas. Durante este tiempo encontró a un pobre hombre llamado Sancho Panza al cual le ofreció varias islas si se iba con él de aventuras.

Después de haber hecho este peculiar trato ambos aventureros se marcharon al anochecer. Durante el viaje Don Quijote y Sancho estuvieron hablando sobre la isla que le había prometido Don Quijote a Sancho.

CAPITULO 8

Por el camino Don Quijote y Sancho se encuentran con unos molinos de viento y Don Quijote creyéndose que son gigantes se dispone a atacarlos con su lanza. Sancho le dice que no son mas que molinos, pero Don Quijote se empeña en atacarlos ya que él piensa que son gigantes malvados, como consecuencia Don Quijote tropieza con su lanza y se cae al suele acabando así el problema de los molinos, o gigantes como seguía afirmando Don Quijote. Por el camino Don Quijote recuerda que una vez leyó como un caballero repuso su lanza con un tronco y así lo hizo Don Quijote.

Al día siguiente cuando se disponían a ir a Puerto Lápice en busca de aventuras vieron a dos monjes, vestidos con sus hábitos negros y a una mujer que iba detrás de ellos, se supone que iban todos en la misma dirección. Don Quijote se penso que estos hombres tenían secuestrada a la señora que iba detrás de ellos, y decidió atacar a los pobres monjes. Sancho le aviso que no eran mas que dos frailes pero Don Quijote no le hizo caso y ataco a los frailes. Los dos frailes salieron corriendo con la mala fortuna de que uno de ellos se calló al suelo, Sancho amablemente intento ayudar al fraile que se había caído pero dos mozos arremeten contra él y le dejan inconsciente. Don Quijote a su vez fue a presentarle sus respetos a la señora, pero el escudero de ella arremetió contra Don Quijote dejándole herido de un hombro.

CAPITULO 9

En este capítulo Cervantes nos cuenta como continuo la historia entre la lucha de Don Quijote y el vizcaino, ya que tenía pensado acabar el libro aquí.

Así pues estaban peleando ambos caballeros con las espadas levantadas y con rostros impasibles, el vizcaino ataca hierendole en una oreja y rompiéndole la armadura a la altura del hombro. Don Quijote enfurecido ataca tirándole del caballo e hiriendole la cara al vizcaino. Don Quijote se baja del caballo para rematarle a menos que fuera a dar sus honores a su amada Dulcinea del Toboso. El vizcaino acepta y Don Quijote le deja marchar para que valle a presentar sus respetos a la amada del buen Don Quijote.

CAPITULO 10

En este capitulo tras la batalla con el vizcaino Don Quijote y Sancho deciden reanudar su camino. Sancho pensando que Don Quijote había ganado algo después de esa batalla le pregunta por la isla que le había prometido y Don Quijote dijo que el pobre vizcaino no era un hombre del que se pudiera obtener dinero.

Por el camino Sancho decide curarle la oreja a Don Quijote, y este habla de un bálsamo que te recupera instantáneamente.

Mientras tanto estaban pensando donde podían dormir esa noche, ya que en una iglesia no podían dormir ya que habían agredido a unos monjes. Por el camino decidieron cenar y Sancho sacó cebolla, pan y queso. Al no encontrar un lugar donde dormir, decidieron dormir cerca de una chochas de pastores al aire libre

http://www.monografias.com/trabajos12/lresquij/lresquij.shtml

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