Los violines Stradivarius
Mejores violines del Mundo
La fascinación e interés mundial por los violines Stradivarius se deben a su sonido único, alcanzado con la precisión y la finura del maestro Antonio Stradivarius. Son piezas únicas y cada instrumento posee sus caracteristicas propias. De los 1.200 instrumentos que fabricó aproximadamente “Stradivari“, se estima sólo quedan la mitad, unos 600.
Un Stradivarius auténtico se distingue por sus finísimos acabados, madera de extrema belleza tornasolada y la etiqueta citando el año y el lugar donde fueron construidos. Firmaba así:
Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat anno 17…
Un Stradivarius genuino cuesta más de dos millones de dólares y los que fueron utilizados por los grandes solistas como Yehudi Menuhin tienen un valor incalculable.
Cada Stradivarius es una pieza única y tiene su nombre propio. Los nombres de los Stradivarius suelen hacer referencia a las personalidades que los han utilizado. Por ejemplo, el Museo The Smithsonian’s National Museum of American History tiene el chelo “Servais” hecho por Stradivari en 1701. Su nombre proviene del músico belga del S. XIX Adrien Francois Servais (1807-1866) que usó este instrumento.

STRADIVARIUS. El violín, que en el pasado no gozó de una gran reputación, surgió en el Norte de Italia hacia 1550 y se utilizaba para acompañar danzas o para doblar a las voces en la música polifónica. No fue hasta el siglo XVII y comienzos del XVIII cuando el arte de la construcción del violín alcanzó sus cotas más altas en los talleres familiares de los italianos Stradivarius, Amati y Guarneri, y del austriaco Stainer. Comparado con los modelos modernos, el violín antiguo poseía un mango más grueso, menos inclinado hacia atrás, un diapasón más corto, un puente más bajo y cuerdas hechas solo de tripa. Esas características constructivas fueron modificadas en los siglos XVIII y XIX para producir un sonido más fuerte y brillante, aunque diversos violinistas del siglo XX han restaurado y empleado instrumentos del siglo XVIII por considerarlos más adecuados para interpretar la música antigua.
En cualquier caso, fue Antonio Stradivarius (1644-1737), nacido en Cremona, quien llevó su oficio de constructor de instrumentos, en especial de violines, a su máxima perfección, siendo sus mejores obras los ejemplares construidos entre 1700 y 1725. La creencia popular piensa que existía un secreto cuya transmisión familiar se quebró a comienzos del siglo XIX.
Podemos considerar que cada violín, desde el más preciado Stradivarius al más plebeyo producto industrial, posee una “voz” propia. Una persona cultivada musicalmente es capaz de distinguir entre Plácido Domingo y Pavarotti cuando cantan la misma pieza operística. Algo semejante es aplicable a los diferentes violines. En los últimos 150 años numerosos científicos, entre ellos físicos tan famosos como Helmholtz, Savart, o el Nobel hindú Chandrasekhara Raman han intentado conocer las bases científicas de esas diferencias en las cualidades y características de los sonidos.
FACTORES. Un problema inicial es que, todavía, el mejorr instrumento científico de detección de un sonido es el oído, y que el cerebro sigue siendo también un analizador más sofisticado de los sonidos complejos que cualquier instrumento científico. Esta situación necesariamente introduce unos claros problemas de objetividad y cuantificación.
Una de las personas que mejor ha resumido los aspectos científicos relacionados con la calidad de los violines es Colin Gough, investigador de la School of Physics and Astronomy de la Universidad de Birmingham, en Gran Bretaña. En abril del año 2000 escribió al respecto un artículo muy documentado titulado “Science and Stradivarius”, que fue merecedor de recibir el Premio anual de artículos científicos del año 2000, para profesionales en acústica, instituido por la Acoustic Society of America.
Partiendo de las particularidades de la Física de la excitación de la cuerda de un violín, extensivamente estudiadas por Michael McIntyre y Jim Woodhouse de la Universidad de Cambridge, en el artículo mencionado, el Dr. Gough analiza la forma en que un violín funciona, las características físicas de los sonidos, sus frecuencias, las resonancias o armónicos, la relación con los más mínimos detalles de los variados componentes de la geometría del instrumento, la tensión de las cuerdas, la producción de las así llamadas ondas de Helmholtz, como se extiende el sonido, etcétera.
Otra parte del artículo se dedica a las características de los materiales utilizados, especialmente la madera, su tratamiento en remojo, su envejecimiento, su humedecimiento interno, el ajuste de cada componente y, la discusión sobre el papel que juega el barniz sobre la calidad del instrumento.
Para el Dr. Gough las investigaciones realizadas por microscopía electrónica y fotografía ultravioleta descartan la existencia de un secreto en la composición del barniz, por lo que opina que la Ciencia no ha encontrado todavía una propiedad medible que sirva para diferenciar los violines de Cremona de los hechos por expertos artesanos actuales.
EL BARNIZ. No opina así el Dr. Joseph Nagyvary, un químico húngaro, que se formó con los Premios Nobel Paul Karrer (Suiza) y Alexander Todd (Gran Bretaña) antes de su traslado a Estados Unidos, donde, desde 1968 es catedrático de Bioquímica y Biofísica en la Universidad de Texas. Su interés por los violines comenzó en su juventud, en Zurich, cuando sus primeras prácticas las realizó en un violín que había pertenecido a Albert Einstein.
Sus ideas las ha expuesto, desde los 60, en diversas publicaciones y en 120 conferencias auspiciadas por la American Chemical Society. La observación inicial fue la de los terribles efectos de las termitas sobre muebles e instrumentos musicales en el Norte de Italia mientras que los Stradivarius no solían sufrir estos daños. Ello le llevó a la búsqueda de las posibles sustancias insecticidas usadas en el pasado con efectos acústicos, lo que le condujo a: 1) el bórax, insecticida, polimerizante y endurecedor de la madera lo que produce que el sonido sea más brillante; 2) fungicidas como la resina gomosa de los árboles frutales; 3) polvo de vidrio triturado, usado como antitermita.
El “secreto”, para Nagyvary, radica en unos violines perfectamente construidos, usando maderas con un tratamiento previo prolongado remojante que facilita la apertura de sus poros y, de forma fundamental, en el tratamiento final de la madera con una mezcla equilibrada y adecuada de las tres sustancias anteriormente citadas.
Nagyvary, está reproduciendo estos procedimientos para fabricar violines que comercializa y, como prueba de su acierto aduce que en diversas audiciones realizadas por especialistas y virtuosos, éstos no han logrado distinguir entre un violín Stradivarius y un violín Nagyvary. Una de las últimas pruebas ha sido la grabación de un CD comercial en el que la excelente violinista Zina Schiff usa uno u otro tipo de violín para interpretar, entre otras, piezas de Bach y Stravinsky. Cuando 20 especialistas escucharon el CD e intentaron distinguir el instrumento usado en cada caso, el porcentaje de fallos y aciertos fue similar, el 50%, es decir, el correspondiente al mero azar. Si el amable lector desea hacer de experto musical puede encontrar muestras de las grabaciones correspondientes en
España tiene la única colección de instrumentos Stradivarius completa. Carlos II encargó un ensamble completo al famoso constructor de violines a finales del S. XVII; están ahora en la colección del Palacio Real de Madrid. Consta de dos violines, una viola contralto y un violonchelo de firma Stradivarius.
Los dos violines fueron robados por el ejército francés durante la guerra de la Independencia, vendidos después y rescatados por Patrimonio Nacional a finales del siglo XIX. La colección palatina de Stradivarius, fueron restaurados en Francia al inicio de la década de los 90.
Otros están en la Royal Academy of Music de Londres, en Museos, Fundaciones y Colecciones de Arte de entidades financieras, además de colecciones privadas. La orquesta que posee mayor número de estos preciados instrumentos es la Filarmónica de Nueva Jersey (EEUU), cuya sonoridad -dicen- es impresionante.
Han habido muchas falsificaciones de estos instrumentos; otros se han perdido. En 2004 se dió el caso de uno encontrado en la calle por una enfermera en Los Ángeles. Era un chelo y ella se lo llevó a su novio ebanista que lo recicló en un mueble para almacenar CD’s.
Posteriormente leyó en los periódicos que un músico de la Filármonica de Los Ángeles había perdido su Stradivarius tasado en ¡tres millones de dólares!
Era de la institución Peter Stumpf. Lo recuperaron y restauraron y fué devuelto a su dueño, un músico despistado que sin duda pasó un infierno por su instrumento desaparecido.
El website del FBI del Art Crime Team incluye entre las piezas de arte más buscadas el Davidoff-Morini Stradivarius, tasado en tres millones de dólares, que fué hurtado del apartamento de Erica Morini en Nueva York en 2005. Este violín fué construído por Antonio Stradivari en 1727.
Otro, robado en 1996 y no encontrado hasta ahora es el Stradivarius Oistrakh de 1671, que se da por destruido. ¿O tal vez esté en la colección privada de un millonario?
En 2006, El violín, conocido como “The Hammer“, en referencia a sus propietarios originales, fue adquirido vía telefónica en una subasta de instrumentos musicales organizada por la firma Christie’s. El nombre del Hammer deriva de su primer dueño, el coleccionista sueco Christian Hammer, un joyero de la corte de la familia real de Suecia del siglo XIX.
Fuentes
http://servicios.laverdad.es/cienciaysalud/3_3_9.html
http://www.entretodas.net/2008/01/06/el-sonido-de-los-stradivarius-un-misterio-resuelto-gracias-a-la-tecnologia-actual/
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